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EZRA POUND

 





El escritor demostró desde el principio que su audacia literaria no tenía límites. Y su alma, entre el egocentrismo legendario y la generosidad sin límites, tuvo siempre dos vertientes: una le llevaba a la santidad; otra, a cometer cualquier bajeza

La mezcla de un santo laico y de un poeta loco da como resultado un profeta. Hubo uno que se llamó Ezra Pound. Nació por casualidad el 30 de octubre de 1885 en el poblado perdido de Hailey, en Idaho, profundo Oeste de Norteamérica, donde su padre fue a inspeccionar una mina de oro de su propiedad, pero a los seis meses lo devolvieron a Nueva York y allí paseó la adolescencia como un perro urbano sin collar ni gloria alguna. Se licenció en lenguas románicas por la Universidad de Pensilvania. Fue maestro de escuela, recusado muy pronto por raro. Tuvo una primera novia, Mary Moore, que un día le preguntó por su casa. Ezra contestó que su casa era solo su mochila y cargó con ella. Cuando su madre, Isabel Weston, abandonada por el marido, se recluyó en un asilo, el poeta, con 20 años, cogió los bártulos y se fue a Inglaterra en busca de los escritores y otros colegas que admiraba, Joyce, D. H. Lawrence, Eliot, Yeats, y compartió con ellos la admiración con la emulación, alimentado solo con patatas. Desde el principio demostró que su audacia literaria carecía de límites. Yeats le entregó unos poemas para que los mandara a la revista Poetry de Chicago y el joven discípulo se permitió corregirle algunos versos de propia mano antes de ponerlos en el correo. Después del ataque de cólera, Yeats admitió que las correcciones habían mejorado el original y añadió: "Ezra tiene una naturaleza áspera y testaruda, y siempre está hiriendo los sentimientos de las personas, pero creo que es un genio".



Se consideraba un hombre reducido a fragmentos e imaginaba el universo como un poema roto. Para recomponerlo lo reducía todo a poesía
"Tiene una naturaleza áspera y testaruda, y siempre está hiriendo los sentimientos de las personas, pero creo que es un genio", dijo Yeats
(MANUEL VICENT 24/07/2010. El País-Babelia)


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LIBROS A LA CALLE

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La campaña Libros a la Calle cumple un año más —y ya son catorce, tantos como versos tiene un soneto— acompañando, desde el transporte urbano de Madrid, el diario afán de los viajeros: de casa al trabajo, del trabajo al ocio y del ocio a casa. Todo un año incitando a leer, instruyendo al curioso y entreteniéndonos a todos con trayectos más cortos y placenteros.
Entre 2009 y 2010 nos han dejado cuatro grandes de nuestras letras. Dos de allá, Benedetti (Uruguay, 1920) y Tomás Eloy Martínez (Argentina, 1934), y dos de acá, el centenario Ayala (Granada, 1906) y el castellano Delibes (Valladolid, 1920). Hemos llegado a los cien años del nacimiento de Miguel Hernández (Orihuela, 1910). Tenemos un nuevo Premio Cervantes, José Emilio Pacheco (México, 1939). Y un nuevo Premio Nacional de Poesía, Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957). Y, para colmo, 2010 es también Año Santo Compostelano, ocasión pintiparada para hacer el Camino de Santiago de la mano y la pluma de Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911).
Pero no sólo las efemérides y los premios llenan las páginas adhesivas de Libros a la Calle 2010. Este año invitamos a subir a los transportes de Madrid a Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925), Carmen Laforet (Barcelona, 1921), Antonio Skármeta (Chile, 1940), al historiador José María de Mena (Córdoba, 1923), al músico y letrista Santiago Auserón (Zaragoza, 1954), al gallego Juan Farias (Serantes, 1935) y a la valenciana Laura Gallego (Quart de Poblet, 1977).
Un año más, para solaz de madrileños y visitantes, en Libros a la Calle hay sitio para todos. Queremos agradecer por apoyar la campaña a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid, al Ministerio de Cultura, a la Empresa Municipal de Transportes, al Metro de Madrid, a Cercanías de Renfe, al Consorcio de Transportes y a Cedro. Y también a los autores que nos ceden desinteresadamente sus textos, base fundamental de la campaña. A los ilustradores que los visten para hacerlos más irresistibles y atractivos. Y, sobre todo, a los viajeros-lectores, porque sin sus sugerencias y mensajes de ánimo, no sabríamos avanzar… ¡Hasta el año que viene, amigos!
• Santiago Auserón: Canciones de Radio Futura
• Francisco Ayala: Historia de macacos
• Mario Benedetti: Inventario
• Ernesto Cardenal: Epigramas
• Álvaro Cunqueiro: El pasajero en Galicia
• Miguel Delibes: Viejas historias de Castilla la Vieja
• Juan Farias: El loco de la ría
• Laura Gallego: Memorias de Idhún: La Resistencia
• Miguel Hernández: El rayo que no cesa
• Carmen Laforet: La mujer nueva
• Tomás Eloy Martínez: La novela de Perón
• José María de Mena: Leyendas y misterios de Madrid
• Juan Carlos Mestre: La casa roja
• José Emilio Pacheco: La edad de las tinieblas
• Antonio Skármeta: El cartero de Neruda

