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TALLER DE ESCRITURA FEBRERO-2010

Escribir un relato con las palabras HORÓSCOPO y RIBEIRO

CONTADORES DE HISTORIAS, 29-ENERO-2010



Temas para el relato del próximo viernes, 22 de Enero:

* Tema libre con la canción La chica de Ipanema

* "Papel mojado"





(Que me perdone el creador de la imagen: no tengo ni idea de dónde la encontré. Inconvenientes de naufragar por la red...)

EL ATRONADOR SILENCIO DE SALINGER (DESPUÉS)


Un personaje misterioso, esquivo con los medios de comunicación, del que apenas se conocen imágenes. Jerome David Salinger, autor de El guardián entre el centeno (1951), una novela que ha marcado a miles de jóvenes de todo el mundo, falleció ayer a los 91 años en New Hampshire (EE UU). El diario The New York Times, el primero en dar la noticia, lo califica de "recluso literario".
Escritor "de talento infinito", como le definió Ernest Hemingway tras conocerle en París durante la segunda guerra mundial, años antes de que publicara su obra magna, Salinger llevaba lejos de la vida pública prácticamente cinco décadas, cuando tras el inesperado éxito de El Guardián entre el centeno, convertido en best seller el mismo año de su publicación, 1951, decidió abandonar Nueva York e instalarse en el campo, en la misma casa en la que falleció. Se acercaba así al deseo del mordaz y afilado protagonista de su novela, Holden Caufield, quien en un pasaje del libro afirma: "me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente".

Aquel libro, del que se han vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo y del que aún se venden 250.000 cada año, estaba dirigido a los adultos pero su protagonista inmediatamente se convirtió en el antihéroe por excelencia de toda una generación, la de los adolescentes crecidos en plena guerra fría, que vieron en sus críticas feroces contra el mundo y la moral de los años cincuenta el reflejo de sus propias inquietudes y angustias. El enfrentamiento entre el mundo de los jóvenes y el de los adultos reflejaba también el deseo universal de no crecer, otra cara de uno de los muchos sueños americanos y que de alguna manera, se repite generación tras generación -de ahí su éxito universal-. La novela, en la que Holden Caufield rememora en primera persona desde un hospital psiquiátrico los días posteriores a su expulsión del colegio, se convirtió en novela de culto, algo que fue llevado al extremo por uno de sus máximos fans, Mark David Chapman, el hombre que asesinó a John Lennon en 1980. Chapman llegó a citar el libro del escritor como el lugar en el que encontrar la explicación a aquel acto.

Quizá parte de la fascinación que despierta El guardián... se deba también al halo de misterio que ha rodeado a su autor. Una de las pocas imágenes que de él se conservan lo muestran en actitud amenazante contra el fotógrafo. Huyó de los focos y del ruido mediático. Sólo concedió una entrevista, en 1974 a The New York Times y por vía telefónica, para defender su vida privada.


Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribrir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer.


Un niño problemático
Al igual que Holden, Salinger también fue un niño problemático que fue expulsado de diferentes escuelas. Nacido en Nueva York en 1919, comenzó a escribir en su adolescencia, a la luz de una linterna bajo las sábanas y durante los cuatro años que sirvió en el ejército durante la II Guerra Mundial, siempre llevó consigo una máquina de escribir. Pronto comenzó a buscar colaboraciones en diversas revistas y fue The New Yorker (su revista de referencia, que hoy publica en versión digital todas sus colaboraciones) la que identificó su talento y con la que firmó un contrato de casi exclusividad. Fue ahí donde pudieron leerse los primeros fragmentos de El guardián entre el centeno, aunque Holden Caulfield había visto la luz años antes en una historia titulada Last Day of the Last Furlough, publicada en 1944.

En la cima de su fama Salinger decidió apartarse del mundo. Se mudó a Cornish e hizo de su casa una suerte de fortaleza inexpugnable. Encontrarle se convirtió casi en deporte nacional entre la prensa, que se ha pasado especulando sobre él y su extraña vida desde entonces. Todavía tres obras suyas verían la luz: Franny and Zooey (Franny y Zooey), en 1961, Raise High the Roof Beam, Carpenters and Seymour: An Introduction, en 1963 (Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción) y, su última pieza publicada, Hapworth 16, 1924, un cuento corto que llenó las páginas de The New Yorker, en junio de 1965.

Contra las ediciones ilegales y contra lo que él consideraba invasiones a su intimidad, Salinger y sus abogados lanzaron numerosas querellas. La última, en julio de 2009, que prohíbe la publicación del libro de un autor sueco cuyo protagonista es un Holden Caulfield septuagenario.

En 2000 su hija, Margaret, publicó unas memorias tituladas Dream Catcher (El guardián de los sueños), que permitió a sus incondicionales descubrir algo más de la vida privada de Salinger: allí se retrata a un hombre que vivía en semirreclusión, consagrado a su obra y tiránico con sus familiares. Entregado primero al budismo, luego a la Cienciología y después a la Ciencia Cristiana: un enfermo que bebía su propia orina y estaba obsesionado con la religión. Margaret llega incluso a decir que abusó de su segunda mujer, Claire Douglas, a la que mantuvo como una "virtual prisionera".

(Artículo de Barbara Celis, El País, 28/01/10)


Enlaces de interés:
-La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
-El miedo a hacerse adulto
-La intimidad como arte

EL ATRONADOR SILENCIO DE SALINGER (ANTES)


(Artículo de Justo Navarro, publicado en El País el 02/01/2009)

El autor de 'El guardián entre el centeno' cumple 90 años rodeado de misterio - Recluido desde mediados de los cincuenta, no ha publicado una línea desde 1965

Jerome David Salinger, el más íntimo de los escritores famosos contemporáneos, cumplió ayer 90 años. Es un autor escondido, pero genera una industria popular de fanáticos, críticos y comentadores, la Industria Salinger, de la que alguna vez habló George Steiner. Mítico desde la publicación de The Catcher in the Rye en 1951 (El guardián entre el centeno, 1978, traducción de Carmen Criado), ha demostrado la voluntad violenta de mantenerse a salvo del fervor público, hasta desaparecer en defensa de su vida privada. En tiempos de manía publicitaria, exhibicionista, J. D. Salinger ha eludido combativamente la intromisión espectacular de periódicos y televisiones. Ha pleiteado contra sus biógrafos. Ha sufrido las indiscreciones autobiográficas de mujeres que lo tuvieron cerca y han practicado con el escritor el género Kiss and tell, o "besa al famoso para después contarlo", incluso desde un punto de vista filial.

Fue un niño neoyorquino de 1919, hermano de Doris, nacida en 1911, hijos de padre americano de religión judía y madre de ascendencia irlandesa-escocesa. El padre, dedicado a la importación de jamones, fundó una familia bien en Park Avenue. No destacó en los estudios el joven Salinger, que acabó en una academia militar de Pensilvania, donde escribió un himno para la entrega anual de diplomas. Completó su formación en Europa: Viena, París, Londres y Varsovia. Se preparaba para heredar los negocios del padre, pero fundamentalmente escribía cuentos rechazados por las mejores revistas. Pasó nueve semanas en una universidad menor del este de los EE UU, escribiendo críticas de cine para la revista estudiantil. Antes de irse a la guerra, le vendió a la revista The New Yorker un relato que no sería publicado hasta 1946. Soldado voluntario, prestó servicios de contraespionaje en Inglaterra, desembarcó en Normandía el 6 de junio de 1944, y persiguió agentes de la Gestapo y colaboracionistas franceses.

Su primer éxito fue el cuento Día perfecto para el pez plátano, de 1948, siempre en su revista, The New Yorker, y en torno a su gran héroe, Seymour Glass, veterano de guerra y suicida inocente. Salinger ha escrito de la alegría de la victoria y la depresión después de la acción. Venían tiempos de guerra fría, opresión silenciosa y cacería de izquierdistas sospechosos de no estar contentos con la realidad obligatoriamente feliz. Renunció desde el principio a la vida pública de escritor. No quería giras de presentación de libros, ni conferencias, ni congresos universitarios o municipales. Le cayó encima el irritante triunfo de El guardián... Siguió fabulando sobre la desastrosamente luminosa familia Glass, hasta su último relato conocido, de 1965, Hapworth, 16, 1924.

Empezaron a circular ediciones piratas, perseguidas a instancias de Salinger, secuestradas por los jueces. Su única entrevista fue concedida por teléfono a un periodista del New York Times, en 1974. Salinger, que había solicitado hablar con el periódico a propósito de su silencio, declaró que editar sus cuentos sin permiso suponía "una terrible invasión de mi vida privada". Amenazó con acciones legales a las universidades que, al otorgarle un premio, usaban su nombre. Cuando lo fotografiaron a la salida de un supermercado reaccionó airadamente contra quien se atrevía a molestarlo.

Inventó una generación silenciosa de jóvenes felices, con dinero, los primeros consumidores natos, incómodos en el nuevo bienestar de masas y urbanización de clase media, paraíso de hipermercado, patria, familia, patrimonio y religión. Escribió alegremente una historia de la intimidad nacional. Nueva York y Nueva Inglaterra se convirtieron en el sueño universal. John Updike dijo que Salinger prestaba atención extrema al gesto y al tono. Lo compararon con Mark Twain y Nathaniel Hawthorne, con Herman Melville y Scott Fitzgerald. Contaba la tragedia y la comedia de la imparable pérdida de la inocencia, la imposibilidad de crecer sin dolor, sin romperse. Madurar era caer en la corrupción insensible de los adultos. Creó, como todo escritor esencial, un lenguaje nuevo, infantilmente radical, que separaba tajantemente lo bueno y lo malo, según los dictados del joven Holden, héroe y narrador de El guardián... Todo es phony (falso, gastado, hipócrita, insoportable, repugnante) o nice (bueno, divertido). Hizo la primera crónica de la adolescencia con dinero, consumidora de productos industriales y lenguajes que se venden como productos, antecedente de la rebelión juvenil y universitaria de los años sesenta y setenta.

