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DON CAMILO

"El talón de Aquiles de Peppone se llamaba Michele, muchachote de manos grandes como palas y tan greñudo que hacía pensar en esas hayas que a fuerza de ser podadas, quedan reducidas a gruesos troncos encapuchados con estúpidas bolas de hojas. Viajaba en un trasto de motocicleta con bolsas adornadas de bollones y flecos a lo cowboy, y lucía un chaquetón negro en cuya espalda había hecho pintarrajear una blanca calavera y la palabra «Veneno».
Michele, alias Veneno y último de los hijos de Peppone, era el único melenudo del pueblo, pero se bastaba y se sobraba, porque, además de tener una fuerza de búfalo, sabía usarla condenadamente bien. Veneno era el jefe de los melenudos esparcidos por la Bassa, y, cuando se movía con su pandilla, temblaba la tierra.
Pero había otras grandes novedades en el pueblo de don Camilo: desaparecido el viejo Piletti, la farmacia fue ocupada por una joven doctora de la ciudad que se había trasladado al pueblo cobijado tras la orilla del gran río, en compañía de su marido, también doctor.
Por su parte, Peppone había transformado su taller en un gran establecimiento en el que se vendían a plazos automóviles, motocicletas y electrodomésticos de todas clases. El dinero para montar el negocio lo habían facilitado los camaradas de la sección, convencidos por el razonamiento de Peppone: «Si el pueblo trabajador quiere automóvil, lavadora, televisor, nevera, etc., vendámoselos nosotros. El beneficio quedará en el pueblo trabajador, porque las ganancias serán repartidas entre los accionistas...»

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