LIBROS A LA CALLE

BOLAS DE NIEVE




Fue propuesto como un juego, y consistía en "construir una frase que, desde su palabra inicial de UNA letra, crezca, aumentando una letra por línea como “bola de nieve” por una nevada cuesta abajo hasta… donde sea posible. Ha sido practicado en el Oulipo, pero es muy viejo. Los poemas en bola de nieve “ya eran conocidos en la Antigüedad. Brunet habla de ellos en su Poétique curieuse. Y Borgmann, en Language on vacation, llama “snow-balls” a las frases basadas en el mismo principio” (esta y mis anteriores citas son del libro Oulipo, la littérature potentielle, Gallimard, 1973)

Reglas: La frase debe tener sentido y una construcción que no resulte forzada pese a la supresión de palabras conectivas. Puede incluir todos los signos de puntuación. Se permite comenzarla por “y” o por “o”, cual si formara parte de un supuesto contexto, o por cualquier letra o inicial identificable (ejemplos: “Y sé que Juan tiene…”; “O me das este libro…”; “X es una rara letra…”; “K., en esa obra, busca…”). Las palabras más largas pueden ser compuestas, de uso común o especializado, pero no invenciones “poéticas” o “joyceanas”.

–Ulalume González de León

JOSÉ HIERRO

Me acuerdo de los árboles de Dublin.

(Imaginar y recordar
se superponen y confunden;
pueblan, entrelazados, un instante
vacío con idéntica emoción.
Imaginar y recordar…)
Me acuerdo de los árboles de Dublín…

Alguien los vive y los recuerdo yo.
De los árboles caen hojas doradas
sobre el asfalto de Madrid.
Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros,
acarician mis manos,
Quisieran exprimirme el corazón.
                                                                                     No sé si lo consiguen...






Imaginar y recordar…
Hay un momento que no es mío,
no sé si en el pasado, en el futuro,
si en lo imposible… Y lo acaricio, lo hago

presente, ardiente, con la poesía.



No sé si lo recuerdo o lo imagino.
(Imaginar y recordar me llenan
 el instante vacío.)
Me asomo a la ventana.
Fuera no es Dublín lo que veo,
sino Madrid. Y dentro, un hombre
sin nostalgia, sin vino, sin acción,
golpeando la puerta.



Es un espectro
que persigue a otro espectro del pasado:
el espectro del viento, de la mar,
del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro

que pueda hacer que cante, hacer que vibre

su corazón, para sentirse vivo.






lIBRO DE LA ALUCINACIONES: Teoría y alucinación de Dublin

LA POÉTICA DE LA ROJA


Música para un mundial

Casillas, Valdés, Reina

Marchena
Arbeloa, Piqué
Ramos, Capdevilla y Albiol;
Carles Puyol

Alonso, Cesc
Busquets, Navas, Javi Martínez:
Iniesta & Xavi

Torres, Silva, Pedro
Mata, Llorente;
Villa

Vicente del Bosque 2010

"INDIGNACIÓN" DE PHILIP ROHT

¿Y habría sido la muerte menos aterradora si hubiera comprendido que no es una interminable nada, sino que consiste en memoria que medita durante eones sobre sí misma? Aunque quizá esta perpetua rememoración no sea más que la antesala del olvido. Como no creyente, suponía que la otra vida carecía de reloj, de cuerpo, de cerebro, de alma, de dios… de cualquier cosa con forma, contorno o sustancia, descomposición absoluta. Desconocía que no solo no carecía de la capacidad de recordar, sino que recordar lo sería todo. Tampoco tengo ni idea de si el recuerdo se produce desde hace tres horas o un millón de años. No es la memoria lo borrado aquí: es el tiempo. No hay interrupción: la otra vida también carece de sueño. A menos que sea todo sueño, y el sueño de un pasado desaparecido permanezca para siempre con el difunto. Pero, sea o no sueño, aquí no hay nada en que pensar salvo en la vida pasada. ¿Convierte eso el “aquí” en infierno? ¿O en cielo? ¿Mejor que el olvido o peor? Cabría imaginar que al menos en la muerte se desvanecería la incertidumbre. Pero en la medida en que no tengo ni idea de dónde estoy, qué soy ni cuánto he de permanecer en ese estado, la incertidumbre se revela duradera.




