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ENRIQUE ANDERSON IMBERT

 EL SUICIDA


Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.
Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.
¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revólver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.
Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.
Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su laxitud como el agua después que le pescan el pez.
Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.
Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.
 
 
Enrique Anderson Imbert (Argentina, 1910-2000)
 

TOMÁS GONZÁLEZ; PRIMERO ESTABA EL MAR


Los días siguieron pasando desapacibles y lentos. De vez en cuando brillaba el sol sobre el mar y los árboles, y a J. se le calentaba un poco el corazón. Después empezaban otra vez los truenos, los profundos rugidos que volvían a traer la lluvia. Buscando compañía, J. había intentado continuar con el libro y apuntó en e´l varios hechos, minuciosamente escuetos como siempre: que el nuevo mayordomo se debía conservar mientras apareciera alguien mejor (Gilberto se había ido a trabajar con don Carlos y estaba contento); que ya estaba hasta la coronilla del invierno; que los aserraderos estaban funcionando mejor que nunca, pero no tanto como para pagarle a Ramiro lo que se le debía; que había venido Ramiro a cobrar los intereses de la deuda, demasiado acumulados, y que J. se lo sacó de encima como pudo; que don Eduardo "muy cansón con su Dios, pero alguien en quien en definitiva se podía confiar", le había traído cocos y piñas, y que un aserrador lo había aporreado malamente un árbol y se lo habían tenido que llevar para Turbo.


Tomás González, Medellín 1950.

Primero estaba el mar, Punto de Lectura

EL CUADERNO NECESITA SUSCRIPTORES


Muchos de vosotros ya conocéis El Cuaderno revista cultural que hemos venido disfrutando en los últimos años de forma gratuita. A continuación os dejamos la carta que los coordinadores de  la revista han hecho llegar a sus lectores planteando la situación actual de la publicación. Así mismo adjuntamos el boletín de suscripción por si a alguien le pudiera interesar.
 
 
Queridos amigos y amigas de El Cuaderno:

Dos años y medio y 56 números después, ha llegado el momento de plantearse definitivamente el futuro de la revista, pero esta vez con solo dos alternativas por delante: el cierre o la suscripción anual de sus lectores. De todos modos, nos gustaría decir algo antes. Si quieres ir al grano, puedes saltar desde el final de este párrafo hasta donde pone “Y ahí vamos”. Aunque preferiríamos que no.

Un poco de autobiografía

Como probablemente sabrás, El Cuaderno ha seguido un camino azaroso: empezamos como suplemento semanal (8 páginas) del diario La Voz de Asturias. Tras el cierre del mismo, y sin su soporte económico, decidimos proseguir como publicación independiente y gratuita tanto en digital como en papel, adaptando formato y periodicidad hasta llegar a la actual revista mensual de 32 páginas integrada como suplemento mensual de cultura del diario digital www.asturias24.es.

Durante estos dos años y medio, Ediciones Trea ha aportado el impulso y la mayor parte del capital que han sustentado un proyecto que no hubiera sido posible sin los muchísimos colaboradores con que ha contado El Cuaderno. No sólo han satisfecho con creces los objetivos de calidad conceptual y literaria, rigor, flexibilidad y atractivo que buscamos desde el primer número, sino que lo han hecho —desde los miembros del consejo editorial hasta el último firmante— con una generosidad abrumadora, sin cobrar ni un céntimo desde que, cerrado el diario La Voz de Asturias, les planteamos que su sola contraprestación sería la mera satisfacción de participar en el proyecto o de escribir y ver publicados sus textos con el mayor decoro y respeto de los que hemos sido capaces.

Contamos durante un tiempo con colaboración pública en concepto de publicidad de sus programaciones culturales institucionales, que decidimos resolver, no mediante la mecánica inserción de anuncios o publirreportajes, sino elaborando contenidos exclusivos y de calidad que rentabilizasen en términos de efectiva promoción de la cultura el dinero público que para ello llegó a nuestro proyecto. Estamos particularmente satisfechos del modo en que se plasmó esa colaboración que, lamentablemente, no se ha mantenido este año.

En los últimos meses, por tanto, hemos capeado la edición de El Cuaderno con recursos propios y minúsculas aportaciones publicitarias, pero en la pésima y larga coyuntura económica que soporta nuestro país, la editorial no puede permitirse ya seguir acumulando unas pérdidas que serían irresponsables desde el punto de vista empresarial e irrazonables desde el punto de vista del simple sentido común. Al fin y al cabo, estamos hablando de una revista cultural, nada menos. Pero nada más.