Su último relato fue la carta que desde Hapworth, campamento de verano, manda Seymour Glass a sus padres. Le duele a Seymour no estar en su casa, y la obligación de aprender a ser mayor en contacto con seres de su edad, porque los niños de Salinger son criaturas prodigio, escritores y actores precoces, políglotas con superpoderes, campeones del baile y el deporte, desgraciados, futuros suicidas. "Pocos de estos niños magníficos, saludables y a veces muy guapos, madurarán. La mayoría -doy mi desgarradora opinión- se limitará a envejecer", escribía Seymour, a sus siete años.

Este fin de semana en la Sala María Zambrano del Círculo de Bellas Artes de Madrid tendrán lugar las jornadas en torno a la poesía de José Miguel Ullán.
Durante tres jornadas poetas, ensayistas y especialistas en la materia analizarán, bajo la coordinación de Miguel Casado, la figura de José Miguel Ullán (Salamanca 1944-Madrid2009). Periodista y poeta salmantino que desarrolló desde la década de los setenta una inmensa actividad en medios nacionales como El País, Radio Nacional o Televisión Española.
Paralelamente a su labor periodística, fue autor de una dilatada obra literaria. El carácter experimental, transgresor y siempre singular de su poesía quedó patente en su obra. Manifestó además un especial interés y afinidad con las artes plásticas, como demostró en sus colaboraciones editoriales con artistas como Sempere, Chillida, Saura, Tàpies o Miró.
Si has llegado hasta el trono, multiplica tu fe. Inmutable,
sé infiel al escarmiento de la cera.

Aquí, en el altivo campo de las ofrendas, una mano despoja y
reconoce las ardientes estrellas que florecen cuando toda
escritura se apaga. Así es mi canto: ausencia.
De “El jardín de Damasco”


PROGRAMA


26.01.10
Julio Ortega El taller Ullán: nuevo alfabeto de lectura poética
Mesa redonda: Olvido García Valdés, Miguel Morey, Antonio Ortega y Pedro Provencio

27.01.10
Eduardo Milán Sólo Ullán. Situación y certeza
Mesa redonda: Amalia Iglesias, Antonio Méndez Rubio, Ildefonso Rodríguez y Jenaro Talens

28.01.10
Miguel Casado La palabra sabe – Ironía o escucha
Mesa redonda: Marcos Canteli, José Manuel Cuesta Abad, Susana Díaz y Jonathan Mayhew

Horario: 19:00 h

Una exposición en la Morgan Library de Nueva York reúne una veintena de cartas y el único manuscrito completo de la escritora Jane Austen
Aunque el precioso vestido de muselina morada no le pegaba en absoluto, dos rasgos de una tal Miss Fletcher gustaron a la novelista Jane Austen. "Admira Camila,
casi dos siglos después de su muerte goza de la mayor popularidad
[la novela de Fanny Burney] y no toma el té con leche", escribe la autora de Orgullo y prejuicio a su hermana Cassandra en 1796. Ésta es la más antigua de las 17 epístolas que se exhiben en la Morgan Library de Nueva York, cuyo archivo ostenta un tercio de la correspondencia existente de Austen. La muestra Woman's wit: Jane Austen's life and legacy (El ingenio de una mujer: vida y legado de Jane Austen), que permanecerá abierta hasta el 17 de marzo, presenta además el único manuscrito que se conserva de esta autora correspondiente a su primera novela Lady Susan.
Aguda observadora de su entorno, Austen derrocha humor y sensibilidad en las cartas que se cruzó con su adorada hermana. La crónica social -casamientos, idilios y muertes- y las discusiones de moda están trufadas de deliciosos comentarios. Jane definió la temática de su correspondencia como "importantes naderías". El costoso precio del papel le llevó a usar el espacio al máximo escribiendo en sentido vertical sobre las líneas horizontales y aprovechando los márgenes. Durante sus viajes a la costa o a las casas de algún familiar, cada tres días enviaba una carta a Cassandra y en todas ellas, como la excelente corresponsal que era, recreaba un tono de conversación y cháchara. "Te he hablado en esta carta tan rápido como me ha sido posible", escribe en una de ellas.
La muestra ofrece un completo repaso a la vida de Austen y hace un guiño a los detalles cotidianos que recogió en sus novelas. Un pequeño libro de cuentas muestra los gastos que anotó en 1783 (13 libras en ropa, 8 en lavandería, 3 en cartas y 3 en limosnas); un par de manuales de etiqueta y un conjunto de ilustraciones satíricas del siglo XVIII de James Gillray, testifican los usos y costumbres de la época. El retrato de Miss Q pintado por William Blake (que Austen aseguró que era la viva imagen de los personajes de Orgullo y prejuicio) y los grabados de Isabel Bishop que ilustraron las ediciones conmemorativas de sus novelas, ofrecen la visión gráfica del universo de esta autora. "Hemos tratado de poner el material original en su contexto histórico y social", explican en conversación telefónica el comisario de la muestra Declan Kiely y su asistente Clara Drummond. "Austen es una autora del XVIII, su sensibilidad está en sintonía con esa tradición y con el ingenio de ese momento".
La inmensa popularidad de la que ha gozado la autora de Emma entre sus colegas es otro de los aspectos que esta exposición ilustra mediante notas y cartas de Nabokov, Yeats y Kipling, entre otros. Un vídeo recoge además los testimonios de autores contemporáneos como Siri Hustvedt o Colm Tóibín, que expresan su devoción por la autora. Pero Austen no sólo gusta a otros escritores, probablemente es una de las autoras que goza de mayor popularidad entre el público y cuya obra sigue inspirando best sellers (desde Bridget Jones hasta El Club Jane Austen). La exposición señala la biografía que su sobrino publicó en el siglo XIX como el comienzo del mito Austen. El 16 de diciembre la escritora hubiera celebrado su 234º cumpleaños. En cuestión de popularidad, vive, casi dos siglos después de su muerte, uno de sus mejores momentos gracias, mal que le pese a los profesores de literatura, a libros que revisan en clave de terror adolescente su obra, como Orgullo y prejuicio y zombies. "Desde los noventa Jane está pasando por su punto álgido", apunta Drummond. "Su ingenio ha superado la prueba del tiempo".

(ANDREA AGUILAR - Nueva York - 17/12/2009 El País)

DÍA DEL HOLOCAUSTO

2010, 65º Aniversario de Auschwitz
Algunos libros para recordar:

'Si esto es un hombre', de Primo Levi (El Aleph).
El joven judío italiano Primo Levi vio abrirse la boca enrejada del campo de exterminio desde su vagón de ganado. Esta primera parte de su "Trilogía de Auschwitz" (continuada por 'La tregua' y 'Los salvados y los hundidos') es una de las memorias de cautiverio más famosas del siglo XX. Levi fue al nazismo lo que Solzhenitsyn al gulag soviético: sobria expresión y costumbrismo del abismo.

“Amapola y memoria” de Paul Celan (Hiperion)
El tema de la muerte es una constante en sus composiciones, relacionado siempre a sus recuerdos del holocausto judío. Este libro de poemas tiene como eje central una descripción del campo de concentración de Auschwitz.




'Diarios', de Ana Frank (Debolsillo).
Las teorías raciales de Alfred Rosenberg fueron parte del esqueleto intelectual de los nazis. Les venían como anillo al dedo. Cómodas. La parte incómoda venía después, con el asesinato sistemático de niños. Ana Frank, de 13 años, vivió con su familia y los Van Pels detrás de una biblioteca giratoria en la empresa de su padre, en la Prinsengracht 263, de Amsterdam. Hoy es un museo. Fueron dos años en total (del 42 al 44) esperando a los ogros de la Gestapo. Una mañana aparecieron. Para entonces, había escrito unos diarios de adolescencia de clausura que ya son universales. Ella, su hermana Margot, y su madre murieron en Bergen-Belsen.


"La hierba amarga” de Marga Minco (libros del Asteroide)
La holandesa Marga Minco, nacida en 1920, es la autora de un puñado de novelas y relatos marcados por el hecho de ser el único miembro de su familia que sobrevivió a los campos de exterminio durante la ocupación nazi de su país. "Quiera o no", ha dicho, "siempre vuelvo al periodo 1940-1945".
La hierba amarga es tal vez su obra más conocida.
El gran valor de este librito -publicado en Holanda en 1957 -, lo que produce escalofríos al lector, no es ninguna descripción realista de las atrocidades nazis, sino el relato desde la levedad de una vida cotidiana cada vez más socavada por la premonición del desastre. Un estilo con lejanos ecos de lo que convirtió en único El diario de Ana Frank.
Otros episodios son más explícitos, pero tanto el reflejo del antisemitismo en Holanda, incluso antes de la guerra, como la aplicación rigurosa de las leyes antijudías, la "profesionalidad' de los ocupantes germanos y los preparativos para las deportaciones masivas están recogidos sin dramatismos, como si la extraordinaria capacidad de adaptación del ser humano y la resistencia a creer que el mal absoluto existe pudieran convertir en cotidianos incluso los peores presagios de la tragedia.
Ella se salva y, después de la liberación, va a visitar a su tío. Lo encuentra en la parada del autobús: va cada día a esperar a un hermano (el padre de Marga) que nunca volverá. ¿Qué mejor imagen del exterminio?

