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UN CUENTO DE NAVIDAD


En Boston Common, una estrella roja
Brilla conectada a un majestuoso olmo
Americano. Los Reyes Magos se acercan
A la State House, coronada por una cúpula.

El viejo José lleva un bastón con punta de acero.
Dos bueyes de cera flanquean al niño.
Una oveja negra guía el rebaño del pastor.
María, mansa apacible.

Los ángeles-más femeninos y dulces
Que los modelos de Bonwist’s o Jay’s,
Y con unos halos tan resplandecientes
Como Sirio-alzan sus trompetas doradas.

De S.S. Pierce, anuncian
Con su campanilla las mujeres de nariz roja y capa azul,
Sólo por dinero. ¡Dios, las muchedumbres son feroces!
Resuenan los villancicos.

En Winter Street, en Temple Place.
Los caniches hornean galletas en
Los escaparates de Filene’s.
Donner, blitzen,

Y todos los renos de Santa Claus que,
Con el permiso de la Comisión del Parque, pacen
La hierba que antaño alimentaba a las vacas de Boston,
Nos conceden su gracia. Al unísono

En Pincckney, Mount Vernon, Chesnut,
Se abren las puertas enguirnaldadas a la multitud.
¡Navidad! ¡Navidad! Ninguna boca cerrada.
A grito pelado y desafinado.

El populacho canta de cara a los alfeizares
De las ventanas con extraños cristales violetas.
¡Ah, la Pequeña Ciudad sobre la Colina!
Los cordiales esfuerzos.

De los campanilleros y de los cantantes avivan
Las palomas roídas por la escarcha, y el remolino avanza
Desde la Charles Street a la Custom House,
desde la Estación del Sur a la del Norte.

Sylvia Plath

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