Por ello, hace un par de números nos vimos obligados a renunciar a esa gratuidad que mantuvimos mientras fue posible. El precio —3€ por ejemplar; 30€ para una suscripción de 12 números— ni siquiera estaba pensado para cubrir gastos; solo para hacer las pérdidas tolerables.

 

 

Ahí vamos

Desde el primer número, se nos ha hecho saber de mil maneras que El Cuaderno gusta a sus lectores. A algunos, incluso mucho. Ese sido un acicate de primer orden para nosotros, una aportación en energía intangible, pero efectiva, al proyecto. Por desgracia, ya no es suficiente con eso. Hace falta energía algo más cuantificable, contante y sonante.

Calculamos que nos bastaría con cubrir una campaña de suscripciones con unos 500 compromisos (30€ anuales como suscripción a 12 números; 60 € para suscripciones fuera de España) para seguir adelante. El problema es que tendría que ser ya.  Si a fecha del 31 de mayo no hemos reunido ese mínimo de suscripciones, El Cuaderno no podrá seguir adelante y su número 56 habrá sido nuestra despedida. No nos queda más remedio que dejar la pelota en el tejado del lector. No se trata de reclamar un esfuerzo que no tenemos derecho a pedir, sino de solicitar un compromiso activo para seguir haciendo juntos algo que merece la pena (si es que el 31 de mayo constatamos que merece la pena). Si finalmente no se cubre dicha expectativa, no se efectuará el cobro de las suscripciones tramitadas. Solamente se efectuará una vez confirmada la cifra que nos permita seguir adelante.

Si en esa fecha El Cuaderno sigue siendo posible, nosotros seguiremos exactamente igual que hasta ahora con todo el proceso de edición, difusión digital y distribución en papel. Tú, como lector, pondrías 30€ al año, es decir, 2,50€ al mes. La ganancia es El Cuaderno mismo, lo único que nos repartimos todos.

 

Juan Carlos Gea y Jaime Priede

Coordinadores de El Cuaderno.

 

 

 

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Deseo suscribirme a EL CUADERNO/EDICIONES TREA, S. L. por 12 números a partir del número ____ inclusive, por el precio de 30 €, gastos de envío incluidos (60 € si es fuera de España). Esta suscripción me da derecho a recibir por correo postal la edición impresa de la publicación, y por correo electrónico el PDF.

 

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MURIEL SPARK; EL ASIENTO DEL CONDUCTOR

Algunos de los adjetivos más recurrentes a la hora de invocar el universo narrativo de Muriel Spark sin: enigmático, estrafalario, estrambótico y otros que se mueven en la misma órbita semántica. En sus novelas nos encontramos con elementos ciertamente insólitos: narradores de ultratumba, miembros de la Cámara de los Lores incapaces de perpetrar un parricidio a derechas, abuelas contrabandistas que ocultan un alijo de diamantes en la miga de una baguete, platillos volantes que se muestran interesados por la suerte de los personajes. Decía Jhon Updike que leer una novela de Muriel Spark era lo más parecido que había a adentrarse en una casa encantada en la que hay puertas falsas que conducen a pasadizos secretos y paredes que ceden al oprimir botones ocultos. Estamos en un mundo en el que nada es lo que parece.
Eduardo Lago


Mañana por la mañana la encontrarán muerta de múltiples heridas de arma blanca, las muñecas atadas con un pañuelo de seda y los tobillos sujetos con una corbata de hombre, en los terrenos de una villa deshabitada, en un parque de la ciudad extranjera adonde la conduce el vuelo en el que embarca ahora mismo por la puerta 14.
Cruza la pista en dirección al avión con su paso largo, pisando los talones del compañero de viaje al que, según parece, al fin ha decidido pegarse. Se trata de un joven de unos treinta años, fuerte y de cutis sonrosado, que viste traje oscuro de hombre de negocios y lleva un maletín negro. Lise lo sigue con determinación, atenta a bloquear el paso a cualquier otro viajero que en su carrera sin rumbo pudiera interponerse entre ellos.

EL ASIENTO DEL CONDUCTOR,  Muriel Sapark, Contraseña editorial. Traducción de Pepa Linares. Prólogo de Eduardo Lago.

ROBERTO BOLAÑO POR ROBERTO BOLAÑO

Diccionario Bolaño

 

Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas. |



Roberto Bolaño
AUTOBIOGRAFÍA: “Las únicas autobiografías interesantes son las de los grandes policías o la de los grandes asesinos, porque de alguna manera rompen ese molde deprimente y real de que el destino de los seres humanos es respirar y un día dejar de hacerlo”.