Suite francesa de Irène Némirovsky: (Salamandra)
Novela excepcional escrita en condiciones excepcionales, Suite francesa retrata con maestría una época fundamental de la Europa del siglo XX. Imbuida de un claro componente autobiográfico, Suite francesa se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie. Némirovsky dibuja con precisión las escenas, unas conmovedoras y otras grotescas, que se suceden en el camino: ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. La presencia de los invasores despertará odios, pero también historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo. Concebida como una composición en cinco partes —de las cuales la autora sólo alcanzó a escribir dos— Suite francesa combina un retrato intimista de la burguesía ilustrada con una visión implacable de la sociedad francesa durante la ocupación. Con lucidez, pero también con un desasosiego notablemente exento de sentimentalismo, Némirovsky muestra el fiel reflejo de una sociedad que ha perdido su rumbo. El tono realista y distante de Némirovsky le permite componer una radiografía fiel del país que la ha abandonado a su suerte y la ha arrojado en manos de sus verdugos. Estamos pues ante un testimonio profundo y conmovedor de la condición humana, escrito sin la facilidad de la distancia ni la perspectiva del tiempo, por alguien que no llegó a conocer siquiera el final del cataclismo que le tocó vivir.

El cuaderno de Rutka de Rutka Laskier: (Suma de letras)
En 1943, a la edad de 14 años, Rutka Laskier, una joven judía polaca, escribe su diario. Oculto bajo el suelo de madera durante décadas, ahora una hermana de la joven decide hacer público este documento excepcional. Aquí encontramos la vida cotidiana de una adolescente, las preocupaciones propias de su edad (sus amores, sus amigas) pero también el miedo a morir y las terribles condiciones de una vida durísima en el barrio judío de Bedzin bajo la ocupación nazi. Rutka conocía perfectamente los horrores de las cámaras de gas y de los campos de concentración, en uno de los cuales murió apenas unos días antes del fin de la guerra.

OLVIDO GARCÍA VALDÉS 1





Mis libros se hacen un poco a ciegas, quiero decir sin un proyecto inicial que la escritura vaya cubriendo. Cada poema nace de modo independiente, uno a uno se escriben a lo largo de los años. Después, en algún momento, empiezo a trabajar el libro como tal, lo que significa ir haciéndose con él. El libro está ahí, en las líneas que se transitan, en la red de recurrencias que se va tejiendo, en los hilos que le tienden los libros anteriores.


(De la escritura "Esa polilla que delante de mí revolotea"
Poesía reunida(1982-2008) Galaxia Gutemberg)

CONTADORES DE HISTORIAS, 22-ENERO-2010



Temas para el relato del próximo viernes, 29 de Enero:

* Tema libre con la canción de ACDC Thunderstruck

* "Felices sueños"





“Simón Boccanegra” es la ópera N°20 de Giuseppe Verdi, compuesta después de “Las vísperas sicilianas”, la cual a su vez sucede a la famosa trilogía que forman “Rigoletto”, “El trovador” y “La traviata”, en la recta final hacia la completa madurez estilística.

En marzo de 1856, Verdi acordó con la dirección del Teatro La Fenice de Venecia componer una nueva ópera. Para la elección del tema nuevamente Verdi escogió una obra del español Antonio García Gutiérrez, quien, debe recordarse, era el autor de la pieza teatral que había inspirado “El trovador”. La obra elegida esta vez fue “Simon Boccanegra”, alusiva a un personaje histórico, que había llegado a ser Dux de Génova en 1339.
La sombra de Zorrilla es alargada, tanto, que para el gran público parece el único autor romántico español. Nada más lejos de la realidad; de hecho, el Tenorio es una obra estrenada en los últimos coletazos de este movimiento. El romanticismo en España comienza en 1834 con el estreno de La conjuración de Venecia, obra con algunos lastres neoclásicos del luego político Francisco Martínez de la Rosa. Al año siguiente se pone sin demasiado éxito Don Álvaro o la fuerza del Sino del Duque de Rivas. Y el 1 de mayo de 1836 llega la consagración del género con el triunfo apoteósico del drama de un autor joven y desconocido: Antonio García Gutiérrez.

Hay que poner por tanto a García Gutiérrez en su justo lugar. Este dramaturgo, nacido en Cádiz, escribió mucho teatro a lo largo de varias décadas, entre su producción sobresalen las ya mencionadas El trovador y Simón Bocanegra. Las dos cumplen fielmente los preceptos del teatro romántico: nulo respeto a las unidades aristotélicas, héroe valiente y esforzado de alta cuna pero de origen desconocido y heroína de estrato elevado –lo que produce el inevitable conflicto social–, amor platónico y virginal imposible a causa de las aparentes diferencias de clase, trama histórica con connotaciones políticas y final inevitablemente trágico. Como curiosidad cabe destacar que Simón Bocanegra es un héroe atípico por su edad –es un anciano– y la heroína en este caso es su hija.
“Simon Boccanegra” fue estrenada en La Fenice veneciana el 12 de marzo de 1857, sin ningún éxito. Con respecto a este traspié, famosa es la cita de Verdi contenida en una carta, la cual señala: “Simon Boccanegra” fue un fiasco mayor que el de “La Traviata”. Pienso que hice todo correctamente bien. Pero al parecer estoy equivocado”.


Treinta tres años más tarde, en 1880, cuando Verdi tenía 77 años de edad, ya había estrenado “Aida” y “Otello”, su penúltima ópera, estaba en gestación, el editor Giulio Ricordi logró persuadirlo para que revisara “Simón Boccanegra”. Consciente de que había fallas en la estructura de la ópera, Verdi no tardó en proyectar una revisión. Esta nueva versión de la ópera se estrenó en La Scala de Milán, el 24 de marzo de 1881, con un enorme triunfo.



“Simón Boccanegra” es la ópera N°20 de Giuseppe Verdi, compuesta después de “Las vísperas sicilianas”, la cual a su vez sucede a la famosa trilogía que forman “Rigoletto”, “El trovador” y “La traviata”, en la recta final hacia la completa madurez estilística.

En marzo de 1856, Verdi acordó con la dirección del Teatro La Fenice de Venecia componer una nueva ópera. Para la elección del tema nuevamente Verdi escogió una obra del español Antonio García Gutiérrez, quien, debe recordarse, era el autor de la pieza teatral que había inspirado “El trovador”. La obra elegida esta vez fue “Simon Boccanegra”, alusiva a un personaje histórico, que había llegado a ser Dux de Génova en 1339.
La sombra de Zorrilla es alargada, tanto, que para el gran público parece el único autor romántico español. Nada más lejos de la realidad; de hecho, el Tenorio es una obra estrenada en los últimos coletazos de este movimiento. El romanticismo en España comienza en 1834 con el estreno de La conjuración de Venecia, obra con algunos lastres neoclásicos del luego político Francisco Martínez de la Rosa. Al año siguiente se pone sin demasiado éxito Don Álvaro o la fuerza del Sino del Duque de Rivas. Y el 1 de mayo de 1836 llega la consagración del género con el triunfo apoteósico del drama de un autor joven y desconocido: Antonio García Gutiérrez.

Hay que poner por tanto a García Gutiérrez en su justo lugar. Este dramaturgo, nacido en Cádiz, escribió mucho teatro a lo largo de varias décadas, entre su producción sobresalen las ya mencionadas El trovador y Simón Bocanegra. Las dos cumplen fielmente los preceptos del teatro romántico: nulo respeto a las unidades aristotélicas, héroe valiente y esforzado de alta cuna pero de origen desconocido y heroína de estrato elevado –lo que produce el inevitable conflicto social–, amor platónico y virginal imposible a causa de las aparentes diferencias de clase, trama histórica con connotaciones políticas y final inevitablemente trágico. Como curiosidad cabe destacar que Simón Bocanegra es un héroe atípico por su edad –es un anciano– y la heroína en este caso es su hija.
“Simon Boccanegra” fue estrenada en La Fenice veneciana el 12 de marzo de 1857, sin ningún éxito. Con respecto a este traspié, famosa es la cita de Verdi contenida en una carta, la cual señala: “Simon Boccanegra” fue un fiasco mayor que el de “La Traviata”. Pienso que hice todo correctamente bien. Pero al parecer estoy equivocado”.


Treinta tres años más tarde, en 1880, cuando Verdi tenía 77 años de edad, ya había estrenado “Aida” y “Otello”, su penúltima ópera, estaba en gestación, el editor Giulio Ricordi logró persuadirlo para que revisara “Simón Boccanegra”. Consciente de que había fallas en la estructura de la ópera, Verdi no tardó en proyectar una revisión. Esta nueva versión de la ópera se estrenó en La Scala de Milán, el 24 de marzo de 1881, con un enorme triunfo.



ARGUMENTO

“Simón Boccanegra” tiene como lugar de acción la ciudad italiana de Génova, entre los años 1339 y 1364. Su desarrollo está planteado en un prólogo y tres actos.

Prólogo
Año 1339 - Una plaza de Génova, junto a la cual está el palacio del noble Jacopo Fiesco.

Junto a sus seguidores, Paolo Albiani, miembro del partido popular genovés, enemigo de los patricios, están conspirando para que el próximo Dux sea el ex corsario Simon Boccanegra, que siempre ha estado por los intereses de la república.

Simón acepta con la esperanza de que así podrá arrancar de su cautiverio a la hija de Fiesco, de la que está enamorado, y de la que tuvo una hija, a raíz de los cual Fiesco la encerró para apartarla de Simón. Lo que no sabe Simón es que su amada ha muerto.

Ambos hombres se encuentran. Simón ruega a Fiesco el perdón por sus antiguas ofensas, pero éste contesta que sólo podrá perdonarle si le entrega a su nieta, sin decirle que la madre de la niña, ha muerto.

Simón responde que no puede entregarle a su nieta porque ha desaparecido y no sabe su paradero. Fiesco se va y Simón logra entrar furtivamente al palacio. Grande es su impresión al descubrir allí el cadáver de su amada. Al volver a la plaza, Paolo ha organizado ya la revuelta y Simón es proclamado Dux.



