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TALLER DE ESCRITURA FEBRERO-2010

Escribir un relato con las palabras HORÓSCOPO y RIBEIRO

2 comentarios:

La calma

Leo mi horóscopo
Aries
Luna en Acuario
Sol en Marte
Semana agitada
Guerrera
Contestataria

Me hago un té
Pienso
Quiero calmarme
No puede ser siempre así
Necesito desconectar
Viajar
Tal vez volar con la mente
A ese lugar que conocíamos tan bien

Hogar
Remanso
Vos y yo
Y una copa de Ribeiro

8 de febrero de 2010, 23:43  

Recuerdo de una noche compartida


El cielo está completamente despejado. Una luna casi llena ilumina desde lo alto los pocos barcos que van saliendo del muelle lentamente.
Juan está sentado en la popa de uno de ellos. La noche está fría y él se arrebuja un poco más en su abrigo.
Según se abren camino por las aguas de la bahía cada vez huele más a mar y la brisa marina le acaricia la cara. El hombre cierra los ojos un instante, disfrutando. El momento de salir del puerto es lo que más le gusta.
Dejan el malecón atrás y los rociones de espuma que se levantan con el oleaje le salpican el rostro. Disfruta del sabor salado en sus labios, del olor a humedad, del traqueteo constante del motor.
El cabeceo arriba y abajo cada vez más acentuado hace que su estómago le recuerde el vino tomado al principio de la noche. Una maldición es acallada antes de salir de su boca por una sonrisa producida por el recuerdo de la mujer con la que compartió ese vino.
Un cuerpo perfecto de agraciadas curvas que pertenece a una morena de cara risueña y de carácter alegre y soñador. Pasaron toda la noche juntos hasta que él tuvo que irse para embarcar antes de amanecer. Le había costado separarse de ella. Era preciosa. Recordó que mientras él se vestía ella había leído el horóscopo en las últimas páginas de una revista y le predecía que pronto encontraría un amor intenso que lo ataría para toda la vida.
- Tal vez, ya lo haya encontrado - se dijo Juan.
Volvió a mirar en derredor suyo, la bóveda celeste seguía llena de estrellas por todas partes. En la costa, la luz del faro se veía cada vez más lejos. Mientras, hacia el Este, un tímido resplandor naranja iba creciendo ya en el horizonte.
Tal vez.

Clara había estado dando vueltas y vueltas en la cama desde que se fue su amante, primero hojeando una revista, después intentando dormir, hasta que ya no aguantó más y se levantó.
Abrió la maltrecha y resquebrajada ventana de madera, incapaz de conciliar el sueño, y se apoyó en el alféizar asomándose al patio vecinal. En seguida le llegó el sonido de algo friéndose en una sartén y un olor característico del piso de abajo; algún vecino madrugador se estaba haciendo sardinas fritas para desayunar. De arriba se escuchaban las fuertes voces del matrimonio del quinto enzarzados en una de sus habituales discusiones. La muchacha se quedó mirando la desconchada pared del edificio de enfrente, a tan solo unos pocos metros de su ventana, ensimismada en sus pensamientos y aislada de los olores y ruidos habituales que llegaban a sus oídos.
Había sido una noche estupenda.
Habían empezado cenando en su restaurante italiano preferido del centro, después habían seguido tomando ribeiro en una vinatería del muelle, para acabar dirigiéndose a su piso dando un paseo cogidos de la mano.
El frío que empezaba a sentir detuvo un momento sus recuerdos y se volvió a coger una bata para tapar su esbelto cuerpo desnudo. Otra vez se asomó afuera y esta vez miró para arriba, hacia el pequeño rectángulo de cielo que apenas se podía ver entre los tejados de los edificios. Pensó en el marinero de ojos verdes, rostro atractivo y tostado por el sol, recordó sus manos rugosas y ásperas acariciando su piel con timidez y ternura. Suspiró. Le echaría de menos. Se fijó en la escasa docena de estrellas que podía ver desde su ventana, tal vez él estaría mirando esas mismas estrellas en ese momento. Tal vez.

Pedro Vega Ruiz (9-2-2010) Relato con las palabras horóscopo y Ribeiro

24 de febrero de 2010, 1:56  

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