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LEYENDO LONDRES EN 46 HORAS

Leyendo Londres en 46 horas


1 - Acerca de los que leen en el metro

(En un fugaz tour, el escritor chileno Alberto Fuguet decidió no recorrer la capital inglesa, sino internarse en sus mejores librerías, de Charing Cross a Portobello)

 

LONDRES.- Tengo exactamente 46 horas para estar en Londres.

Primera vez que estoy acá y debo/quiero conocer la ex capital del imperio donde el sol nunca se ponía.

Miro a mi alrededor y todo me gusta. Los buses son, en efecto, rojos y de dos pisos.

Estoy en la estación terminal de King´s Cross. Me subí a un tren en Cambridge y, poco a poco, éste se fue llenando de hinchas del Arsenal que se bajaron un par de estaciones antes. Para no ser distinto, para no ir en contra de los consejos de los demás, decido ir a mi hotel cerca de Covent Garden en the tube . Me preocupa ser el único con una maleta y se me ocurre que quizá podría molestar al resto de los pasajeros.

Error.

Este domingo casi todos andan con maletas y el idioma ruso choca con el español de España más el inglés americano y el italiano. Los turistas en el metro andan con maletas o guías de Londres, pequeñas o grandes. Hay muchos turistas en Londres con maletas o guías, o con las dos. El resto de la gente que anda en metro, sean de la raza o la pinta que sean, son ingleses. Para saber quién es londinense no es necesario escucharlos hablar. Es cosa de fijarse: si leen son londinenses.

Hay muchos londinenses en esta línea azul llamada Picadilly.

Andar en the tube no sólo sirve para enterarse de todo tipo de noticias, desde las tabloidescas de Fleet Street hasta las que creen pertinentes The Financial Times o The Guardian , sino que uno ve, en vivo, de cerca, la lista de los finalistas del Booker Award.

Aquí se lee de verdad y se lee todo tipo de libros.

En Londres no todo es Crepúsculo .

Llego a mi hotel. La ciudad brilla con sol y la gente está sobreexcitada con el clima. De hecho hay una maratón: demasiada gente flaca en shorts invadiéndolo todo.

Me quedan 45 horas.

Abro un mapa. Dónde ir, qué hacer, cómo conocer Londres en 44 horas y 30 minutos. Me tomo un té y decido optar por lo sano. No conoceré Londres. Lo que haré será leer.

Las horas que me quedan me dedicaré a recorrer, conocer, hojear, mirar y oler librerías. Si hay una ciudad ideal para hacerlo, me dicen, es ésta.

Veamos.

2 - Acerca de la calle de los libros

Hace años vi una película más bien clásica, lo que en esa época se llamaba cine de calidad, con Anne Bancroft y Anthony Hopkins: Nunca te vi, siempre te amé. Era la historia del lazo epistolar entre una escritora neoyorquina y un librero londinense desde inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 70, es decir, pre Amazon. La película está basada en el libro autobiográfico de Helen Hanff que, saciando su adicción por primeras ediciones o títulos usados, termina enamorándose de un librero al que nunca conoció. La cinta en inglés se llama 84 Charing Cross Road, que es la dirección de Marks & Co., librería de segunda mano que abastecía a Hanff.

Decido ir, primero, a 84 Charing Cross Road.

La dirección no existe y la librería, tampoco. Al lado de un restaurante tipo fusión con estética fashion hay una placa redonda de bronce que dice que aquí estaba el número 84 y la librería Marks &Co., inmortalizada en la película del mismo nombre.

Ya me cae bien esta ciudad.

Charing Cross Road está en pleno barrio turístico, cruza el West End de los teatros y pasa por el SoHo y Chinatown. Parte en Trafalgar donde está The National Portrait Gallery, tiene un par de teatros de primera (uno da Madame de Sade , con dame Judi Dench) y a medida que se acerca a Tottenham Court se colocan más Tercer Mundo/Globalización Ilegal. Quizá ya no está Marks & Co., pero los libros sobran en Charing Cross, lo que la transforma en una suerte de Broadway literaria.

