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SEBALD, EL MENTIROSO

 

Winfried Georg Maximilian Sebald fue un mentiroso. Media vida frente al escritorio y la otra, viajando.
A pie. Por pueblos, bosques, universidades, estaciones de tren, ciudades, museos. Caminaba y pensaba y miraba y escribía. Un gran andarín, como Robert Walser, Martin Heidegger, Thomas Berhnard, Friedrich Nietzsche. Luego escribía novelas que algunos llamaban no-novelas. Libros donde recreaba sus viajes y donde enganchaba fotos tomadas durante sus caminatas y donde embrollaba realidad y ficción hasta tal extremo que el lector se entía incapaz de discernir lo uno de lo otro. Y entonces los críticos, con sus dientes largos, sus uñas verdes, sus ojos tristes, analizaban esas no-novelas, ansiosos por desentrañar lo que no debía de ser desentrañado: qué realidad, qué ficción. Una tarea absurda que les derretía la sesera. Una tarea titánica que les aumentaba la joroba. Porque Sebald iba mucho más allá. Él mentía incluso en lo diminuto, insignificante, vano. Contaba, por ejemplo, que en cierto pueblo de la campiña inglesa había un buzón a la derecha de una farola, y en verdad el buzón estaba a la izquierda. La farsa no afectaba a nada. No alteraba el argumento, no modificaba el ambiente, no engrandecía la historia. Era el mero placer de mentir. El gusto por falsificar el viaje. Contar otra versión al sedentario. Eso aprendí de Sebald. Que al oyente sólo le importa lo verosímil. Que escuchar un viaje es hacer un acto de fe. Que a nadie importa la autenticidad de la narración.
Desde entonces miento a mis amigos. Les digo que estuve en un hotel cuando en verdad me alojé en otro, que probé un plato que en realidad no comí, que me
ligué a una mujer que en la práctica es mi esposa. Ventajas del viajante solitario. A lo mejor también he mentido en este texto. Sólo una pequeña trola. Tan pequeña que no afecta al asunto aquí tratado. O quizá sí. Quién sabe.

(Álvaro Colomer. http://www.elboomeran.com)


El paseante solitario es una bella aproximación a la vida y la obra del escritor suizo Robert Walser(1878-1956). En esta sociedad de lo efímero por no pesado, de la nanotecnología, de las comunidades virtuales, del amor líquido, en definitiva, en esta sociedad líquida -según la peculiar terminología del sociólogo polaco Zygmunt Bauman- Sebald nos invita una vez más a volver los ojos a la escritura apretada y a lápiz de Walser. Sus microgramas, escritos a lápiz, que embadurnaron cientos de páginas y papelillos, son metáfora líquida para estos tiempos líquidos. En palabras deSebald, "todo lo que está en estos libros incomparables tiene tendencia, como quizá hubiese dicho su autor, a evaporarse". Tiempos difíciles los nuestros para el compromiso, para lograr desbrozar nuestra identidad personal; Sebald nos desvela, más allá de la neurosis que llevó a Walser a pasar sus últimos años de vida en el manicomio de Herisau, la identidad líquida de su autor, que se despersonaliza y diluye en su escritura a lápiz. "Desde el principio sólo estuvo ligado al mundo de la forma más fugaz", apunta Sebald. Walser se convierte así en un referente indiscutible para esta sociedad líquida: "no era un visionario expresionista que profetizara el fin del mundo, sino... un vidente de lo pequeño"; "sus escenas sólo duran un parpadeo y también a las figuras humanas de su obra se les concede la vida más breve". Escritura callada, anónima, "que rehúsa los grandes gestos".

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