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RODOLFO WALSH

Rodolfo J. Walsh, (Argentina 1927-1977), maestro de la narrativa en castellano. Su escritura resulta excepcional por su talento literario. Intelectual comprometido con sus ideas, en 1970 inició su militancia en Montoneros. Un año después del golpe militar de Vileda, el 25 de marzo de 19977, cayó en una emboscada en la ciudad de Buenos Aires. Su cuerpo nunca apareció. Ahora todos sus relatos han sido reunidos en un volumen editado por Veintisieteletras. A sus cuatro títulos esenciales: Variaciones en rojo, Los oficios terrestres, Un kilo de oro y Un oscuro día de justicia, se suman otros cuentos publicados en medios periodísticos o en compilaciones parciales.



 
 
Olvidanza del chino
 
Nadie ignora que el chino es uno de los idiomas más difíciles de aprender y más fáciles de olvidar. Un profesor de la Universidad de Pankow ha comparado favorablemente el coeficiente de olvido del chino con el coeficiente de evaporación del agua en el desierto de Gobi, en los meses de verano.
Estadísticas más concretas revelan que un chino adulto olvida diariamente, por simple desgaste (sin contar sustos, accidentes, ni expropiaciones), un término medio de cuarenta palabra se su idioma, que debe reaprender, generalmente, por la noche, si no quiere verse empobrecido y hasta desposeído del lenguaje.
Algunos chinos, confiando en la indulgencia del futuro, postergan todos los días este problema y, en el momento menos pensado, descubren que ya no saben decir papá ni mamá. No siempre son ésas las últimas palabras que se olvidan. Los chinos más ceremoniosos, educados en las antiguas tradiciones, se retiran de toda posible conversación al olvidar la frase “pu kan tang”, que significa “No soy digno” y que se usa principalmente para aceptar una taza de té. Cuando uno ve a un chino que se prepara el té por su propia cuenta y en el mayor silencio, significa que ha salido para siempre de la zona parlante.
El mero desentendimiento verbal, o cero conocimiento del chino, no significa que el proceso haya terminado. Hace ya muchos siglos un filósofo formul¬ó –antes de quedar mudo– la interesante proposición de que la memoria es inagotable y se perfecciona con el ejercicio. Inclusive, cuando ya no queda nada para olvidar, las cuarenta fatales palabras diarias se van acumulando en una especie de “debe” idiomático mediante el simple recurso de computarse como palabra en contra.
Se dan casos extremos de vividores al fiado que llegan a adeudar las cuarenta mil palabras del idioma. Entonces empiezan a olvidar también el japonés y todas las lenguas que no saben, hasta que mueren en la indigencia verbal más espantosa, y el poeta más próximo aprovecha para sugerir que han entrado en el reino… ¿Cómo se dice?

Gregorio, suplemento de humor de Leoplán, 707,
5 de febrero de 1964

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