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LEER LA MENTE


Leer la mente, el cerebro y el arte de la ficción.
Jorge Volpi
Alfaguara (Madrid, 2011)

 
Leer la mente es en realidad la justificación de una tesis elemental y al mismo tiempo clarividente, que la literatura sirve como elemento de prognosis, es decir, de anticipación de los acontecimientos futuros. Al introducirse a través de la lectura en los pensamientos y los sentimientos ajenos, el cerebro procesa situaciones hipotéticas que pueden servir en un futuro para afrontar experiencias personales. Se mencionan estudios neurológicos que confirman que los circuitos neuronales que se ponen en marcha al imaginar una situación son los mismos que lo hacen cuando la situación se presenta en el mundo real. Conclusión: el cerebro aprende a través de la imaginación, y la literatura (o los videojuegos) constituyen una especie de simulador emocional y experimental que ayuda a la sobrevivencia del individuo y de la especie. Volpi habla de los genes egoístas, de las neuronas espejo (aquellas que permiten la imitación espontánea de gestos y palabras), de los gráciles bucles de Hofstadter (reconocida influencia para la composición de este libro)… Volpi tiene la virtud de apropiarse de tópicos bien conocidos de la divulgación científica para llevarlos a su terreno, al de la lectura y su doble mimético, la escritura. Otra idea interesante defendida en este ensayo es la de que el yo no es sino una ficción, algo así como el relato que nos hacemos de nosotros mismos, una construcción artística, al fin y a la postre. El propio Volpi da ejemplo de esta última tesis al introducirse reiteradamente en el discurso e incluso poniéndose como ejemplo a la hora de mostrar el proceso de elaboración de una novela (En busca de Klingsor). El único pero que se me ocurre ponerle a este ensayo es el carácter marcadamente evolucionista que otorga Volpi al surgimiento y al despliegue de la capacidad de hacer ficción por parte del ser humano, no porque el evolucionismo no pueda ser un buen argumento (parece evidente la mejor adaptación al medio de los que son capaces de contemplar las diversas posibilidades de la existencia, y por tanto de su complejidad, a través de la ficción) sino por su repetido énfasis utilitarista. Algo tal vez debido a una apuesta más que patente, en detrimento de otras opciones más ‘continentales’, del autor a favor del pensamiento anglosajón, ligado como bien se sabe a un exacerbado pragmatismo.


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