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GREOGORIO CASAMAYOR & A.G. PORTA

Otra vida en la maleta, Gregorio Casamayor & A.G. Porta, Editorial Acantilado

Ocho años después de haber ingresado en prisión, África Bonal decide contar a unos supuestos periodistas la que ella considera la verdadera historia de su madre, Natalia Bonal, escritora más conocida por el sobrenombre de Virginia Solano, de cuya vida nada se sabe con anterioridad a la publicación de sus grandes éxitos literarios. La novela es la historia de una mentira inocente que, para ser encubierta, acarrea otras mentiras, medias verdades, pequeñas inexactitudes y toda una amplia gama de falsedades. La vida de África Bonal comienza, así, con una invención inocente que oculta los sueños y las frustraciones de su madre, pero que sin embargo termina por causar un mal irreparable.


PRÓLOGO DE LOS EDITORES

Durante el mes de julio de 2000 y por encargo de la escritora Virginia Solano, en ese momento en la cúspide de su carrera profesional, visitamos asiduamente a su hija en la cárcel de mujeres de Wad-Ras, sita en la ciudad de Barcelona. La tarea que nos fue encomendada y en la que participamos-justo será decirlo aquí y ahora-de común acuerdo y prestando nuestra plena colaboración, consistió en recopilar información de una etapa de la vida de la escritora que hasta la fecha había permanecido en la esfera de lo privado. Su hija, África Bonal, tenía veinticuatro años de edad cuando la entrevistamos y se hallaba en el centro de los acontecimientos que se relatan en este libro, sucesos en los que la relación madre-hija tuvo un papel muy relevante. Por aquellos días la muchacha había contraído una grave enfermedad de la que moriría pocos meses más tarde, por lo que al creerse en el último tramo de su existencia se había propuesto revelar lo que según sus propias palabras había sido «un momento oscuro sistemáticamente silenciado» de la vida de su madre. Aunque desconocemos cómo pudo llegar tal propósito a oídos de la escritora, sí fuimos testigos de primera mano de cómo se planificó la operación, ya que éramos sus editores y se nos eligió para negociar una entrevista en exclusiva con África Bonal, cuya aparente finalidad-o cuando menos ésa fue nuestra sospecha inicial-era proteger a la escritora de las declaraciones de su propia hija. Resultado de ese proceso son las grabaciones de los diálogos que mantuvimos tanto con la muchacha como con algunos personajes que habían formado parte de su entorno, del entorno de madre e hija. Interrumpido el trabajo por la muerte de África Bonal, la escritora no permitió que se hicieran copias del material reunido y nosotros aceptamos mantener la confidencialidad que tan delicada información requería.

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