Acto Primero
Año 1364 - Han pasado 25 años desde la acción desarrollada en el Prólogo

Cuadro Primero (Un jardín en el Palacio Grimaldi, junto al mar)

Amelia Grimaldi, ignorante de sus orígenes (es María Boccanegra, la nieta de Fiesco e hija de Simón), espera a su amado, el noble Gabriele Adorno, rival de Paolo Albiani, que desea a la muchacha como esposa.

Gabriele explica a Amelia que Fiesco (que ahora se hace llamar Andrea) está implicado en una conjura contra Simón, en la que también se ha involucrado Gabreile. Llega Pietro, brazo derecho de Paolo, y anuncia que Simón Boccanegra, que sigue siendo Dux, visitará el palacio Grimaldi.

Amelia le advierte que Simón viene para pedir su mano para Paolo, por lo cual Gabriele se apresura en pedir para sí a Fiesco a la muchacha. Fiesco da su consentimiento, pero le advierte que Amelia no es una Grimaldi, sino una huérfana de origen desconocido.

Llega el Dux Simón con Paolo, se acerca a Amelia y le promete paz para los Grimaldi, pero ella le dice que no es una Grimaldi, y le muestra unos retratos que permiten que Simön reconozca en ella a la hija perdida.

Simón impone su autoridad, deshace el proyectado enlace de Paolo y se lleva consigo a su hija recién encontrada. Paolo no se resigna a perderla, por lo que trama raptarla y esconderla.

Cuadro segundo (Sala del Consejo del Palacio Ducal de Génova, donde Simón Boccanegra está tratando asuntos de su gobierno).

Se oye un creciente tumulto en las afueras. Gabriele Adorno irrumpe en la sala, acusando a Boccanegra de haber planeado el rapto ya concretado de Amelia. Pero en ese momento Amelia, que había conseguido huir, se presenta en la sala y declara que Simón no tuvo parte alguna en el rapto y pide perdón para Gabriele, a la vez que del relato que ella hace de su secuestro, queda en evidencia que Paolo Albiani tiene gran culpabilidad. El Dux toma la palabra y expresa sus deseos de paz y fuerza a Paolo, en su calidad de alto consejero, que maldiga al autor del infame rapto de Amelia. Paolo se maldice a sí mismo y huye horrorizado, mientras todos repiten la maldición. Gabriele Adorno y Fiesco son enviados a prisión.

Acto Segundo
Cámara del Dux en el Palacio Ducal de Génova.

Rechazado y maldito por el Consejo, Paolo Albiani planea el asesinato de Simón Boccanegra, vertiendo veneno en una copa. Si este medio fracasara, intenta impulsar al crimen a Fiesco, pero éste no acepta alistarse con un plebeyo como Paolo y prefiere volver a prisión.

Paolo procede entonces a buscar ayuda en Gabriele, haciéndole creer que Amelia es amante de Simón. Gabriele queda en libertad, se encuentra con Amelia y la acusa. Esta desmiente los cargos, pero no alcanza a revelarle el secreto de que Simón es su padre cuando por la llegada del Dux el joven debe esconderse.

Amelia solicita a Simón que perdone a su amado, a lo cual el Dux consiente, siempre que éste abandone el grupo de conspiradores que planean derrocarlo. Cuando Simón queda a solas, bebe de la copa envenenada por Paolo y cae en profundo sueño. Gabriele sale de su escondite y trata de asesinar a Simón, pero Amelia se interpone, señalando que el Dux es su padre.

Al saber la verdad, Gabriele implora el perdón de Boccanegra. La rebelión ya está a las puertas del palacio y los dos hombres parten a dirigir su defensa.

Acto Tercero
El alzamiento ha sido aplacado por el Dux y toda Génova celebra el triunfo de éste sobre los rebeldes. En un gesto magnánimo, Boccanegra perdona a todos los cabecillas, incluyendo a Fiesco.

Sólo el villano Paolo Albiani es condenado a muerte y, camino de la ejecución, informa a Fiesco que el Dux también morirá por el lento veneno que puso en su copa. Se anuncia que el Dux ha prohibido los gritos de victoria para no ofender a los muertos y a los vencidos de la rebelión.

Cuando aparece Simón, gravemente afectado por el veneno, Fiesco le da a conocer su verdadera identidad y le reitera su odio y deseos de venganza. Simón recuerda a Fiesco la promesa que éste le hiciera un día: paz y perdón, si le devolvía a su nieta.

Y allí está. Es la que todos creen Amelia Grimaldi. Con emoción y arrepentimiento, Fiesco expresa que la reconciliación ha llegado tarde, pues Simón ha sido envenenado por Paolo.
Simón comienza ya a agonizar, pero antes de morir, bendice a Amelia y Gabriele, que llegan acaban de casarse. El nuevo Dux será Gabriele y es Fiesco quien lo anuncia al pueblo, que así se entera también de que Simón Boccanegra ha muerto.

LA LIBRERÍA PROHIBIDA



Curiosa y a la vez divertida web: Forbidden Library (actualmente es una página muerta). La librería de los libros prohibidos; una recopilación de libros que han sido prohibidos o censurados a lo largo de la historia en algún país o región. Algunos de los casos que más me han llamado la atención:

• 1984: En zonas de Estados Unidos por pro-comunista (¡¿uh?!, no se lo debieron leer por lo visto).
• Alicia en el país de las maravillas: En China por poner al mismo nivel animales y humanos.
• La Biblia: Por lo visto al primero que la tradujo al inglés lo quemaron en la hoguera los partidarios de que no se tradujera el libro a los idiomas vernáculos.
• El Quijote: Se prohibió en Madrid porque contenía la frase “las obras de caridad mal realizadas no sirven de nada”.
• Fahrenheit 451: En una escuela de Estados Unidos los estudiantes recibieron copias del libro con palabras censuradas... un libro criticando la censura, censurado. Bien...
• El rey Lear: Durante muchos años en el Reino Unido se representó con un final feliz en lugar del original por respeto al rey.
• Los libros de Narnia: En algunas escuelas de Estados Unidos por... gore.
• Crónicas Marcianas: En Estados Unidos por el uso del nombre de Dios en vano.
• La Odisea: Prohibido por Caligula por enseñar los ideales de libertad de los griegos.
• El Origen de las Especies: En varias universidades de Estados Unidos (entre ellas Harvard) por enseñar la teoria del evolucionismo.
• La cabaña del tío Tom: Prohibida en partes de Estados Unidos por racista, ya que contiene la palabra ‘nigger’ (negro), a pesar de que el libro está inspirado en ideales en contra del esclavismo.
• ¿Donde está Wally?: En algunas bibliotecas de Estados Unidos porque contiene el dibujo de una mujer en ‘top less’.

(Fuente: El último libro)

CUIDADO CON LO QUE ESCUCHAS



“Distraxion”, corto creado por Mike Stern, un excelente animador que llegó desde una Universidad de Nueva York hasta trabajar en películas como Monsters vs Aliens.
Si quieres saber más...
(Vía PuntoGeek)

VLADIMIR NABOKOV



Cuentos completos, Traducción de María Lozano. Alfaguara. Madrid, 2009. 811 páginas, 24 euros

Los escritores bilingües, como Borges, Beckett, o Nabokov (1899-1977), poseen, según George Steiner, un talento especial para escribir desde un punto creativo singular, en el que se producen conjunciones de ideas inéditas. El ruso escribía anotando en tarjetas momentos estelares de la historia, para luego someter esas escenas a una minuciosa reescritura, trabajando los detalles y puliendo su expresión verbal, caracterizada por un auténtico virtuosismo gramatical. Sus Cuentos completos suman más de setenta relatos, redactados entre 1921 y 1976, que incluyen ahora dos inéditos en castellano, “La palabra” y “Natasha”.

John Updike eligió para una antología de los mejores cuentos norteamericanos “En Aleppo una vez...”, un relato sorprendente de Nabokov cuyo título proviene de una frase del Otelo (1604) shakesperiano. Cuenta la historia de un emigrante ruso en Francia, casado con una mujer joven que le será infiel; entonces aflora el turco (Otelo) en su carácter y acaba negando la existencia de la esposa. La forma del cuento resulta igualmente novedosa, pues se trata de una carta enviada por el protagonista al autor para que éste escriba el relato. Ese intento de orillar la realidad aparece en varios cuentos suyos en los que aborda el tema del matrimonio.

El amor (“Primavera en Fialta”) y la muerte (“Una cuestión de honor”) son constantes de sus relatos. “Aureliana”, por ejemplo, es una sugerente historia donde se cruzan el amor y la muerte, pues el protagonista, que se gana la vida vendiendo mariposas, y que tiene fama de vividor aunque nunca haya viajado fuera de Berlín, decide un día, el de la boda de su hija, abandonar a la familia. Cuando la esposa regresa a casa de la fiesta encontrará una nota de despedida y al hombre muerto.

La muerte aparece también en “Una cuestión de honor”, donde toma este asunto tratado por varios grandes de la literatura rusa, entre ellos Chéjov, cuyo nombre pone al protagonista, Anton. El personaje vuelve de un viaje de negocios y encuentra que su mujer le es infiel con Berg, un socio, al que reta a un duelo. Tras buscar testigos para que hagan los arreglos, el miedo le lleva a esconderse en un hotel y no acudir al duelo. “Música” es otro de los relatos en que los temas -el matrimonio fracasado y la música- se acercan. Víctor, el protagonista, asiste a un concierto, pero la música le aburre. Distraído, mira al público y ve a su mujer. La música entonces empieza a transmitirle sentimientos, y el afecto hacia su ex mujer cambia. Otros relatos, como “Símbolos y señales”, en el que un matrimonio visita a su hijo en el sanatorio mental el día de su cumpleaños, nos deleitan con la mezcla de la vida cotidiana, el sufrir personal y la enfermedad.

