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UN POEMA QUE DEFINE A TOMAS TRANSTRÖMER

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Allegro
Toco Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.
Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.
El tono es verde, vivaz y calmo.
El tono dice que hay libertad
y que alguien no paga impuesto al César.
Meto las manos en mis bolsillos Haydn
y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.
Izo la bandera Haydn —significa:
«No nos rendimos. Pero queremos paz».
La música es una casa de cristal en la ladera
donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.
                                                             Y ruedan las piedras y la atraviesan
                                                             pero cada ventana queda intacta.

(Poema de Tomas Tranströmer cedido por Nórdica Libros)

22 CONSEJOS PARA ESCRIBIR

-UNO-

 Recuerda: cuando alguien te dice que algo no encaja o
que no lo ha entendido, casi siempre tiene razón. Cuando te dice exactamente lo que le parece que está mal y el modo en el que deberías arreglarlo, casi siempre se equivoca. 
 
Neil Gaiman 



(Foto: Johnny Swing)

THE FANTASTIC FLYING BOOKS

SALVO EL CREPÚSCULO



El haiku: una forma “literaria” de aprehender el momento

El haiku cuenta hoy con un gran número de seguidores en los países de habla hispana, especialmente en Latinoamérica, que han podido estar al tanto de las actividades realizadas en el curso a través de la red y que son asiduos colaboradores de El rincón del haiku y otros foros y revistas digitales dedicados a estas composiciones japonesas. Curiosamente la dirección de esta web recuerda el título de un libro que sobre el género publicó en 1999 el uruguayo Mario Benedetti, Rincón de Haikus.
Uno de los primeros escritores hispanoamericanos que se sintió atraído por la literatura nipona en general, y por el haiku en particular,  y también uno de los primeros en dar a conocerla en su país, Méjico, fue el premio Nobel de Literatura Octavio Paz con la traducción y publicación en 1955 – junto a su amigo japonés Eikichi Hayashiya- de Oku no Hosomichi (Sendas de Oku) un libro de viajes que combina prosa y verso denominado haibun, una de las obras más conocidas de Matsúo Bashô (1644-1694), considerado el padre del haiku y uno de los cuatro grandes maestros junto a Yosa Buson, Isa Kobayashi y Masaoka Shiki.
Posteriormente otros escritores como Jorge Luis Borges se han acercado de manera ocasional a este género, de hecho la obra de Julio Cortázar Salvo el crepúsculo, toma su nombre del último verso de un haiku compuesto por Bashô  y traducido por Octavio Paz
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
En España algunos escritores se han aproximado al género con mayor o menor profundidad y acierto como Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén o Antonio Machado al que pertenecen los siguientes versos
Tan solitaria
una pluma de cuervo
en la nieve
que recuerdan demasiado a otros del maestro Bashô
Un cuervo horrible
qué hermoso esta mañana
sobre la nieve

LEER LA MENTE


Leer la mente, el cerebro y el arte de la ficción.
Jorge Volpi
Alfaguara (Madrid, 2011)

 
Leer la mente es en realidad la justificación de una tesis elemental y al mismo tiempo clarividente, que la literatura sirve como elemento de prognosis, es decir, de anticipación de los acontecimientos futuros. Al introducirse a través de la lectura en los pensamientos y los sentimientos ajenos, el cerebro procesa situaciones hipotéticas que pueden servir en un futuro para afrontar experiencias personales. Se mencionan estudios neurológicos que confirman que los circuitos neuronales que se ponen en marcha al imaginar una situación son los mismos que lo hacen cuando la situación se presenta en el mundo real. Conclusión: el cerebro aprende a través de la imaginación, y la literatura (o los videojuegos) constituyen una especie de simulador emocional y experimental que ayuda a la sobrevivencia del individuo y de la especie. Volpi habla de los genes egoístas, de las neuronas espejo (aquellas que permiten la imitación espontánea de gestos y palabras), de los gráciles bucles de Hofstadter (reconocida influencia para la composición de este libro)… Volpi tiene la virtud de apropiarse de tópicos bien conocidos de la divulgación científica para llevarlos a su terreno, al de la lectura y su doble mimético, la escritura. Otra idea interesante defendida en este ensayo es la de que el yo no es sino una ficción, algo así como el relato que nos hacemos de nosotros mismos, una construcción artística, al fin y a la postre. El propio Volpi da ejemplo de esta última tesis al introducirse reiteradamente en el discurso e incluso poniéndose como ejemplo a la hora de mostrar el proceso de elaboración de una novela (En busca de Klingsor). El único pero que se me ocurre ponerle a este ensayo es el carácter marcadamente evolucionista que otorga Volpi al surgimiento y al despliegue de la capacidad de hacer ficción por parte del ser humano, no porque el evolucionismo no pueda ser un buen argumento (parece evidente la mejor adaptación al medio de los que son capaces de contemplar las diversas posibilidades de la existencia, y por tanto de su complejidad, a través de la ficción) sino por su repetido énfasis utilitarista. Algo tal vez debido a una apuesta más que patente, en detrimento de otras opciones más ‘continentales’, del autor a favor del pensamiento anglosajón, ligado como bien se sabe a un exacerbado pragmatismo.


