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ANTONIO MUÑOZ MOLINA I


Antonio Muñoz Molina ha sido galardonado con el premio Jerusalén de Literatura. Se trata de un galardón que se entrega cada dos años y que recientemente han recibido autores como Ian McEwan, Haruki Murakami o J.M. Coetzee. El otro español galardonado con el Jerusalén fue Jorge Semprún en 1997. El jurado ha seleccionado a Muñoz Molina “porque es un autor excelente, pero también porque su obra expresa la libertad del individuo”, explica Joel Makov, director del festival literario. El jurado ha considerado que los libros de Muñoz Molina reflejan además “los grandes cambios que han tenido lugar en España durante su transición de la dictadura a la democracia y han expuesto la traumática memoria colectiva”. Los jueces destacaron también al dar a conocer su elección “la simpatía que Molina expresa por los exiliados y los que sufren. Aquellas víctimas de las revoluciones históricas”. “Es uno de los autores más importantes de nuestro tiempo”, añadieron.
A continuación aparece un fragmento de un artículo aparecido en el periódico  El País, en el que el autor tiene una columna semanal,  de fecha del 5/4/2008 sobre el fotohistoriador Publio López Mondéjar, al que pertenece la fotografía que se muestra.
Dice López Mondéjar que la división entre arte y artesanía le pone enfermo. Sabe de lo que habla. La causa en la que él lleva militando tantos años es el rescate de la memoria fotográfica española, que es casi lo mismo que decir la memoria, a secas: nada como una fotografía para preservar las cosas tal como verdaderamente fueron, las caras que cambian tan rápido y se pierden sin rastro y se olvidan con tanta facilidad, la palpitación cotidiana de las ciudades, las ropas y las expresiones de la gente, la instantaneidad de los sucesos, lo mismo los memorables y los triviales: los que parecieron memorables y con el paso de los años se volvieron triviales o ridículos; los que escondían en su apariencia de trivialidad el secreto de un tiempo. López Mondéjar tiene una idea novelesca de la fotografía, de su capacidad cervantina y galdosiana de contener indiscriminadamente la experiencia de los seres humanos. Cervantes y Galdós, y James Joyce, y Dickens: pero también Proust, que dispara la atención siempre algo febril de sus grandes ojos negros para capturar el instante único que seguirá siendo presente cuando se haya convertido en pasado lejano, el rasgo preciso y distintivo que retrata entero un carácter o revela un deseo oculto. Cervantes, Galdós, Joyce, Dickens, Proust, quisieron abarcar en sus libros el mundo que ellos conocían. López Mondéjar se ha remontado mucho más allá de los límites de su propia experiencia y de su memoria personal. Contagiado por sus búsquedas incesantes, por sus colecciones rescatadas de fotos de muertos de hace más de un siglo, Publio López Mondéjar tendrá espejismos de recuerdos que lo devuelvan al Madrid sitiado de la Guerra Civil o a los desérticos caminos españoles por los que transitaban como exploradores los primeros fotógrafos, llevando sus pesados equipos a lomos de mulos

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