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EL NEGRO ARTE DE MATAR


Padres literarios del negro arte de matar: Hammett, Chandler y Ross Macdonald

Fue en EE UU, en los años veinte, cuando la novela de detectives abandonó las buenas y elevadas maneras que le habían dado los ingleses.
Era el momento de retratar lo más oscuro e irracional del ser humano.

Duros, solitarios, a veces violentos, de moral ambigua, fascinados por lo más oscuro e irracional del ser humano y capaces de adentrarse en cualquier agujero a cambio de dar caza al asesino: así es como Hammett, Chandler, Ross Macdonald y el a veces olvidado John Carroll Daly crearon a los primeros detectives de novela negra, también llamada hard-boiled.
Un prototipo que ha llegado hasta hoy y con el que se podría dar una buena réplica a quienes en su día apostaron poco o nada por la supervivencia de un género fascinado, sustentado y motivado por lo más oscuro, irracional y sanguinario del ser humano. Una narrativa que goza de todo el favor del público y que sigue acercándose a temas tan grandes como la desigualdad, la injusticia o el exceso de poder. Algo que refleja bien el autor recibió el Premio Pepe Carvalho, el griego Petros Márkaris.
Pero volvamos a los pioneros. Aquellos primeros autores norteamericanos, publicados en revistas pulp como Black Mask (de ahí el nombre de novela negra), empleaban una prosa coloquial, directa y sencilla para mostrar la corrupción, la violencia y los levantamientos sociales de EE UU en los años veinte.
Ellos crearon un tipo de detective que podía enfrentarse al mundo real. El perfecto contrario a aquellos primeros detectives de la escuela inglesa que con su deducción y su refinamiento ponían orden en un elevado caos. El descenso a los infiernos y, por qué no, a la vida misma lo pusieron los maestros de la novela profesional del crimen.
Inteligente Hammett
Con una vida llena de pendientes y viajes al infierno desde niño, cuando trabajaba como ferroviario en condiciones desastrosas, el inteligente Hammett (1894-1964), que se volvería alcohólico y dejaría de escribir los últimos 30 años de su vida, no tenía que buscar muy lejos para crear un mundo de crudeza y violencia. Además, en su juventud había trabajado de detective.
El halcón maltés (1930), donde crea al detective Sam Spade, es su obra más conocida (Bogart encarnó a su personaje central), pero hay quienes, como Héctor Malverde en su Guía de novela negra, muestran preferencia por La llave de cristal (1931). Era la cuarta y penúltima obra del autor de Cosecha roja, La maldición de los Dain y El hombre delgado.
De su pluma salieron dos de los detectives más famosos de la historia: primero, en Cosecha roja, el agente de la Continental, un hombre sin nombre, de 35 años, bajo y gordo, pero honesto y capaz de enfrentarse a una sociedad en decadencia. Después, su detective más popular, Sam Spade, en El halcón maltés. Tras el éxito de esta obra, Hammett se fue a Hollywood como guionista y allí empezó el declive. Sus últimos años no los hubiera trazado ni en la más negra de sus narraciones: vivió de la caridad.
Maestro Chandler
Es el rey, el maestro, el indiscutible dios de la novela negra. Raymond Chandler (1888-1959) es el responsable del inolvidable e influyente Philip Marlowe, el agente franco hasta lo doloroso y el tipo que Bogart convirtió en un icono en la película basada en la primera novela de Chandler, El sueño eterno (1931).
Alcohólico como Hammett, Chandler se había criado como un niño bien en Inglaterra y después había tenido, en EE UU, una notable carrera en los negocios. Todo ello antes de lanzarse a la literatura en 1933. También fueron las revistas pulp las que le dieron la opción y el trampolín.
Chandler haría a su detective mirarse bien hacia dentro, dándole el definitivo toque de introspección. Tal vez el escritor, que intentó suicidarse y sufría depresiones, necesitaba que su detective exorcizara algunos fantasmas.
El autor de El largo adiós o El simple arte de matar, que nunca escribió más palabras aunque le pagaran más en las revistas por cada una que añadiera, rompió también otro de los tópicos: se casó con una mujer 18 años mayor que él y la cuidó hasta su muerte.
Corrector incansable, encontró en la ironía y el cinismo el sello para un estilo que le hizo único. Adiós, muñeca, La ventana alta, La dama del lago o Asesino bajo la lluvia son algunas de las muchas obras que nos dejó este maestro.
Fascinante Macdonald
Ross Macdonald (1915-1983) es el tercero (junto a Chandler y Hammett) en el más aceptado triunvirato creador de la novela negra. Este doctor por la Universidad de Michigan, cuyo nombre real era Kenneth Millar, creó al fascinante detective Lew Archer, el híbrido perfecto que entre Chandler y Hammett habrían dado a luz. Un agente que va más allá que sus ‘padres’ y entiende que el crimen jamás terminará.
El niño abandonado por su padre queda siempre en Macdonald dándole a su narrativa parte de todo aquel pasado del que era imposible deshacerse. Así, no extraña que su detective mire con tanta crudeza y crítica la sociedad que lo rodea.
Según la escritora Eudora Welty, la suya es “la serie más refinada de novelas detectivescas jamás escritas por un estadounidense”. El blanco móvil o El caso Galton son algunas de las mejores novelas de un autor que, tras coronar altas cimas literarias, moriría de alzhéimer en 1983, totalmente ajeno a lo que había hecho y a quién había sido.
El pionero casi olvidado
El injustamente olvidado Carroll John Daly (1889-1958) tiene en su cartera de méritos uno fundamental: haber sido el primero en crear un personaje que sería el padre de los mejores y más conocidos detectives hardboiled: Race Williams. El tipo duro y agresivo capaz de darle la réplica a una sociedad llena de oscuridades. Tal vez no fuera él quien le diera la calidad al género, pero sí quien creó el primer detective, en 1922, en The False Burton Combs. Su detective sería el inspirador de los creados por Chandler y Doyle.

(20 Minutos 04/10/2011. Paula Arenas)

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