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ROSA BARBA





Se declara fan de J. G. Ballard, de sus vívidos mundos imaginarios, su descripción de las sociedades disfuncionales, su naturaleza quebradiza y caótica, su manera de modelar una visión del mundo... De la ciencia ficción que encierran sus relatos. Los adora todos, dice Rosa Barba (Agrigento, Sicilia, 1972), sin excepción alguna. Mucho tiene que ver el escritor británico con sus obras. Como sus novelas, también ella describe paisajes mentales con una narrativa de fuerte carga mítica y psicológica, releyendo la Modernidad desde el prisma de hoy. "Me gustan esos breves momentos que no entran en la Historia, esos pequeños instantes, fugaces, que no han sido procesados todavía, que nadie los ha reclamado como parte de un documento histórico. A menudo mis obras son microhistorias de la realidad que crecen dentro de una posible ficción", explica. Las últimas las vemos ahora en la primera exposición individual en nuestro país, comisariada por Juan de Nieves en el MUSAC de León, titulada Un lugar para un único individuo.
La selección de obras que presenta, todas de 2013, esconden muchas de las claves de su trabajo. Su medio es el cine y su material de trabajo la historia, la geopolítica y la literatura. En sus obras, nada es literal. El espectador está llamado a adivinar, suponer y establecer relaciones entre historias mediante hipótesis. A convertirse en actor. Rosa Barba trabaja con dar y quitar información, ofreciendo mensajes cifrados entre las imágenes de sus filmes y esculturas. Como Tacita Dean o Matthew Buckingham, aborda la importancia del discurso en formato celuloide frente al digital, ofreciendo nuevas vías de estudio.

La arquitectura es otro rasgo fundamental: "La del MUSAC, tanto el interior como los patios, son parte de mi propuesta. Digamos que edité los espacios del museo como si fueran películas. Son espacios que respiran, que tienen vida", explica.
-¿Son, pues, sus películas como novelas?
-Sí, podría ser una buena comparación, salvo que mis películas no son secuenciales. El tiempo nunca es cronológico. Voces (2013), por ejemplo, una pieza sonora ubicada en el patio del MUSAC, alude al nombre de un pequeño pueblo de la zona de Las Medulas, en León. Es una conversación en tiempos diferentes sobre historias de tradición oral de la región. Como en el juego, dicha historia va siendo contada de una persona a otra, acumulando los errores cometidos cada vez que el mensaje es transmitido, por lo que al final tenemos una versión nueva de la original. Me interesa cómo nuevas ideas pueden referirse a momentos históricos y cómo pueden abrir nuevas lecturas del pasado. Es como escuchar una voz que constantemente reformula lo que está diciendo, pidiendo al espectador que tome una posición. La deriva es una posibilidad.




 La exposición permanecerá en el MUSAC hasta el 9/6/13

 





 

Mucho tiene que ver el escritor británico con sus obras. Como sus novelas, también ella describe paisajes mentales con una narrativa de fuerte carga mítica y psicológica, releyendo la Modernidad desde el prisma de hoy. "Me gustan esos breves momentos que no entran en la Historia, esos pequeños instantes, fugaces, que no han sido procesados todavía, que nadie los ha reclamado como parte de un documento histórico. A menudo mis obras son microhistorias de la realidad que crecen dentro de una posible ficción", explica. Las últimas las vemos ahora en la primera exposición individual en nuestro país, comisariada por Juan de Nieves en el MUSAC de León, titulada Un lugar para un único individuo.
La selección de obras que presenta, todas de 2013, esconden muchas de las claves de su trabajo. Su medio es el cine y su material de trabajo la historia, la geopolítica y la literatura. En sus obras, nada es literal. El espectador está llamado a adivinar, suponer y establecer relaciones entre historias mediante hipótesis. A convertirse en actor. Rosa Barba trabaja con dar y quitar información, ofreciendo mensajes cifrados entre las imágenes de sus filmes y esculturas. Como Tacita Dean o Matthew Buckingham, aborda la importancia del discurso en formato celuloide frente al digital, ofreciendo nuevas vías de estudio.

La arquitectura es otro rasgo fundamental: "La del MUSAC, tanto el interior como los patios, son parte de mi propuesta. Digamos que edité los espacios del museo como si fueran películas. Son espacios que respiran, que tienen vida", explica.
-¿Son, pues, sus películas como novelas?
-Sí, podría ser una buena comparación, salvo que mis películas no son secuenciales. El tiempo nunca es cronológico. Voces (2013), por ejemplo, una pieza sonora ubicada en el patio del MUSAC, alude al nombre de un pequeño pueblo de la zona de Las Medulas, en León. Es una conversación en tiempos diferentes sobre historias de tradición oral de la región. Como en el juego, dicha historia va siendo contada de una persona a otra, acumulando los errores cometidos cada vez que el mensaje es transmitido, por lo que al final tenemos una versión nueva de la original. Me interesa cómo nuevas ideas pueden referirse a momentos históricos y cómo pueden abrir nuevas lecturas del pasado. Es como escuchar una voz que constantemente reformula lo que está diciendo, pidiendo al espectador que tome una posición. La deriva es una posibilidad.





 


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