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INTENTO DE ESCAPADA; MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Sí, ella fingió. Él sin embargo, no pudo hacerlo. Y esa noche pensé que quizá ella fuese la verdadera artista. Porque el artista siempre finge. El artista es un sujeto. Y los sujetos fingen. Flanagan, sin embargo, se convirtió en un objeto, en el material de Rose. Y por eso dejó de ser un artista. Porque un objeto no puede ser un artista. Quizá entonces Flanagan fuese la obra de arte. El objeto, el material, la forma. Y Rose, la artista. O quizá no. Quizá Flanagan fuese al mismo tiempo sujeto y objeto, artista y arte, igual que la prostituta, que es vendedora y mercancía, sujeto y objeto, voluntad y piedra, al mismo tiempo. Pero las prostitutas no se gastan, o se gastan menos. Y Flanagan sí que se gastaba. O, bien pensado, las prostitutas también gastan. Pero el objeto de Flanagan estaba ya gastado. O, mejor, convertido en mero objeto. Un cadáver abyecto. La obra de arte total. La vida como obra de arte. Y la muerte, sobre todo, la muerte, la última frontera, el límite que nadie aún se había atrevido a cruzar. El límite que Flanagan franqueó. O quizá no lo franquease, quizá todo era sólo un intento frustrado, y quizá ahí no hubiera arte alguno. O quizá, en el fondo, lo único que ocurría era que se había hecho demasiado tarde y mi cabeza ya no daba para más. Por eso apagué el ordenador y lo puse sobre la mesita de noche.
INTENTO DE ESCAPADA , Miguel Ángel Hernández, editorial Anagrama

 Atractiva y lograda por su composición, es, sin embargo, por el contenido por lo que Intento de escapada merece mayor atención. Un argumento original cuenta las vicisitudes del joven licenciado en arte Marcos al convertirse en ayudante de un transgresor artista plástico, Jacobo Montes, creador de perfomances e instalaciones revulsivas. La enajenación y carácter visionario de Montes abisma al mozo en una profunda conflictividad personal. En paralelo, su propia imagen de patito feo le provoca graves dilemas a causa de la seducción que ejerce en él Helena, su profesora y avalista de Montes. Esta historia de complejas relaciones humanas, sostenida en los motivos del poder, la humillación, la dignidad y el sexo, tiene las trazas de una interesante exploración psicologista, un tanto dostoievskiana, cuyo diseño general coincide con una aproximación clásica al relato de maduración.

Santos Sanz Villanueva El Cultural

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