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PERE GINFERRER

Quiero ser muy antiguo y muy moderno a la vez.

Pere Gimferrer no ha participado todavía en ninguna edición de Cosmopoética. Pero no duda de la eficacia del festival: “Seguro que bastantes de los oyentes que van a las lecturas luego acaban leyendo ellos directamente los poemas”. Este viernes se estrenó en la cita cordobesa. Junto a José Luis Rey, el último ganador del premio Loewe y miembro también de la “familia imaginista”, recitó sus versos en Lucena. “No me tengo por buen lector”, afirma dudando de sus posibilidades. Aunque se sacude cierta inseguridad con un ejemplo definitivo: “Cernuda tampoco lo era y llegó a grabar un disco”.


PREGUNTA.- Al escribir poesía, dice que el sonido y las palabras preceden al sentido, que siempre termina llegando...

RESPUESTA.- No, no es que llegue, es que ya está en el mismo momento en el que escribo cualquier poema. Es verdad que la principal preocupación al escribir es el desarrollo rítmico y la creación de imágenes. Pero las palabras no son entidades abstractas, porque todas están conectadas con una realidad, con un sentido, a diferencia de las notas musicales o los colores.


P.- ¿Acepta el adjetivo neoclásico para que describan su ideario poético?

R.- Es una etiqueta de la historia del arte que remite a ciertas formas artísticas del siglo XVIII y algunas del XIX. Lo que sí he tenido claro siempre es lo que decía Rubén Darío de ser muy moderno y muy antiguo a la vez. Pero por esto no creo que se pueda describir como neoclasicista.

P.- ¿Sigue teniendo claro que a un poeta no le conviene escribir algo que no se pueda ver?

R.- Sí, es algo que me enseñó Cabral de Melo y lo tengo muy presente siempre. Es difícil que un lector acepte algo que no puede visualizar.

P.- ¿Le parece eficaz una iniciativa como Cosmopoética para inocular el gusto por la poesía?

R.- Totalmente. Lo que no sé es cuántos de esos oyentes que acuden a las lecturas luego pasan a leer la poesía directamente. Pero seguro que son bastantes.

P.- Y usted, ¿cómo lleva lo de leer en público?

R.- No me tengo por buen lector, aunque tampoco Cernuda lo era y llegó a grabar un disco. Los que sí tenían condiciones excepcionales para declamarla eran Alberti, Ungaretti y Dylan Thomas. A la gente ahora le gusta mucho que le lean poesía, pero hay que decir que la poesía contemporánea está más hecha para lectura personal que para ser recitada, justo lo contrario que en el mundo antiguo.

P.- ¿Y de José Luis Rey, su compañero de lectura, reciente ganador de Loewe, qué opinión tiene?

R.- Él ha escrito un libro sobre mí. Y en su primer libro publicó una carta personal mía a modo de introducción. Es un poeta muy dotado, que pertenece a la familia del imaginismo, a la que yo también pertenezco. Sigue una línea cercana a la mía, pero cada uno tenemos nuestra voz.

P.- ¿Cree que está en vías de solución el problema del catalán literario con la lengua coloquial y cotidiana, que usted ha señalado en diversas ocasiones?

R.- El problema del catalán está en uno de sus aspectos más genuinos y valiosos: la vigencia de vocablos medievales que en otras lenguas han desaparecido. Eso tiene su lado bueno: conservar su fuerza original. Y su lado malo: que con esas palabras no siempre es posible escribir un poema contemporáneo. Pero no es un problema privativo del catalán. También se da en castellano, francés e italiano. El que sí es particular del catalán es que desde el Barroco hasta el siglo XIX no tiene una obra poética de importancia.

P.- Octavio Paz dijo -en el mejor sentido- que usted siempre sería un poeta joven. ¿Está de acuerdo con él, a su edad?

R.- En el sentido que él lo decía, en el de que Lorca y Apollinaire siempre fueron jóvenes, y Elliot, por el contrario, siempre fue mayor, sí, puedo estar de acuerdo. Y como persona también compruebo que reacciono igual, con la misma vehemencia, que cuando tenía menos años ante determinados estímulos: una película, un cuadro...

Alberto Ojeda El Cultural

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