Bookends, en el número 104, sostiene que es la heredera de la librería de Hopkins. No sé si será cierto, pero no está nada mal y cuando uno entra de inmediato se topa con libros que quisiera comprar. Lo bueno de Bookends y de casi todas las librerías usadas a las que entré es que, a pesar de estar en Londres, cobran precios de librería de segunda mano. Una libra, dos, quizá tres. No todos son libros usados, además. Acercándose a Trafalgar hay un callejón peatonal que llega a ser sospechosamente lindo y perfecto llamado Cecil Court, donde las pequeñas librerías tienen el nombre de sus dueños (P. J. Hilton, Peter Ellis, Nigel Williams), y más que libreros se consideran antiquarians y cobran como tales. Todo es mucho más bonito y ordenado, y los libros tienden a ser de tapa dura y en perfecto estado. Algunos incluso están firmados. Los tipos saben lo que tienen y tienen títulos que llegan a conmover.

3 - Acerca de Foyles

En Charing Cross, Koenig Books tiene mucho libro caro de diseño, fotografía y gráfica, y adentro todos los que hojean los libros parecen tener padres ricos. Al lado está Blackwell´s, una gran, gran librería en problemas porque una cuadra más arriba hay una guerra: Border´s (con un Starbuck´s dentro) frente a Foyles. El imperio americano escupiendo la resistencia inglesa.

No entré a Border´s.

Foyles me conquistó antes.

Foyles, desde ahora, mi librería favorita. El café (Ray´s Jazz and the Cafe) está en un subterráneo y el edificio es de ladrillo. Foyles no es una cadena aunque ahora tiene una pequeña sucursal en la ribera sureña cool del Támesis, al otro lado del Millenium Bridge. Tiene inmensas vitrinas que celebran a Shakespeare y el ser inglés. Durante décadas fue la librería más grande del mundo en cuanto a metraje de estanterías. Dos hermanos la fundaron hace más de 100 años, pero aquí no se siente el peso de la historia, sino la libertad de la creatividad. Foyles no sólo es brillante al ordenar alfabéticamente, con grandes letras para indicar cuando llegaste a la N o la P, sino que inventa mesas excéntricas y notables: desde una para novelas sobre Londres (Amis, Dickens, Zadie Smith) a otra de novelas ligadas a perros (Haddon, Auster) hasta una de libros buenos con portadas feas (¡no juzgues un libro por su color!). Notable y adictiva.

Cuando en el futuro piense en Londres, pensaré en Foyles y creo que sonreiré. Tomo los libros que compré ahí y anoto, con mi lápiz grafito de Foleys, que fueron comprados en Londres, en Foyles.

4 - Acerca de la librería del viajero

Llueve.

Qué mejor que esconderse en una librería. Decido conocer la famosa Waterstone´s de Picadilly Circus. A pasos de la locura turística, una vez dentro de Waterstone´s sientes que eres la única persona en Londres. Con cinco pisos y un restaurante poco literario con vista a la ciudad es la cadena londinense de libros más importante y ésta, su silenciosa tienda matriz, tiene algo sagrado.

De vuelta en el metro, de nuevo todos leyendo. Cuento tres mujeres con el mismo libro acerca de tamarindos verdes que parece divertido y concluyo que Bridget Jones ya tuvo su momento. Aun así: mi destino es muy chic-lit . Mi destino es Notting Hill, un barrio que era multicultural cuando, no hace mucho, esa palabra significaba peligro y tensión. Voy porque vi la película Notting Hill en la cual Julia Roberts, haciendo un poco de Julia Roberts, es una actriz famosa que se esconde en una librería cuyo dueño es Hugh Grant. En rigor, la librería no existe, pero está claramente basada en una que está a unas dos cuadras de la de Hugh Grant, que fue situada en Portobello Road, una calle que desea ser un mercado popular y una vía con onda al mismo tiempo.