“La palabra” y “Natasha”, las novedades de la colección, nos llevan a un extraño mundo. En el primero un ángel pronuncia una palabra que calma todos los pesares, pero al despertarnos olvidamos la palabra en cuestión. Pesimismo semejante encontramos en “Natasha”. La joven, al regresar de un día en el campo, ve a su padre sano y recuperado en el portal, pero al subir la escalera sabe que la visión se ajustaba al deseo más que a la realidad. Esta colección permite al lector darse un festín sensorial, que no pide tanto el encuentro con un yo autorial, sino con unas piezas que permiten disfrutar según la sensibilidad de cada lector. Son tantas las especies que contiene su prosa que el paladearlas supone una tarea gustosa.

Germán GULLÓN.
Fotografía de Carl Mydans

MIGUEL CASADO 2

Entrevista a Miguel Casado con motivo de la publicación de su último libro “La experiencia de lo extranjero” aparecida en el periódico Público el 30/12/09


Casado opina que el poeta no debe descansar en su búsqueda de grietas en el lenguaje y en la realidad.
Esta compilación tiene poco que ver con la poesía, en apariencia. La experiencia de lo extranjero (Galaxia de Gutenberg/Círculo de Lectores), de Miguel Casado (Valladolid, 1954), es una colección de ensayos críticos sobre poesía. En ellos hay un componente de descubrimiento y riesgo que los acerca a la lírica. La experiencia de lo extranjero es la de la literatura, pues el escritor construye, dentro de su lengua, una lengua propia y extranjera.

Dice que la lengua no es un instrumento, sino un acontecimiento. ¿Qué hace la crítica, inventa, revela, promueve, descubre... crea?
Confieso que el verbo "crear" no me gusta nada. Prefiero "escribir". Una escritura que propone una relación transformadora con la lengua, en la que la lengua no es algo inerte, sino vivo. En ese proceso de escritura se produce el pensamiento, se constituye la experiencia.

¿Es el crítico un intérprete musical?
Es el lector el que se parece más al intérprete musical que el crítico. En todo caso, la diferencia con la música es que, cuando hay palabras, hay sentido y el lector inevitablemente produce sentido. El crítico lee y escribe.

¿La mirada de la poesía se funda en la necesidad de señalar grietas?

El poeta sólo puede buscar grietas en el lenguaje y en la realidad. En ese conglomerado de lenguaje y mundo aparentemente no hay fisuras. El poeta debe producir grietas.

¿Contra qué se puede rebelar la poesía hoy?

La poesía se está rebelando siempre. Si la escritura no introduce la discontinuidad, si no detecta la fractura, triunfa el sistema del lenguaje dominante y no hay poesía. La rebelión sólo puede darse en el propio ejercicio de la escritura, desmarcándose de las imposiciones de la lengua. En el uso social, cuando hablamos, decimos lo que algo, esa lengua controlada, quiere que digamos, vivimos al compás de lo codificado. El poeta, en cambio, es quien dice lo que quiere decir. Esa es la mayor rebelión. La mayor rebelión es contra el lenguaje, en un mundo en que los discursos se repiten de forma vertiginosa y nos gobiernan.

¿Es el lenguaje de la poesía el lugar de la marginación?
Cada vez más la poesía es un idioma extranjero, porque la poesía sucede en cada poeta. La poesía es el corazón de la lengua y, así, de la vida misma. La poesía tiene expresión de decisión, tiene poder. Cuando aparece siempre está en el centro como nudo de la condición humana.

¿Dónde cabe encontrar hoy la ruptura?

La dinámica entre lo viejo y lo nuevo no se detiene. No contemplo esa dialéctica como una sucesión de periodos, escuelas y generaciones. Siguen surgiendo poetas, pero los nuevos no son siempre los jóvenes en edad: el cubano Lorenzo García Vega, por ejemplo, es un poeta joven, activo con sus 82 años, más renovador que muchos de 25. Lo que va de edad en edad son las modas. Los verdaderos poetas no conocen modas.

Ullán, Blanca Varela, Diego Jesús Jiménez, ¿dónde están, tras estas pérdidas, hoy los maestros de la poesía en español?
Perdemos a los amigos, pero los poetas quedan en sus libros. Sin embargo, siempre he sido muy reacio a la idea de maestro. Yo desconfío de los magisterios: el que tiene un maestro que le marca el camino, no es un buen poeta. Hay que tener presente un horizonte amplísimo de lecturas. Hay que escuchar a Latinoamérica. Latinoamérica y España tienen una sola tradición, un solo espacio lingüístico, y los lectores tenemos ahora la información mucho más accesible. Si me pides un nombre, vuelvo al que mencionaba antes: es uno de los mejores poetas actuales, un cubano residente en Miami y que vive un doble o triple exilio, Lorenzo García Vega (el más joven del grupo Orígenes, abanderado por Lezama Lima). En mayo dio una memorable conferencia en Madrid, que partía con esta pregunta: "Yo tenía un maestro, pero, ¿qué se puede hacer con un maestro?".

FILANDONES

Luis Mateo Díez, José María Merino y Juan Pedro Aparicio nos cuentan de viva voz sus últimos relatos


Cuenta la leyenda que cuando la nieve cerraba los caminos, los leoneses se reunían en torno al fuego del hogar y se contaban historias, filandones que enlazaban anécdotas, secretos y cuentos, como si del hilo firme y blanco que las viejas mujerucas extraían de los burujos de lino se tratara. En plena era de internet, Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Diez y José María Merino, que han llevado estas veladas mágicas y literarias a Nueva York o Berlín, nos proponen hoy en nuestras páginas un nuevo filandón. Son cuentos inéditos de amor y tristuras, que nos narran casi a trompicones, aunque sin interrumpirse, para que el lector pueda incluso oír sus voces así, arrebujado al amor de la lumbre en estos días de invierno.


Tres historias de amor

La carta en el árbol Ha regresado, veinte años después, a la ciudad de su infancia y adolescencia, al otro lado del océano. Recorre las antiguas calles observando con extrañeza los cambios en los colores de las casas y en los trazados callejeros. Se le revela de repente el parque de los juegos de niños, el lugar en el que conversó y paseó con muchachas por primera vez. Vuelven a él los ojos negros de Rosa, sus manos blancas y suaves, la separación dolorosa, cuando él tuvo que acompañar a su familia en el traslado a la ciudad donde ha crecido. Recuerda que antes de separarse escribieron una carta en la que pretendían conjurar el futuro: su amor no se extinguiría, volverían a reunirse para no separarse nunca más. La firmaron con sangre, un alfilerazo en la yema del índice de cada mano izquierda, la introdujeron en una botella pequeña y, tras cerrarla, la escondieron en la enorme hendidura de un árbol muy viejo, que alza todavía sus ramas negruzcas en el extremo más frondoso del lugar. En un impulso que lo avergüenza un poco, rebusca entre las hojas secas, los papeles, las piedras y los desperdicios antiguos que ocupan la cavidad, hasta encontrar la botella. La abre y saca el papel, pero cuando lo lee, el mensaje ha cambiado: “Lo siento, Joaquín”, dice. “El tiempo pasa, no vuelves, y he conocido a Alberto, un chico muy majo”. Y firma Rosa, esta vez sin sangre. José María Merino

La montaña

Pedro no era capaz de relacionarse con mujeres. Lo intentaba una y otra vez porque era muy enamoradizo. Braulio, su amigo del alma, se empeñaba en animarle.
Todas las que me gustan son encantadoras conmigo en principio, pero luego, cuando quiero tener alguna intimidad, tomarles la mano o un simple beso, se me tornan una montaña inaccesible -decía Pedro.
Un día Braulio le presentó a una prima suya argentina, María Luján. Se gustaron a primera vista. Las manos juntas, besos y un día se acostaron. Nunca lo hiciera. A la mañana siguiente apareció su cadáver a los pies de la cama, descalabrado. Juan Pedro Aparicio

Espejo


Lo primero que hace cada mañana es mirarse al espejo, y lo que habitualmente descubre es el rostro que le devuelve una lejanía en la que el tiempo va ganando la partida.
No es un gesto de desánimo, nada que dramatice el acto de levantarse para iniciar la jornada, casi resulta un gesto de complacencia, ya que en el reconocimiento se alberga la expectativa de vivir y, más allá de las desgracias que asedian y las penas patrimoniales del sufrimiento y la desdicha, propias de la condición de quien se mira y se reconoce, hay una voluntad de vividor que no se resigna, y la consecuente esperanza de un día llevadero.
Pero también, cuando a veces se mira en el espejo, no es el rostro lo que devuelve la lejanía de esa edad o ese tiempo en que pierde la partida, sino voces, palabras, que conciertan el interior de su condición o, a lo mejor sería más exacto decir, de su identidad.
Palabras más o menos borrosas en el cristal empañado con que comienza el día. Palabras numerosas que normalmente no se repiten pero que nunca son casuales y entre las que podría elegir algunas que fundamentan un retrato bastante preciso.
Las mira, las pronuncia como si pronunciase su nombre, algunas veces inquieto, otras somnoliento. Lo poco que sabe de sí mismo lo aprendió cuando las recuerda. Luís Mateo Díez

