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SUPERCÓMIC

portada de 'Supercómic'

Título: Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea | Varios Autores |  Santiago García (Coor.) |Editorialerrata naturae | Colección:Fuera de colección Género: Novela gráfica | ISBN: 9788490064412 |Páginas: 360 | Formato:  14 x 21,5 cm. PVP: 21,90 € | Publicación: 1 de abril de 2013


'Supercómic'
Varios autores
Precaución: este libro no es una historia del cómic. Tampoco es una guía de lectura ni una lista de la compra para principiantes. Dios nos libre. Este libro es un conjunto de ensayos lúcidos, heterogéneos y desacomplejados sobre el cómic actual: sobre sus mutaciones fundamentales en todo el mundo a lo largo de los últimos años. Porque el cómic ha cambiado mucho últimamente, y con él sus lectores. Hasta hace unos años, el lector adulto de cómics era casi siempre alguien que vivía en el recuerdo melancólico de sus lecturas infantiles y adolescentes. Ahora, sin embargo, los nuevos lectores adultos compran cómics porque su lectura les resulta tan estimulante y enriquecedora como una novela de Roberto Bolaño, un capítulo de The Wireo la última película de los hermanos Coen. A ellos se dirige este libro.
¿Y de qué tratan entonces estos ensayos? De la importancia que han tenido en el cómic y en su reciente transformación temas como la autobiografía, la memoria, el periodismo en viñetas, la reinvención de los superhéroes, el manga más heterodoxo, el nuevo género negro, el tebeo como ensayo, la representación extrema de la sexualidad o la nouvelle bande dessinée francesa.
Y por si acaso sintieran que tras leer estos textos, escritos por algunos de los grandes especialistas nacionales e internacionales, les faltara algo, incluimos también un maravilloso cómic inédito de Max y Mireia Pérez: un historietista consagrado y una de nuestras mejores promesas de la viñeta a la búsqueda conjunta y delirante de la historia perfecta.

INTRODUCCIÓN
En 1964, la National Cartoonist Association, organización profesional que agrupa a los historietistas de EE UU, invitó a Roy Lichtenstein a encontrarse con sus miembros en su sede de Nueva York. Poco imaginaba el pintor pop, que por entonces estaba en la cumbre de su recién obtenida fama artística, que la invitación era en realidad una encerrona. Los dibujantes habían visto sus cuadros basados en viñetas de cómic expuestos en las galerías y habían reconocido sus propios dibujos. Indignados porque alguien estuviera obteniendo fama y dinero con las mismas imágenes que ellos realizaban a destajo, mal pagados y sin reconocimiento alguno, querían despellejar al saqueador de su trabajo. «Le dejaremos hablar un rato y luego lo crucificaremos», se dijeron los historietistas.
     Pero el discurso de Lichtenstein lo cambió todo. En lugar de subrayar que lo que hacía él era distinto de lo que hacían ellos, y de explicarles que él trabajaba en la esfera del arte elevado mientras que ellos eran meros artesanos de la industria de consumo, se presentó como un igual, como un artista que buscaba ganarse la vida por cualquier medio disponible y que había encontrado el filón en las viñetas de cómics. Eso era algo que podía entender su público, al fin y al cabo formado en su inmensa mayoría por dibujantes que se ganaban la vida imitando el estilo de otros dibujantes. Abandonando cualquier discusión estética o artística, Lichtenstein abordó el tema de la única manera en la que él sabía que se podía abordar ante una asamblea gremial: en términos profesionales. El arte de galería, bajo ese prisma, no dejaba de ser una cuestión de oficio y de comercio.
     Lichtenstein se metió en el bolsillo a los dibujantes, que guardaron las guadañas y apagaron las antorchas, con su orgullo artesanal a salvo.

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