La librería en que se inspiraron está en una calle transversal: Blenheim Crescent, en T he Royal Borough of Kensington. La calle es quizá demasiado cute, pero te conquista igual justamente por eso: parece un set. Además, que en una cuadra haya tres librerías especializadas (y se supone que estamos en un barrio residencial alejado del centro), la redime de toda aspiración turística. Que alguna de esas librerías tengan nombres tan poco creativos y dignamente genéricos como Books for Cooks (puros libros de cocina) le da más puntos.

Mi destino está por ahí y sigue lloviendo. Es hora del almuerzo y en la librería que busco no hay nadie, excepto un muy relajado tipo con pinta de cantante indie con el pelo severamente teñido de negro-azul que lee, con una calma emo, un libro de Bruce Chatwin. Claramente ésta es The Travel Bookshop. La librería huele a mapas viejos y al deseo de conocer o escapar. Inglaterra es una isla, sí, pero siempre han estado interesados en conocer y acaso conquistar el mundo. Parte de la tradición inglesa, y de la literatura inglesa en sí, es escribir acerca del extranjero, de esas habitaciones con vistas, de esos caminos sin ley.

La librería tiene guías y atlas y memorias de viajes, pero lo más impresionante de nuevo tiene que ver con el orden. Cada región y casi todo país tiene su lugar, pero ahí, donde otros tendrían sólo guías, en The Travel Bookshop hay novelas que tienen que ver con esos países. Libros de autores de esos países o, más que nada, novelas y libros de extranjeros acerca de esos países. Impresiona la cantidad de ingleses que han escrito acerca de México. Compro Journey without maps, de Graham Greene, con una introducción de Paul Theroux, y Paradise with serpents , libro de un tal Robert Carver que subtitula Viajes en mundo perdido de Paraguay.

En cinco horas debo subirme al metro para ir al aeropuerto de Heathrow. Camino hacia la estación y encuentro una librería sin nombre aparente. Books and Comics Exchange. Ingreso. Revistas de cine viejas, biografías, Cormac McCarthy a una libra. El local huele a pescado frito, abrigos mojados y papel seco. Suena Joy Division. El acto de comprar es un acto de satisfacción del deseo, pienso. Comprar, más allá del dinero, es complicado: es un rito, te atonta, a veces te da rabia y te drena de toda la energía. Estoy cansado, mareado, no quiero más libros. Ahora quiero ciudad.

Miro la hora. Me quedan dos horas, he perdido el tiempo. ¿O se me ha ido? ¿Dónde se ha ido?

¿Qué he conocido de Londres? Casi nada. Y casi todo.

El avión despega.

Abro uno de mis libros nuevos. Dice Londres 09.

Sonrío.

No es necesario escucharlos hablar. Es cosa de fijarse: si leen, son londinenses.

Por Alberto Fuguet

El Mercurio de Santiago

Datos útiles

Bookends, 104 Charing Cross Road

Koenig Books , 80 Charing Cross Road, www.koenigbooks.co.uk

Blackwell´s , 100 Charing Cross Road, www.bookshop.blackwell.co.uk

Border´s , 120 Charing Cross Road, www.borders.co.uk

Foyles: 113-119 Charing Cross Road, www.foyles.co.uk

P. J. Hilton , 12 Cecil Court

Peter Ellis , 18 Cecil Court, www.peter-ellis.co.uk

Nigel Williams , 25 Cecil Court, www.nigelwilliams.com

Waterstone´s , 203-206 Piccadilly, www.waterstones.com

Books For Cooks , 4 Blenheim Crescent, www.booksforcooks.com

The Travel Bookshop , 13-15 Blenheim Crescent

Book & Comic Exchange , 14 Pembridge Road
 

1 comentarios:

Pues anda un poco despistado el tal Fuguet. En primer lugar, el imperio en el que no se ponía el sol fue el español, no el inglés (Felipe II dixit). En segundo lugar, Londres no es la ex-capital del imperio sino la capital del ex- imperio.
Con ese comienzo, como para fiarse de todo lo demás que cuenta.
Saludos.

30 de mayo de 2011, 10:25  

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