Tres historias de amor
Amor en conferencia

Doy una charla sobre literatura y explico que cualquier cosa puede sugerirnos un cuento, y que es la mirada del escritor la que descubre esos indicios.
– Si en lugar de ser yo quien les hablase fuese Andersen, seguro que encontraría el embrión de un cuento en las tres botellas de agua que hay sobre la mesa. Tanto mi presentadora como yo hemos abierto nuestras respectivas botellas, y ambas se han enamorado. Pero la botella que está ante el director de la venerable institución que nos acoge, celosa del súbito amor entre las otras dos, está dispuesta a dificultarlo.
Sigo hablando, bebo de vez en cuando, hasta que descubro que mi botella, mediada, está cada vez más lejos de mi mano y más cerca de la de mi presentadora. Cuando empiezo a hablar del cuento literario, encuentro frente a mí la botella, ya abierta, del director. No hay duda de que en el ardor de la charla he manipulado inadvertidamente las botellas, y al buscar la mía para servirme otro vaso de agua, la diviso en el extremo de la mesa, pegada a la botella de mi presentadora. Ante ambas se alza la botella casi llena del director. Una sacudida inesperada del tablero las vuelca, y mi botella y la del director ruedan juntas, caen al suelo del estrado vertiendo el agua que todavía contienen, salpicándonos. El incidente nos ha sorprendido a todos, y no me atrevo a decir que me parece que la única botella que permanece en pie sobre la mesa tiene un aspecto muy triste. José María Merino

La línea de sombra


Enamorado de la cultura anglosajona se hacía llamar Franky. Cuando hubo leído a Horace Beemaster, el Nobel americano de Tenessee, quedó tan enganchado que rara era la ocasión en que no lo citara. Supo que se había abierto un museo en su ciudad natal, Nashville, y antes de que pasara un mes ya había aterrizado en la llamada Atenas del sur. Quería ser el primer español en visitarlo. Cómo miraba cada objeto, cómo se embelesaba sopesando el desgaste de la boquilla de las pipas del maestro que, según decían los folletos, permanecían donde él mismo las había dejado. O los libros de su biblioteca, y, más todavía, los que tenía sobre la mesita de noche tan impregnados del halo de su vida. ¿Y qué decir de la mesa de trabajo? Parecía que Beemaster se acabara de levantar para ir momentáneamente al baño. Allí estaba el vaso de whisky todavía mediado.
–El whisky se lo reponemos cada día, yo me encargo –le había dicho el conserje negro–. Las pepitas, no. El maestro las tiraba al suelo como hacen en Madrid, –y simuló unos movimientos de expulsión con los labios–. El Nobel estuvo allí de brigadista en la Guerra Civil.
Franky no pudo reprimir un leve temblor. ¡Cómo no había sido capaz de reparar en ello antes! Precisamente uno de los personajes de Beemaster, Elly la Bella, incitaba así a su primo Aaron para que la siguiera al tálamo. Nunca es tarde si la dicha es buena, alcanzó a decirse. Aunque, ojo, quieto ahí –añadió–, que Beemaster no era amigo de refranes. ¡Peste de costumbrismo!
Los huesos de aceituna dormían su sueño eterno sobre un platito blanco. Eran siete. Contemplarlos, ponía en su pensamiento un énfasis de orante. Rebaño diminuto de naturaleza inerte –se dijo–, semillas que en la saliva del maestro articularon ideas y generaron mundos.
El conserje, abandonó momentáneamente la estancia y Franky quedó solo. Tenía al alcance de la mano la mesa, el vaso de whisky, unas pocas cuartillas a medio llenar de una letra indecisa, difícil, jeroglífica... y ¡las pepitas de aceituna! … allí, allí mismo.
Como un autómata salvó la altura del cordón que delimitaba el espacio prohibido y con mano temblorosa se atrevió a tomar un hueso de aceituna. Lo alzó a la altura de los ojos, quizá buscando en él los destellos de una joya. Se lo llevó a la boca con gesto de comulgante y sintió un contacto frío que pronto se atemperó en el lecho pastoso de su lengua.
Su voluntad se le antojaba el liviano objeto que las olas traen y llevan a capricho. También su entendimiento parecía haber perdido pie. La pepita reseca, endurecida, añorante de saliva, se impregnaba de la suya como un fluido vivificante que se mezclara con la del maestro. Experimentó varios sentimientos encontrados: desconfianza, conmiseración, ternura, estupefacción y algo de despecho.
La mente esclarecida del maestro había penetrado en la suya como el hueso de aceituna en su boca. Supo entonces que Beemaster no se tenía a sí mismo por importante, cuanto más se elogiaba su obra, más dudaba de ella. ¿Y cuál era su opinión sobre la literatura española? ¿Era acaso de segundo orden, como siempre había defendido Franky? Beemaster, que tenía la frustración de no haber podido leer el Quijote en castellano, encontraba la actitud de Franky ante la literatura española similar a la de Madame Bovary, que, incapaz de ver el amor heroico de su marido, lo mendigó de modo patético fuera de casa.
Ignorando si esos pensamientos eran suyos o del maestro, sintió un malestar físico general que tomó como grave recriminatoria al empeño de toda su vida. De su boca, a la par que el hueso de aceituna, salió el proyectil de una palabra: ¡Imbécil! Y, aunque fuera en sus labios donde se articulara, no supo quién la había pronunciado, si él mismo o el fantasma del maestro hablando por su boca. Juan Pedro Aparicio

Tres historias de amor

Desolación

Acababa de publicar su tercera novela cuando su hijo se mató en un accidente. El éxito del libro no logró amortiguar su dolor, que a lo largo de cinco años la mantuvo incapaz de escribir ni una sola línea. Por fin decidió comenzar otra novela en la que intentaría plasmar la amargura que segregaba incesantemente dentro de ella el parásito dañino de la amargura. Resultaron mil páginas, redactadas con nervioso apresuramiento. Los escenarios de la novela eran lugares dominados por las carencias elementales, la injusticia y la violencia, como la mayoría de los espacios humanos. En ellos, unos personajes, Rosa, Alberto, Joaquín y Walter, se relacionaban en sucesivas historias de desdicha y aflicción, como cifras simbólicas de un mundo sin orden ni sentido, presidido por un caos que hacía verterse irremisiblemente cada destino en la tristeza y la muerte. Una relectura pausada del manuscrito le aconsejó eliminar reiteraciones y páginas, lo redujo a 800 y lo dejó apartado durante casi un año, para repasarlo por fin y descubrir que 500 páginas eran suficientes para expresar con certeza lo sustantivo de su ficción. Pero mientras corregía una vez más el texto, fue eliminando situaciones, diálogos y escenas, y lo acortó hasta las 250 páginas. Este fin de semana, en medio de un otoño en el que el viento amontona en el jardín las hojas amarillas de los chopos, ha vuelto a releer el texto y a depurarlo, hasta comprender que, para expresar el sentimiento de lo que permanece incrustado en su corazón, es suficiente una sola página, e incluso una sola palabra. José María Merino

Omega

El reloj de sus días, un Omega de esfera descascarillada, era lo menos valioso en el inventario de los bienes de mi tío Sesmo. Nadie se interesó por él entre los objetos repartidos por los sobrinos sin otra ambición que la de quitarse del medio lo poco que dejaba un soltero sin oficio ni beneficio. No había objetos especialmente preciados en el precario inventario, pero al Omega lo devaluaba además su aspecto, lo que el uso imprime en el deterioro y hasta la inminencia de aquella muñeca a la que estuvo sujeto, la propia mano izquierda de mi tío Sesmo que siempre asomó como una sabandija más allá del puño de la camisa nunca muy limpio.
Me quedé con el reloj. El Omega podía resultar algo así como el residuo vergonzante de un hombre sin destino o la huella más aprensiva de quien en la vida no hizo otra cosa que arrugarse hasta la desaparición, entre el favor de una familia cansada de mantenerlo. Pasaron meses hasta que un día, cuando buscaba cualquier cosa perdida, abrí un cajón y vi el reloj de mi tío Sesmo, en el mismo lugar inadvertido donde lo había dejado como el objeto más invisible del inventario.
Cuando lo sujeté en mi muñeca, después de contemplar la esfera descascarillada y el minutero roto, sentí que mi mano temblaba igual que una sabandija enferma. El vacío del tiempo era algo así como el del alma en el recuerdo de quien apenas lo había empleado, como si Sesmo perviviera en el Omega sin nada que justificase su vida ni, por supuesto, su muerte. Volví a guardarlo en el cajón y el recuerdo rescató la mano de mi tío dando cuerda al Omega, en cualquier momento, cuando yo era un niño y él me guiñaba el ojo con más indolencia que complicidad. El tiempo me hizo languidecer. Las horas inútiles de un pensamiento así de pesaroso. El sudor seco que impregnaba la correa del reloj, como el resultado de la fiebre en la enfermedad de una vida demorada sin ningún sentido. Luis Mateo Díez

Artículo aparecido en el periódico El País (24- 12- 09)

AL ABRIR LOS OJOS




Abrió los ojos y quiso mudar de piel.
No se lo permitieron.
Ahora va perdiendo escamas poco a poco.




Mª Evelia San Juan Aguado.
Oviedo, 29 de diciembre de 2009

MIGUEL CASADO 1

El viernes diecinueve de febrero nos visitarán en la Biblioteca de Asturias Miguel Casado y Olvido García Valdés. Juntos realizarán una lectura de sus poemas. El lugar del encuentro será el Salón de Actos de la Biblioteca de Asturias a las siete de la tarde.
Hasta ese día iremos dando información puntual en el blog.
Para abrir boca os dejamos la reseña que hizo Luis Muñiz en la Nueva España, el día cinco de diciembre de 2009, sobre el último libro de Miguel Casado “ La experiencia de lo extranjero” Galaxia Gutemberg/Circulo de Lectores

Miguel Casado recopila sus ensayos en “La experiencia de lo extranjero”

«Cuando hojeo un libro en la librería y veo que su ritmo y su mundo es previsible, que se acomoda a plantillas bien conocidas, me siento expulsado de la lectura y lo vuelvo a dejar en su mesa o estante». Este comentario de Miguel Casado (1954) no pertenece a ninguno de los ensayos incluidos en La experiencia de lo extranjero; sin embargo, es más que ilustrativo de la actitud con la que el más importante de nuestros críticos de poesía afronta el análisis de los textos: lectura de diferencias, no de semejanzas; lectura, por lo tanto, insumisa, no prescriptiva, de la tradición y sí, en cambio, movimiento de separación («indisoluble», dice, «del gesto constructivo: ésta es exactamente la ley del extrañamiento»): demanda de autonomía, ruptura de los modelos, conflicto, tensión, diálogo crítico, dialéctica.