“BOOM”: “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores que releo a menudo como Cortázar o Bioy. La herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez?, pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. A mí García Márquez cada día me resulta más semejante a Santos Chocano o a Lugones”.

CRÍTICAS: “Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”

ELVIS: “Elvis forever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro”.

ESPAÑA: “Vine a España en el año 77. En realidad iba a Suecia, donde más o menos tenía arreglado un trabajo, pero mi madre vivía en España desde hacía dos años y estaba muy enferma cuando yo llegué. Entonces, me quedé a esperar que se pusiera bien. Barcelona, en el año 77, era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible. Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas constantemente, que probablemente era artificial, pero, artificial o verdadero, era tremendamente seductor. Para mí fue un descubrimiento, y me enamoré de la ciudad. En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía”.

EXILIO: “Nunca me he sentido exiliado. Extranjero me he sentido en todas partes, empezando por Chile. Como fui un niño pedante, ya desde niño me sentía extranjero”.

FÚTBOL: “Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

GARCÍA MÁRQUEZ: “Un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos”.

LEMA: “Mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego”.

LIBROS: “El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos de Pascal”.

OFICIOS: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”.

PARAÍSO: “Es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa”.

POLÍTICA: “Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames.”.

RECONOCIMIENTO: “No me importa nada. El narrador más importante de este siglo que se acaba (¡por fin!) se llamó Franz Kafka y no lo reconocieron ni en su casa, así que figúrate si me va a preocupar a mí una gilipollez de ese calibre”.

REMORDIMIENTO: “Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir”.

SEXO: “La gente, al hablar de sexo, se vuelve idiota. Tal vez siempre lo ha sido, pero el sexo la vuelve aun más idiota y se limita a balbucear ideas preconcebidas cuyo fondo en nada difiere del antiguo Dios, Rey y Patria, que, como todo el mundo sospecha (pero se lo calla), significa Miedo, Amo y Jaula”.

TRIUNFO: “No creo en el triunfo. Nadie con dos dedos de frente puede creer en eso. Creo en el tiempo. Eso es algo tangible, aunque no se sabe si real o no, pero el triunfo, no. En el campo de los triunfadores uno puede encontrar a los seres más miserables de la tierra y hasta allí yo no he llegado ni me veo con estómago para llegar”.


30/12/2004 El Cultural

DAVID LAGMANOVICH

EL FRÍO (microrrelato)
 
 
Los estúpidos se mueren de frío. Literalmente. La nieve está sembrada de cadáveres. Mis oficiales no son mucho mejores. Noto en ellos el mismo miedo, la seguridad de la derrota. Si los enemigos fueran superhombres, lo entendería. Pero los míos no temen a los hombres: le temen al frío. He comenzado a pensar en una retirada. Me equivoqué con ellos, y sólo ahora veo la razón: son incapaces de soportar variadas penurias, como en cambio lo aprendí yo en mi desolada niñez en Córcega.
 
 
David Lagmanovich, Menos de cien (Editorial Martín, 2007)

VICTOR BOTAS; SEGUNDA MANO



W.B. YEATS
(1865-1939)

En nuestros días el destino del hombre se nos plantea en términos políticos. Thomas Mann


TERTULIA
¿Cómo atender, estando
ella ahí, a estas cosas
de la política de España
o de Rusia o de Roma?
Y eso que aquí hay alguno
muy impuesto en el tema:
gente que viajó mucho y un político
tallado ya, que acierta,
seguramente, en todo lo que dice
sobre el riesgo de la guerra.         
                                          Yo, entre tanto,
pienso en si fuera joven
y pudiese tenerla entre mis brazos.

Víctor Botas (1945-1994) "Segunda Mano" Aeda, colección de Poesía.

Sobre Segunda mano decía Víctor Botas: "Esto no es una fiel antología de textos más o menos venerables. Esto es un libro vivo y sobre todo, un libro mío: sólo habla de mí. Con él no pretendo sino recuperar ciertos poemas que, por razones bastante misteriosas, siempre me produjeron la sensación de haberme sido pisados por sus autores. Por lo tanto, es, también un libro vengativo: ahora los doy una segunda mano a estos poemas que, en algunos casos, ya eran de segunda mano (porque yo- que me perdonen los muchos sabios de mi generación - no consigo entender nada de chino, descifro el griego peor que malamente y en el latín me muevo con torpeza de pato entre amapolas; los reescribo a mi modo y se los birlo así a los Horacio, a los Li-Po, a los Donne...,y santas pascuas. La fidelidad, en ocasiones, lejos de ser una virtud, no es más que una impotencia.
                                                    
                                                                    T

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