
Paco Ignacio Taibo II. Talleres. Conferencias. La presencia latinoamericana. Música. Fred Vargas. Dibujantes y guionistas. Poesía. El mundo de las viñetas. Tariq Ali. La novela histórica. Chiringuitos. Fantasía. El cine. Libros y más libros. A quemarropa.
Un año más.
Más de 100 autores.
Diez días.
"Yo siempre he querido estar y compartir un festival en que se hablara del legendario Belarmino Tomás y de la conquista del Amazonas, de Darwin y de Modigliani, de las cruzadas y de la brigada de españoles que liberó París durante la segunda guerra mundial, de Cervantes en Lepanto y de los narcos mexicanos, del revolucionario asturiano Manolo Grossi, de la Semana trágica de Barcelona y de los orcos, de las máquinas de vapor y del 11 M, de Waterloo y del crimen contemporáneo en Lima, de la moderna Babilonia y de la antigua Roma. En el cual el poder mágico de la palabra escrita y dibujada nos permitiera tocar durante instantes tantos mundos. Creo que este año lo podré hacer".
Paco Ignacio Taibo II
Semana negra de Gijón.
Cuando he escrito novelas, siempre he tenido la sensación de encontrarme en las manos con añicos de espejo, y sin embargo conservaba la esperanza de acabar por recomponer el espejo entero. No lo logré nunca, y a medida que he seguido escribiendo, más se ha ido alejando la esperanza. Esta vez, ya desde el principio no esperaba nada. El espejo estaba roto y sabía que pegar los fragmentos era imposible. Que nunca iba a alcanzar el don de tener ante mí un espejo entero.
Natalia Ginzburg, preámbulo a “La cittâ e la casa”
Con estas palabras, tomadas de la escritora italiana, a la que Martín Gaite admiraba y a la que había traducido, comienza la novela “Nubosidad variable”. Toda una declaración de intenciones de lo que el lector se va a encontrar entre sus páginas.
Sofía Montalvo y Mariana León fueron amigas en el colegio. Sofía se ha visto atrapada en una existencia de esposa y madre de familia. Mariana, brillante psiquiatra de moda, triunfadora en lo profesional pero con graves carencias personales. Después de más de treinta años el azar las hace coincidir. A través de estos personajes que nos narran sus vidas y sentimientos, Martín Gaite teje otra historia más íntima, más profunda: Su amor por la escritura. Una historia trazada a base de cartas y cuadernos, tan importantes en la vida de la autora y de los que nunca se separaba.
“Y yo le digo que sí, que todo en el fondo es cuestión de palabras, de combinarlas, de jugar con ellas, es lo que tiene la literatura, que dicen que se acaba por culpa de los videos, pero eso no cuela, es un disparate, la gente sigue loca por inventar escritos que convenzan de algo o emocionen, aunque sea mentira, vamos, que te lo creas, depende de cómo te digan las palabras y cómo las escuches tú.”
“A Encarna tampoco le parecía alegre aquel jardín ni le gustaba jugar en él. Pero me confesó que todas las historias que inventaba antes de dormirse entraban por la ventana desde el jardín y se le metían juntas y sin terminar en la cabeza.”
Una novela de oficio para todo aquel que sienta la necesidad de escribir
Etiquetas: DE LIBROS Y ESCRITORES

ELLA se peina su pelo como se peina a un muerto:
Lleva los añicos azules bajo la camisa.
Lleva los añicos del mundo en una cinta.
Sabe las palabras pero sólo sonríe.
Mezcla su sonrisa en la copa de vino:
Debes beberla para estar en el mundo.
Tú eres la imagen que le muestran los añicos
Cuando se inclina pensativa sobre la vida.
PAUL CELAN, Amapola y memoria, Ediciones Hiperion
Etiquetas: POESÍA
Trasteando por aquí y por allá, encontré días atrás una entrada en Libro de notas. La entrada no es reciente, pero sí muy actual. ¿Buena literatura? ¿Lectura de entretenimiento? ¿Quién lo define? ¿Leer cualquier cosa, sin un criterio claro, es mejor que no leer? ¿Existe una literatura con mayúsculas y otra con minúsculas?
No voy a entrar en ese debate, tantas veces expuesto. Sólo quiero transcribir la siguiente fábula de Iriarte:
El asno y su amo
Quien escribe para el público, y no escribe bien, no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo
«Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
de lo bueno y lo malo igual aprecio;
yo le doy lo peor, que es lo que alaba».
De este modo sus yerros disculpaba
un escritor de farsas indecentes;
y un taimado poeta que lo oía,
le respondió en los términos siguientes:
«Al humilde jumento
su dueño daba paja, y le decía:
'Toma, pues que con eso estás contento'.
Díjolo tantas veces, que ya un día
se enfadó el asno, y replicó: 'Yo tomo
lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
¿piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como'».
Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano,
pues si, en dándola paja, come paja,
siempre que la dan grano, come grano.
Leer o no leer: ésa es la cuestión.

Entrevista completa a Kadaré en Qué leer.
¿La libertad?
La libertad es una palabra muy suntuosa, muy grande. Prefiero ser más modesto y de algún modo hacerla más pequeña. Prefiero hablar de la vida cotidiana, del comportamiento normal, del lenguaje normal, de tomarte un café con la persona con la que tú elijas sin que nadie te vigile. El sueño totalitario consiste en eliminar las relaciones entre la gente, entre los amigos, porque todo eso lo viven los dictadores y quienes les apoyan como una herida, como un riesgo a su deseo de dominio total.
¿Puede la literatura hacer algo contra las tiranías?
Absolutamente nada, como las tiranías tampoco pueden hacer nada contra la literatura. Un tirano puede fusilar al escritor, pero eso no cambia sus libros. El comunismo comprendió que la lucha contra la literatura era una cosa muy seria. No bastaba con amenazar a los autores, con intentar callarlos, porque esas medidas no destruyen la literatura. Así que crearon una raza de escritores conformistas, dogmáticos, sin una visión del mundo propia, autores de libros deleznables.
Se refiere a los llamados escritores oficiales.
Cuando vivía en Moscú había miles y miles de escritores, pero muy pocos que verdaderamente pudieran llevar ese título con orgullo. La minoría de autores auténticos disminuía cada día y los totalitarios pensaban que triunfarían cuando hubieran desaparecido todos. Los soviéticos decían: “Nosotros permitimos la libertad de los autores”. En realidad, estaban beneficiando a aquellos que escribían sin pulso, a los que tenían como objetivo matar a la literatura."La idea de tomar estas notas en forma de diario acerca de Kosovo me surgió, por lo que parece, de regreso de Nueva York, una noche de comienzos de enero de 1999, mientras sobrevolaba el océano Atlántico.
Hacía ya algún tiempo que las informaciones sobre Kosovo, las declaraciones oficiales, los análisis, los diagnósticos políticos, las previsiones ocupaban un espacio siempre creciente en los medios de comunicación. Pero, al igual que al comienzo de Hamlet, cuando, como ha observado T. S. Eliot, llega un momento en que se alude a la aparición del fantasma y la charla normal de los guardias adopta de pronto un tono particular, solemne e incluso luctuoso, así entre la multitud de informaciones sobre Kosovo se produjo bruscamente una transformación. Tal vez fuera imperceptible a primera vista. Los términos utilizados, las declaraciones, continuaban siendo semejantes, los análisis políticos se parecían a los precedentes, las fórmulas y las amenazas también. Y, sin embargo, si se prestaba la necesaria atención se discernía en todo ello un ritmo nuevo, unas veces ralentizado, otras acelerado, una especie de reverberación, un eco semejante a los que se originan bajo la cúpula de un templo. En la prosa cotidiana de los medios políticos hacían aparición con frecuencia cada vez mayor elementos de la fatalidad («En Kosovo fue donde comenzó, allí es donde llegará a su fin…»), como llegados de otro mundo. El círculo se cerraba, los presagios se ensombrecían. Con toda naturalidad, como en los tiempos antiguos, se esperaba a que el telón se alzara sobre el último acto de la tragedia.
En realidad, nosotros llevábamos ya tiempo sumergidos en la tragedia, sólo que ahora sus contornos se tornaban más nítidos. Todos los acontecimientos cotidianos, las declaraciones del Consejo de Seguridad o de la OTAN, la partida de los portaaviones, los bombardeos, las masacres, las deportaciones adquirían de inmediato los atributos de una suprema desgracia, se densifi caban en el interior de una estructura de apariencia sobrenatural, como en el teatro antiguo, pero que no era sino fruto de nuestra propia existencia.
Así fue como, ante los ojos del mundo entero, al pueblo albanés le cayó en suerte experimentar una de esas infrecuentes calamidades que consiguen conmover a todo el planeta. Desde sus sillones, los demás asistieron durante semanas y meses a su padecimiento. La mayor parte con dolor y compasión, algunos con indiferencia y otros, los menos, con cinismo. De este modo contemplaron cómo dicho pueblo era golpeado con el hacha, cómo era desarraigado, derribado, y luego conseguía volver a levantarse para escapar de aquella abominación.
Estas notas se refieren a sucesos diarios aislados, tal y como se fueron produciendo día tras día durante el curso de esos diez meses. Componen la materia de un drama fragmentado o, mejor dicho, son las piedras de las que está hecho. Corresponde al lector unirlas en su mente para erigir él mismo con ellas la capilla conmemorativa de un sufrimiento".
(Extracto de Diario de Kosovo, Siruela 2007)
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