En el volumen, que recopila los mejores ensayos escritos por Casado a lo largo de las dos últimas décadas, el autor incide a menudo en esta cuestión de la autonomía al señalar como punto de arranque de las poéticas modernas (y de las posmodernas, que son su corolario) el abandono de la imitatio y la conversión del poema en artefacto. Autonomía, quizá ruptura, pero nunca ignorancia, pues, como afirma en «Notas para una crítica de la tradición», «el gesto romántico de rechazar los modelos como norma que debe imitarse no supone un desenganche de la tradición, sino su afianzamiento más radical desde otra perspectiva: la de la autonomía del arte como mundo en cuyo seno se mueve la obra».

En consecuencia, la crítica del también poeta y traductor vallisoletano nace con vocación de atender al texto y a sus mecanismos de composición y desarrollo, en una búsqueda de lo singular que, como él mismo apunta en la nota introductoria, «no opera como juicio o valoración, sino como género de escritura y de pensamiento». De ahí, prosigue, que estos ensayos se conciban «más bien como notas o apuntes que como estudios cerrados» y que desconfíen «de lo que tiende a la generalidad, a la totalización». Lo que no impide que, al mismo tiempo, la reflexión tenga siempre un pie puesto en lo académico y las notas y las citas, sin llegar a ser excesivas, permitan apuntalar con éxito el avance de unos textos que huyen de las clasificaciones, las preceptivas y las «palabras clave que se toman como si su sentido fuera obvio o natural, por supuesto unívoco» (así, «tradición»).

En realidad, el modelo de crítica elegido por Casado se corresponde lúcidamente con el estado de cosas poético heredado del siglo XX, excepción hecha de la involución realista registrada en sus dos últimos decenios: a una obra abierta y objetiva (o sea, autónoma, dependiente sólo de su materia lingüística) se responde con una crítica también abierta, que haga justicia a una «constante metamorfosis» (la del poema antes de poder serlo y, después, cada vez que es leído) «que escapa a toda estabilización»; una «energía singular» que ni se crea ni se destruye, pero se transforma, tal como se explica en el ensayo «Sobre la poesía dilatada», escrito a partir de un famoso fragmento epistolar de Novalis citado por Walter Benjamin.

Para Casado, «la lectura de un poeta consiste, en buena medida, en detectar ese punto en que su texto se hace discontinuo con la cadena de la tradición». Esto supone conceder un papel determinante al momento de la separación, al punto en el que el código asumido o del que se parte entra en conflicto al entablar un diálogo crítico con una tradición exterior a él (en Garcilaso, por ejemplo, los cancioneros cortesanos del siglo XV y el petrarquismo). Y supone, además, plantear la poesía como «una actividad de resistencia» frente a la codificación que, paradójicamente, «sólo puede situarse a la ofensiva»; que tiene ambición, que no se conforma ni se adapta.

Paradójica y discontinua es también, a juicio del autor, la ciencia más reciente, que, como antes la poesía, ha empezado «a exigirse como método (como no-método) la separación y el conflicto». En el único ensayo inédito del libro, «Notas sobre azar y tiempo en poesía», texto de una conferencia dictada en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA en abril de 2007, Casado se apoya en las opiniones del Nobel de Química Ilya Prigogine para acercarse a «las formas pluralistas y no lineales» en las que las ciencias se han internado en el último siglo, donde, dice, «resulta imposible (?) la eliminación de lo imprevisible», y compararlas con las conquistas poéticas, de similar inestabilidad y dependencia del azar, de Gamoneda, Ullán o Mallarmé. Todo ello le sirve para establecer que, «como en la ciencia actual», en la poesía contemporánea «conocimiento y azar no son contrarios, sino espacios reales que (?) se penetran y potencian entre sí»; pero, sobre todo, para sacar provecho de la eliminación del determinismo que acarrea el descubrimiento de lo aleatorio, que es «lo que ocurre realmente y es físicamente analizable, comprensible por la razón, pero que no observa regularidades, viene como acontecimiento singular». Y, ya se ha dicho, lo singular, la «energía singular» que es cada poema que se propone abierto y en conflicto, porque se separa y demanda autonomía y está sujeto al principio de incertidumbre, es el motor y el lugar de trabajo de la poesía.

VER LA MÚSICA

ESCRIBIR A PESAR DE TODO



POR QUÉ ESCRIBO
George Orwell


Desde muy corta edad, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor. Entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros.
Era yo el segundo de tres hermanos, pero me separaban de cada uno de los dos cinco años, y apenas vi a mi padre hasta que tuve ocho. Por ésta y otras razones me hallaba solitario, y pronto fui adquiriendo desagradables hábitos que me hicieron impopular en mis años escolares. Tenía la costumbre de chiquillo solitario de inventar historias y sostener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio se mezclaron mis ambiciones literarias con la sensación de estar aislado y de ser menospreciado. Sabía que las palabras se me daban bien, así como que podía enfrentarme con hechos desagradables creándome una especie de mundo privado en el que podía obtener ventajas a cambio de mi fracaso en la vida cotidiana. Sin embargo, el volumen de escritos serios, es decir, realizados con intención seria, que produje en toda mi niñez y en mis años adolescentes, no llegó a una docena de páginas. Escribí mi primer poema a la edad de cuatro o cinco años (se lo dicté a mi madre). Tan sólo recuerdo de esa "creación" que trataba de un tigre y que el tigre tenía "dientes como de carne", frase bastante buena, aunque imagino que el poema sería un plagio de "Tigre, tigre", de Blake. A mis once años, cuando estalló la guerra de 1914-1918, escribí un poema patriótico que publicó el periódico local, lo mismo que otro, de dos años después, sobre la muerte de Kitchener. De vez en cuando, cuando ya era un poco mayor, escribí malos e inacabados "poemas de la naturaleza" en estilo georgiano. También, unas dos veces, intenté escribir una novela corta que fue un impresionante fracaso. Ésa fue toda la obra con aspiraciones que pasé al papel durante todos aquellos años.

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EL PODER DE UNA BUENA HISTORIA

Una publicidad muy original. Nunca subestimes el poder de una buena historia. Y doble mensaje para los que escriben o desean escribir.
Las historias, las buenas historias, están a nuestro alrededor. Sólo hace falta mirar. Saber mirar.

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EL DESAFÍO DE LA CREACIÓN



El desafío de la creación.
Por Juan Rulfo.


Desgraciadamente yo no tuve quien me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí.

Están ellos platicando; se sientan en sus equipajes en las tardes a contarse historias y esas cosas; pero en cuanto uno llega, se quedan callados o empiezan a hablar del tiempo: "hoy parece que por ahí vienen las nubes..." En fin, yo no tuve esa fortuna de oír a los mayores contar historias: por ello me vi obligado a inventarlas y creo yo que, precisamente, uno de los principios de la creación literaria es la invención, la imaginación. Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.

Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora, yo le tengo temor a la hoja en blanco, y sobre todo al lápiz, porque yo escribo a mano; pero quiero decir, más o menos, cuáles son mis procedimientos en una forma muy personal. Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, por caminos que uno desconoce pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere. Al mismo tiempo, se logra crear lo que se puede decir, lo que, al final, parece que sucedió, o pudo haber sucedido, o pudo suceder pero nunca ha sucedido. Entonces, creo yo que en esta cuestión de la creación es fundamental pensar qué sabe uno, qué mentiras va a decir; pensar que si uno entra en la verdad, en la realidad de las cosas conocidas, en lo que uno ha visto o ha oído, está haciendo historia, reportaje.

A mí me han criticado mucho mis paisanos que cuento mentiras, que no hago historia, o que todo lo que platico o escribo, dicen, nunca ha sucedido y es así. Para mí lo primero es la imaginación; dentro de esos tres puntos de apoyo de que hablábamos antes está la imaginación circulando; la imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. Así aparece otra cosa que se llama intuición: la intuición lo lleva a uno a pensar algo que no ha sucedido, pero que está sucediendo en la escritura. Concretando, se trabaja con: imaginación, intuición y una aparente verdad. Cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer: el trabajo es solitario, no se puede concebir el trabajo colectivo en la literatura, y esa soledad lo lleva a uno a convertirse en una especie de medium de cosas que uno mismo desconoce, pero sin saber que solamente el inconsciente o la intuición lo llevan a uno a crear y seguir creando. Creo que eso es, en principio, la base de todo cuento, de toda historia que se quiere contar. Ahora, hay otro elemento, otra cosa muy importante también que es el querer contar algo sobre ciertos temas; sabemos perfectamente que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas, así es que para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles; no repetir lo que han dicho otros. Entonces, el tratamiento que se le da a un cuento nos lleva, aunque el tema se haya tratado infinitamente, a decir las cosas de otro modo; estamos contando lo mismo que han contado desde Virgilio hasta no sé quienes más, los chinos o quien sea. Mas hay que buscar el fundamento, la forma de tratar el tema, y creo que dentro de la creación literaria, la forma -la llaman la forma literaria- es la que rige, la que provoca que una historia tenga interés y llame la atención a los demás. Conforme se publica un cuento o un libro, ese libro está muerto; el autor no vuelve a pensar en él. Antes, en cambio, si no está completamente terminado, aquello le da vueltas en la cabeza constantemente: el tema sigue rondando hasta que uno se da cuenta, por experiencia propia, de que no está concluido, de que algo se ha quedado dentro; entonces hay que volver a iniciar la historia, hay que ver dónde está la falla, hay que ver cuál es el personaje que no se movió por sí mismo. En mi caso personal, tengo la característica de eliminarme de la historia, nunca cuento un cuento en que haya experiencias personales o que haya algo autobiográfico o que yo haya visto u oído, siempre tengo que imaginarlo o recrearlo, si acaso hay un punto de apoyo. Ése es el misterio, la creación literaria es misteriosa, y uno llega a la conclusión de que si el personaje no funciona, y el autor tiene que ayudarle a sobrevivir; entonces falla inmediatamente. Estoy hablando de cosas elementales, ustedes deben perdonarme, pero mis experiencias han sido éstas, nunca he relatado nada que haya sucedido; mis bases son la intuición y, dentro de eso, ha surgido lo que es ajeno al autor. El problema, como les decía antes, es encontrar el tema, el personaje y qué va a decir y qué va a hacer ese personaje, cómo va a adquirir vida. En cuanto el personaje es forzado por el autor, inmediatamente se mete en un callejón sin salida. Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, precisamente, es la eliminación del autor, eliminarme a mí mismo. Yo dejo que aquellos personajes funcionen por sí y no con mi inclusión, porque entonces entro en la divagación del ensayo, en la elucubración; llega uno hasta a meter sus propias ideas, se siente filósofo, en fin, y uno trata de hacer creer hasta en la ideología que tiene uno, su manera de pensar sobre la vida, o sobre el mundo, sobre los seres humanos, cuál es el principio que movía las acciones del hombre. Cuando sucede eso, se vuelve uno ensayista. Conocemos muchas novelas-ensayo, mucha obra literaria que es novela-ensayo; pero, por regla general, el género que se presta menos a eso es el cuento. Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta. El poeta tiene que ir frenando el caballo y no desbocarse; si se desboca y escribe por escribir, le salen las palabras una tras otra y, entonces, simplemente fracasa. Lo esencial es precisamente contenerse, no desbocarse, no vaciarse; el cuento tiene esa particularidad; yo precisamente prefiero el cuento, sobre todo, sobre la novela, porque la novela se presta mucho a esas divagaciones.

