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LA SED DE SAL; GONZALO HIDALGO BAYAL


 
 

Busqué por los entresijos de la memoria la continuación, pero no di con ella, pues no soy dado a rimas y ni a conjuntos de retórica, como decía un profesor que tuve, a rimes y ridetes. El espíritu está pronto, pero la mente es flaca y la lírica es esquiva. La vida sólo es soportable, decía, porque es combinación de comedia y drama: malo es que haya sólo drama y peor aún que sólo haya comedia(y yo diría que subrayaba con sorna la palabra comedia). Así que me limité a contemplar mi estado, los despojos de mi estado, sobre la maqueta aciaga que extendía a mis pies el anticipo de mi perdición. Todo esto será tuyo si postrado me adorares, dije abarcando con la mano tanto residuo de abastos. Al cabo de mucho rato, cuando la propia compasión me había llevado hasta tales abismos de abatimiento que ya no podía inspirarme más lástima (había hablado en voz alta dos o tres veces, me estoy volviendo loco, dije), se me ocurrió recoger del suelo una bola de papel, de forma mecánica, sin mayor interés, arrugada, estrujada, y la fui abriendo y alisando.

LA SED DE SAL, Gonzalo Hidalgo Bayal, Tusquets Editores.

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