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TALLER DE ESCRITURA-2, NOVIEMBRE-09

Nos ponemos al día con el Taller de escritura2.

Las parejas de palabras sobre las que había que escribir un breve relato, de entre 10-15 líneas, han sido hasta ahora las siguientes:

1) Asiento y cartógrafo
2) Bosanova y escabeche
3) Holandés y vainilla

-Describir el cuadro "La balsa de la medusa" de Gericault. Intentar hacer una descripción real, aséptica. Escribir no lo que nos sugiere, sino lo que ven nuestros ojos.

Según la R.A.E. describir es:
1. tr. Delinear, dibujar, figurar algo, representándolo de modo que dé cabal idea de ello.
2. tr. Representar a alguien o algo por medio del lenguaje, refiriendo o explicando sus distintas partes, cualidades o circunstancias.
3. tr. Definir imperfectamente algo, no por sus predicados esenciales, sino dando una idea general de sus partes o propiedades.

Una descripción literaria es básicamente lo mismo, pero cumple el propósito de ambientar una narración. En otras palabras, al describir, el autor busca que los lectores vean en su imaginación lo que él está visualizando en la suya. Describir es hacer ver, no explicar.



Prólogo de las NOVELAS EJEMPLARES

Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño...

Miguel de Cervantes

(Imagen: Invento de Matt Robinson, 2009. Para los que tenemos el empeño de escribir: mucha goma de borrar y menos mina de lápiz)

7 comentarios:

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

15 de diciembre de 2009, 9:49  

Hola, aquí doy el puntapié inicial para que mis compañeros de taller se animen a participar. ¡No me dejen sola!

Minirrelato con las palabras bossa nova y escabeche


Prendado de vos


- ¡Por fin en casa! -, exclamaste al entrar. Yo estaba abocado en la preparación de tu tentempié favorito: las berenjenas en escabeche. Nunca pude entender cómo no te cansabas de comerlas, una y otra vez.
- El olorcito se siente desde abajo -, me dijiste con tu alegría habitual, y la verdad es que no lo dudaba; las berenjenas solían apestar todo el edificio.
Te pusiste cómoda: tus pantuflas gastadas y el desabillé, y al rato, desde el comedor, empezó a llegarme tu música preferida: ¡otra vez la dichosa bossa nova! Tampoco podía entender cómo no te aburrías de escuchar siempre lo mismo.
Sí, eras de costumbres, previsible, sencilla, y quizá por eso me quedé prendado de vos al instante, porque irradiabas una plenitud vital que yo no tenía. Te gustaba vivir de forma simple, y entre tus pequeños placeres cotidianos estaban mis berenjenas en escabeche y tu incansable bossa nova, bailada en pantuflas y desabillé.

15 de diciembre de 2009, 9:52  

BOSSA NOVA/ESCABECHE

ESCAPANDO

Feliz, con hambre y sin saber donde iba a dormir. Así se encontraba Froilán en la entrada de la estación de autobuses. Mientras camina un poco para respirar el aire de la ciudad y estirar las piernas, después de un extenuante viaje,escucha una música que parece bossa nova, viene de un café .Decide entrar. Pide una coca cola con un pincho de atún en escabeche. Frente a él está sentada una pareja joven. Discuten, como suelen hacerlo sus padres, el tono es cada vez más alto, hasta que él comienza a apretarle el antebrazo, se nota que le duele, cuando se escucha un golpe seco, de una bofetada. Todo esto sucede ante la mirada inerte de la gente de las otras mesas que se limitan a eso: a mirar.Él no puede mantenerse al margen e interviene en auxilio de ella, como acostumbra a hacerlo con su mamá. Termina magullado en el hospital pero sabiendo donde iba a dormir.

15 de diciembre de 2009, 22:26  

Microrrelatos con las palabras holandés y vainilla:

Contactos

- Che, ¿sabés algo del nuevo vecino?
- Sí, me enteré que es holandés, de mediana edad, culto y que está solo.
- ¿No me digas?
- Parece ser que le gusta viajar, el buen vino y el helado de vainilla.
- Tentador…


Holanda

- ¿Y?, ¿ya sabés adónde querés ir a estudiar?
- Sí, a Holanda.
- ¿A Holanda?, pero… ¿qué se te perdió a vos ahí?
- No sé, qué se yo, me gusta.
- Mmmmmm, ya sé lo que querés vos, ¡engancharte a un holandés! Lo que menos vas a hacer es estudiar…
- Noooo, si ya te prometí que voy a estudiar mucho, che.
(Al rato)
- ¡Qué olorcito!, ¿qué hiciste de rico?
- ¿No adivinás?
- Y, por el olorcito a vainilla tiene que ser mi torta preferida, ¿no?
- Y sí, tengo que mimarte un poco más antes de que te vayas.
- Bueh, che, no seas tan dramática, si sólo me voy unos meses nomás.
-Y, pero la que se queda acá sola con tu padre soy yo, mientras vos mirás holandecitos y tulipanes… Vení, tomá, marche el corazón de la torta para la princesita de esta casa.