La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas; ésa es, más o menos, la idea que yo tengo sobre la creación, sobre el principio de la creación literaria; claro que no es una exposición brillante la que les estoy haciendo, sino que les estoy hablando de una forma muy elemental, porque yo les tengo mucho miedo a los intelectuales, por eso trato de evitarlos; cuando veo a un intelectual, le saco la vuelta, y considero que el escritor debe ser el menos intelectual de todos los pensadores, porque sus ideas y sus pensamientos son cosas muy personales que no tienen por qué influir en los demás ni hacer lo que él quiere que hagan los demás; cuando se llega a esa conclusión, cuando se llega a ese sitio, o llamémosle final, entonces siente uno que algo se ha logrado.

Como todos ustedes saben, no hay ningún escritor que escriba todo lo que piensa, es muy difícil trasladar el pensamiento a la escritura, creo que nadie lo hace, nadie lo ha hecho, sino que, simplemente, hay muchísimas cosas que al ser desarrolladas se pierden.

CONTADORES DE HISTORIAS, 15-ENERO-2010



Temas para el relato del próximo viernes, 22 de Enero:

* Tema libre con la canción de Depeche Mode Enjoy the silence

* "Vuelta y vuelta"






(Fotografía: vtornika, www.devianart.com)

CONTADORES DE HISTORIAS, 8-ENERO-2010





Temas para el relato del próximo viernes, 15 de Enero:


* Tema libre con la canción de Radio Futura Enamorado de la moda juvenil

* "Liquidamos los precios"



LUCHADORAS





Un cómic de la francesa Peggy Adam da voz a centenares de mujeres torturadas, violadas, secuestradas y asesinadas en México


Para denunciar la impunidad de centenares de crímenes que aún están sin resolver en Ciudad Juárez, la artista francesa Peggy Adam ha recurrido a las viñetas de Luchadoras, un cómic que da voz a centenares de mujeres torturadas, violadas, secuestradas o asesinadas en la urbe mexicana. La inseguridad, el miedo, la desesperación de las familias y las constantes amenazas que sufren las madres de las víctimas que reclaman justicia son sólo una parte del drama que retrata Peggy Adam en esta novela gráfica de menos de cien páginas que es fruto de "la conmoción" que sufrió la autora al conocer algunos testimonios.

La realidad demostró ser mucho peor de lo que yo pensaba", afirma a Efe la autora, que se acercó a la trágica situación que se vive en Ciudad Juárez a través de un artículo de la edición suiza de la revisa de Amnistía Internacional, que califica de "epidemia" el drama y que denuncia la impunidad de centenares de feminicidios. Desde 1993, más de 500 mujeres han sido asesinadas en Ciudad Juárez, muchas de ellas a manos de sus parejas. La corrupción, la obstrucción de la justicia o la destrucción de pruebas ha impedido el esclarecimiento de muchos de estos crímenes cometidos en la ciudad más violenta del país.

"Una ciudad minada por los carteles de droga no puede ser una ciudad de derecho. Atacan a los representantes del orden, a los abogados de las familias, a las familias. Hay incluso policías implicados en el tráfico de drogas y en las violaciones. ¿Cómo se va a hacer justicia en esas condiciones, cuando la corrupción alcanza los niveles más elevados?

Aunque Luchadoras (Sins Entido) es la primera obra de Peggy Adam que se publica en España, sus dibujos han viajado por toda Francia, donde la artista aborda temas de actualidad en diferentes medios de comunicación, colabora en publicaciones infantiles y donde se han editado otros de sus cómics, sobre la posición de la mujer en la sociedad francesa.

Un trabajo que nace de su insaciable curiosidad y que sin duda está marcado por esta máxima: "Cuando algo me conmueve, tengo que hablar de ello". Y lo cuenta a través del cómic porque es el medio en el que mejor sabe hacerlo y porque considera que "está aceptado como un arte en sí mismo, que se ha abierto a todos los públicos" y que, en opinión de la autora, "está al mismo nivel que el cine o la literatura". Adam cree que, a diferencia de hace un par de décadas, el cómic "ya no está sistemáticamente asociado al humor", sino que "es un arte en su totalidad", con multitud de géneros -documental, aventuras, autobiográfico, ficción, dramático o cómico- y que "por algo está denominado noveno arte". La sencillez de unos trazos en blanco y negro llena de luces y sombras el retrato gráfico de estas mujeres, Luchadoras que están en el lugar de los hechos y que, afirma Adam, "intentan hacer justicia".

La francesa confiesa que, a través de las investigaciones sobre las desaparecidas en la ciudad fronteriza, que se ha convertido en un símbolo de la violencia de género a nivel mundial, descubrió que en Francia "cada tres días una mujer es víctima de violencia de género" y lamenta que, aunque estos crímenes "sí estén resueltos" las cifras sean "escalofriantes". Con la esperanza de concienciar más a la gente, Peggy Adam grita en estas viñetas contra el horror que sufre esta ciudad de un millón y medio de habitantes que este año ya se ha cobrado la vida de más de 2.000 personas y que "afecta esencialmente a las mujeres". "Para luchar contra el machismo y la misoginia hace falta que las mentalidades cambien", concluye.

(Artículo aparecido en El País el 8-12-2009)

MARGARET ATWOOD


ENERO

Aroma fresco de narcisos blancos;
es enero, y hay nieve copiosa.
Hace tanto frío que hasta las cañerías se congelan,
y de noche cruje la casa.

Tú salías y entrabas a tu antojo,
pero en invierno te quedabas dentro,
orondo con tus pieles de director de funeraria;
soñabas con la luz del sol,
soñabas con gorriones degollados,
gato negro, que ya no estás aquí.

Si pudieras encontrar tu camino
desde el río de las flores heladas,
el bosque donde no hay comida,
para volver atravesando la ventana de hielo,
para volver por la puerta de aire, cerrada con llave.

MARGARET ATWOOD(2)


LA PUERTA

La puerta se abre,
miras lo que hay dentro.
Está oscuro en el interior,
no hay nada aquí que desees.
Tienes miedo.
La puerta se cierra.

La luna llena brilla,
repleta de delicioso zumo,
compras un bolso,
el baile es agradable.
La puerta se abre
y se cierra tan rápido,
que no te das cuenta.

El sol sale,
tomas un desayuno frugal
con tu marido, aún delgado,
lavas los platos,
quieres a tus hijos,
lees un libro,
vas al cine.
Llueve de forma moderada.

La puerta se abre,
miras dentro:
¿por qué sigue pasando esto ahora?
¿Es que hay un secreto?
La puerta se cierra.

Cae la nieve,
barres el sendero, resollando,
ya no es tan fácil como antes.
Tus hijos llaman por teléfono, a veces.
Te mantienes ocupada.
Lega la primavera.

La puerta se abre:
está oscuro ahí dentro,
hay muchos peldaños hasta abajo.
Pero ¿qué es lo que brilla?
¿Es agua?
La puerta se cierra.


El perro ha muerto.
Ya sucedió antes,
y compraste otro,
pero esta vez, no.
¿Dónde está tu esposo?
Has abandonado el jardín.
El trabajo era demasiado duro.
Por la noche te tapas con mantas;
sin embargo padeces insomnio.

La puerta se abre:
Oh, dios de los goznes,
Dios de los largos viajes,
Has cumplido tu palabra.
Ahí dentro está oscuro.
Te confías a las tinieblas.
Entras dentro.
La puerta se cierra.


Con este magnífico poema que da título a su último poemario, se retoman dos de las motivaciones centrales de la autora: La muerte y la experiencia creativa. Como observa Jay Parini, mientras que el poema y la poeta avanzan a través del tiempo, la misteriosa puerta de Atwood se abre y se cierra a la oscuridad de la muerte. ¿O se abre más bien a las tinieblas del acto creativo? La propia Atwood, en su colección de ensayos Nogotiating withthe Dead, indica que la escritura tiene que ver con la oscuridad y con un deseo o compulsión de penetrar en ella.

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