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EPITAFIOS: LA POESÍA DE LOS MUERTOS


Epitafio: Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento.
(DRAE)


La costumbre de adornar con inscripciones las tumbas y monumentos fúnebres tiene su origen, como tantas cosas, en el Antiguo Egipto, que fue una cultura necrófila por excelencia. A orillas del Nilo, el culto a los muertos alcanzó un nivel no pensado de sofisticación.
¡Que no sea rechazado de vuestra puerta, dioses!
¡Que no la encuentre cerrada con cerrojo!…
¡Ojalá pueda contemplar a Tum, mi Padre,
establecido en sus dominios del Cielo y de la Tierra!
La inscripción funeraria, que en Egipto era fundamentalmente invocatoria y siempre instrumental, entre los griegos se convierte en género literario. Los epitafios son escritos, en su mayoría, en versos, composiciones poéticas breves, llenas de intimismo y sentimentalidad. De su lectura aprendemos acerca del carácter del difunto. De su oficio, sus años y hasta su forma de morir. Sobre todas estas circunstancias se impone el deseo de permanecer en la memoria de los hombres. El Hades no ofrece ninguna garantía. Caronte, el barquero, no es una figura que inspire mucha confianza, teniendo en cuenta que entre sus atribuciones está el rechazar a los difuntos sin óbolo.... El más allá es un antro gris y apático. Poco sabemos de él y lo poco que sabemos dista de ser alentador. Mejor ser conocido entre los vivos que en medio de aquellas sombras insomnes.
Que Hades te conceda agua fresca,
porque
perdiste la dulce flor de la juventud.
El epitafio como género literario está determinado por su brevedad. No es prudente, ni posible, extenderse demasiado sobre la superficie de una tumba. No se trata de una elegía. El lírico de la epitafía se debe a la concisión y parquedad. Es el más difícil de los géneros. Resumir la vida de un hombre, así se trate de uno mismo, en cuatro o seis hexámetros, requiere de sobrados talentos.
Al transformarse en género literario, el estremecimiento se mudó en ingenio y la imaginación desplazó a la experiencia. Los epitafios se fueron haciendo cada vez más literarios. El cristianismo acercará las tumbas a los templos, algo impensable en la antigüedad grecolatina. De los asuntos en el más allá se encarga el Creador, inaccesible y huraño:
Quietos yacen los huesos entre las piedras
mientras el alma vuela a voluntad de Dios.

El siglo XX, a pesar de su tanatofilia, no fue especialmente pródigo en epitafios memorables. No se no encuentra nada escrito sobre las tumbas de escritores y artistas como Rimbaud, Apollinaire, Marcel Proust, Gertrude Stein...

Una muestra de epitafios de escritores conocidos:


Rosa, oh! pura contradicción, alegría de no ser
el sueño de nadie bajo tantos párpados.
(Rilke)






Con una fría mirada
a la vida, a la muerte.
¡Jinete, pasa!
(Yeats)


Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.
(William Shakespeare)




Aqui yace Luis Camoens
principe de los poetas de su tiempo.
Vivió pobre y miserablemente,
y así murió. (Luis de Camoens)



And ne forhtedon na
("Y jamás con temor")
Borges






Si quieres saber algo más sobre NECROLÓGICAS Y EPITAFIOS...

(Fuente: La suerte del alma en su viaje al más allá. Epitafios: la poesía de los muertos
(Alejandro Oliveros)

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