16 de diciembre de 2009, 13:12  

Descripción del cuadro La balsa de la Medusa, de Géricault:


En primer plano hay un montón de cuerpos macilentos apretujados, con brazos y piernas fláccidos, colgantes. Un hombre en actitud pensativa se apoya sobre un torso desnudo sin vida; un paño rojo le cubre la cabeza. A la derecha hay un grupo de personas que alzan sus brazos implorantes al cielo. Los que están más adelante enarbolan unos trapos al aire, haciendo señas. Hay crispación y nerviosismo en sus rostros.
Vivos y muertos se hallan encima de tablones de madera atados con cuerdas, especie de balsa improvisada que flota a la deriva en un mar lleno de oleaje. La balsa tiene un mástil y una vela inflada por el viento. El cielo está cubierto de negras nubes amenazantes. Anochece.

19 de diciembre de 2009, 20:27  

Descripción: LA BALSA DE LA MEDUSA


Me desvanecí y… Entré en una sala y me di de narices con un lienzo que ocupaba una de las paredes. En un primer plano iluminado: la balsa de madera, diminuta en ese océano y para tanta humanidad. La apatía dibujada en la cara del viejo, sentado cual figura griega, sosteniendo un cuerpo sin vida entre sus piernas rodeado de otros tantos, desperdigados sobre la balsa maltrecha o devorados por las aguas, y él esperando como un estoico, el fin. En el medio, los del medio, que siempre esperan, los débiles. En contraposición, la ilusión, representada por unos jóvenes agitando sus pañuelos, luchando por sobrevivir. Pero Poseidón y las Moiras reclaman su pago. Emboscada de nubes negras y viento en contra.
Vuelvo en mí y me parece un cuadro que vi alguna vez, que tenía que ver con un naufragio ocurrido hace tiempo, pero me confundo con las balsas de cubanos que llegan a Miami o las que alcanzan la península ibérica desde África.

19 de diciembre de 2009, 22:18  

Las hojas de otoño

Hace ya seis meses que te has ido.
Observé impávida por la ventana como caía la última hoja de otoño.
El parque parecía ahora un espectáculo espectral cubierto por una alfombra de naturaleza muerta.
El espécimen embolsado de tulipán holandés que me trajiste con tanto cariño, esperaba resignado en la repisa el momento de darse al mundo.
Después de todo, ya nunca lo verías nacer.

- Desayuna,- le digo a nuestro hijo en cuanto atraviesa la puerta- el desayuno es la comida más importante del día.
- No va a pasar nada sí un día me saludas como la gente normal- replica indignado- ¡Buenos días, querido hijo! Espero que hayas dormido bien y no tuvieses pesadillas después de leer Hamlet…

Sin duda el sentido del humor es otra de tantas virtudes que no heredó de mí.

Está enfadado conmigo desde que te has ido. Creo que él piensa que tengo la culpa de todo. Y cuando digo todo, es todo: la contaminación medioambiental, los niños del Chernóbil, los doctores muerte en la Segunda Guerra mundial, el éxito de los libros de Dan Brown…

Nuestro hijo adolescente no duda en intentar sacarme de quicio echándose una bola enorme de helado de vainilla sobre las tostadas de pan integral. Pero lo cierto es que no me molesta, porque estoy empezando a perder el interés por todo.
Me siento fría y marchita. Soy como el grotesco espectáculo que observo desde mi ventana: un manto de hojas muertas.

Cuando nuestro hijo sale precipitadamente para ir al instituto rompo a llorar.
Todas las mañanas es lo mismo. No puedo evitarlo.
Espero poder salir de esta espiral en la que me he metido. Este irremediable quiero y no puedo, estas ganas de vivir frustradas.

Algún día tendré que dejar de esperar tu regreso.
Tal vez muy pronto, con el cambio de estación.

Nuria García Barbé

27 de diciembre de 2009, 21:53  

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