NICANOR PARRA SEMBLANZA


 Estupenda la semblanza del reciente Premio Cervantes de Literatura, Nicanor Parra, realizada para “Babelia” por Leila Guerrero. Se titula “El aire de poeta” e incluye un retrato de la cotidianidad del poeta, opiniones contundentes sobre poetas latinoamericanos y su método de escritura (un lapicero -birome para Leila- sobre cuadernos simples).

Las Cruces es un poblado de dos mil habitantes protegido del océano Pacífico por una bahía que engarza a varios pueblos: Cartagena, El Tabo. La casa de Nicanor Parra está en una barranca, mirando el mar. En el antejardín, una escalera desciende hacia la puerta de entrada en la que un grafiti, pintado por los punkis locales para que nadie ose tocarle la vivienda, dice: “Antipoesía”. En el pasillo que conduce a la sala, anotados con fibrón en la pared con su caligrafía de maestro, los nombres y los números telefónicos de algunos de sus hijos: Barraco, Colombina.

CÓMO ME HICE ESCRITOR

YO NACÍ en Barcelona pero, con poco más de un año, mi familia se trasladó a Tánger, ciudad que en los años veinte era realmente cosmopolita, con una convivencia de culturas y religiones y una libertad de vivir que se perdió tras la guerra mundial. En mi colegio y en la calle yo convivía con amigos musulmanes e israelíes y conocía costumbres y creencias muy diferentes de las mías. De pronto, con ocho años, mis padres juzgaron conveniente enviarme a vivir a casa de un tío mío, médico en un pueblecito soriano, en tierras altas y frías.
Caí así en un mundo radicalmente opuesto al de mis primeros años. En 1925 se vivía allí casi como en la Edad Media en una casa con enorme cocina de chimenea y hogar de leña, cuadra y corral y tierras de labor. Yo vivía entre personas mayores, cariñosas pero de un mundo tradicional y estricto. Las mujeres rezaban el rosario y encendían velas especialmente benditas el día de santa Bárbara para cuando estallaban tormentas. No encontraba amigos con quien jugar; ni siquiera comprendía yo la mitad de su vocabulario rural. Me sentía profundamente solo; casi abandonado aun comprendiendo los motivos que habían inspirado la decisión de mis padres. Lo que me salvó fue el armario de un cuarto trastero donde, amontonados, encontré viejos libros y, sobre todo, muchas novelas publicadas en folletón por un periódico de principios de siglo: creo recordar que formaban una colección bajo el título La Novela de Ahora. Me sumergí prácticamente en aquellas inacabables páginas y dejé de estar solo. Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne fueron seguidos por varias novelas de Paul Feval, sobre todo de la serie sobre Rocambole y El juramento de Lagardére. Recuerdo también obras de Dickens, de Wilkie Collins y otros autores, ¡hasta Los miserables, de Victor Hugo, fueron pasto de mi avidez! Supongo que muchas veces me enteraba sólo a medias y que no distinguía de calidades, pero aquellas páginas me protegieron, me salvaron: fueron el castillo donde, con tan varia profusión de personajes, me encontré en rica y fascinante compañía. En suma, durante el año largo que permanecí en aquel pueblo nació en mí el lector empedernido, el comienzo de la pasión por la literatura.

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