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MIRÓ Y MAGRITTE

Una exposición ahonda en la relación de Miró con la poesía a unos metros del museo consagrado al surrealista belga

Habrán pasado 84 años y sólo durará unos meses, pero Joan Miró y René Magritte vuelven a competir. En el París surrealista de 1927, los dos artistas discutieron agriamente, dos obras maestras mediante, sobre la capacidad de la pintura para representar la realidad. Miró había creado Este es el color de mis sueños, al que Magritte respondió con Esto no es una pipa. Desde mañana y hasta junio, una exposición reune en Bruselas 120 obras que repasan buena parte de los períodos artísticos del pintor catalán.


Enfrente al espacio cultural ING, que acoge la muestra, lucen las ventanas decoradas con cielos azules y las nubes blancas del Museo Magritte, convertido dos años después de su apertura en uno de los principales estandartes de la capital belga.

La exposición, Pintor-Poeta, investiga la relación de Miró con la lírica a través de obras mixtas en las que participaron poetas como André Breton, con el que editaría la serie de Constelaciones junto a textos del francés. Los Museos Reales de Bélgica, autores de la muestra, creen que la poesía como género es un elemento transversal de la obra de Miró. Se deja ver, según Michel Draguet, su responsable, en los siempre presentes finos trazos negros, líneas dispuestas a formar palabras, en el gusto de Miró por el collage y en su madurez en su pasión por los haikus, que cultivaría fecundamente tras su paso por EEUU y su visita a Japón en los años 60.
"Para mí, un cuadro debería ser como las chispas. Debe deslumbrar como la belleza de una mujer o de un poema", llegó a asegurar Miró, que además de pintar versos se implicaría en la edición de libros como Hablar solo, con el poeta Tristan Tzara o A toda prueba, con Paul Èluard. Miró "reconoció vivir como un poeta, pero no como una elección ética, sino formal", aseguró ayer la experta Claudia Beltrano Ceppi Zevi, durante la presentación de la exposición.


Marcado por dos guerras


En la poesía como en la pintura, la obra del autor catalán es fruto de una gran dosis de reflexión. Y en su caso particular, dos guerras marcaron el resultado de sus reflexiones, lo que lleva a Draguet a concluir que Miró "apareció con las guerras": la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial.


Lejos del "infantilismo que se le atribuye, lo que persigue es la reducción de la realidad", según Ceppi Zevi. No le bastó "con un instante para trazar una línea", según aseguró él mismo. "Me han hecho falta meses, quizás años de reflexión para concebirla, y esta simple línea es la prueba de que he conquistado la libertad, que para mí es conquistar la simplicidad". Según Draguet, "para él, la forma de trabajo de pintor y poeta eran la misma: primero surge la palabra, y luego se construye la idea". Influido por ese principio, el autor aseguró querer "destruir todo lo que existe en pintura" para abrir la puerta "a otro porvenir sin ideas falsas y contra todos los fanatismos".


Sus Constelaciones, así como los numerosos cuadros influenciados por poetas surrealistas en los que se ven miles de pájaros, noches y mujeres, demuestran que Miró hacía "cuadros-poesía o poesías-cuadro", en palabras de Patricia de Peuter, directora artística del grupo ING. En ellos volcaba libertad y simplicidad al servicio de lo que él llamó "el espíritu puro".
 
(DANIEL BASTEIRO Bruselas 23/03/2011)

Los versos de Miró compiten con Magritte

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