"Indignación” Philip Roth. Editorial Mondadori

SEMANA NEGRA DE GIJÓN

Un año más, del 9 al 18 de julio, tendrá lugar una nueva edición de la Semana Negra de Gijón, y ya son  veintitrés. En el siguiente enlace podréis encontrar toda la información relacionada; programa, autobuses que llevan hasta el recinto, plano de situación, invitados…




semananegra.org

CUADERNOS

A veces pienso que, si escribo algo que se parece a un diario, y lo hago a mano, y no en la pantalla del ordenador, es nada más que para poder utilizar los cuadernos y plumas que compro. (…) Llenar, utilizando la estilográfica, las páginas de un cuaderno, de noche, tarde, en el silencio de mi casa, habitante exclusivo del mundo, me aporta un tipo de sentimientos de esos que ponemos en el campo semántico de la felicidad, a pesar de que dicha escritura resulté más bien poco provechosa. En primer lugar, porque soy de los que para ajustar una frase coherente necesito escribirla diez o doce veces (qué difícil es el viaje de la cabeza al papel, lo dijo Kafka), borrar, romper, reintentar: o sea que estos cuadernitos expresan algo más parecido al vagido de un niño que a lo que entendemos por un texto.


(…) La autocompasión, el pavor ante la página en blanco, parecen sentimientos poco pudorosos para sacarlos del ámbito de la estricta intimidad. El lector puede decirte que, si esos son los mimbres con los que haces tus cestos, por qué no cambias de profesión. Si no puedes poner una frase detrás de otra, ¿por qué no pruebas con los tornillos, o con los cables?


Rafael Chirbes Textos ventaneros, Diario de Eñe 2009

AVISO IMPORTANTE


Rogamos a todas aquellas personas del Taller de lectura que todavía tengan en su poder alguno de los libros leídos durante el curso, los devuelvan lo antes posible a la Biblioteca.


En particular faltan bastantes ejemplares del último título leído “El padre de Blancanieves” de Belén Gopegui.

Gracias por vuestra colaboración.

VIVIR DEL CUENTO

Las letras españolas viven del cuento.

Este es el artículo de Juan Bonilla que publicó el pasado  dos de julio el Cultural de El Mundo y que ha levantado tanta polémica.

En la fotografía Anton Chejov y Olga Knipper

JUAN BONILLA
Si te tiras en el área sin que el contrario te haya tocado, no te gritarán “¡novelista!”, ni “¡dramaturgo!”: te gritarán “¡cuentista!”. Al que vive dedicándose a nada, no se le dirá que “vive de la poesía”, ni siquiera que “vive de la columna de opinión”: se le dirá que “vive del cuento”. En fin, el que gusta de exagerar sus males no tiene “mucho ensayo”, ni “mucho poema”: tiene “mucho cuento”. Se ve que el cuento tiene primero que luchar contra el lenguaje común, para ir deshaciéndose de los tópicos que lo castigan. Uno de ellos dice que es un género menor, un buen laboratorio para novelistas. De hecho no es raro que cuando llega el verano, las revistas que publican “relatos estivales” los soliciten a novelistas conocidos que no han destacado precisamente como autores de cuentos. Es como dar por hecho que para jugar al futbolín, lo mejor es llamar a Cristiano Ronaldo. Cualquiera que haya publicado un primer libro de cuentos, se habrá enfrentado a la pregunta insidiosa -de parte de periodistas o de editores-: ¿para cuándo una novela? “Ha demostrado su buen hacer en el campo de la ficción breve, ahora falta que dé el salto a empeños más ambiciosos”, puede leerse a veces en la coda crítica con la que se rematan algunas reseñas sobre libros de cuentos, como si en este género no se pudiera ser ambicioso.

Y sin embargo, basta mirar las mesas de novedades de las librerías para tener la impresión de que el cuento vive algo así como un auge. Editoriales principales le han perdido hace tiempo el miedo a otro de los tópicos con los que se enfrenta el cuento: sus salidas comerciales son pocas.

EL AZOR EN EL PÁRAMO

LAS IGLESIAS SE DERRUMBAN

Las iglesias se derrumban
como los templos que las antecedieron.
Las resonancias del culto
parecen ayudar
a derribar tales edificaciones.

En todo ese tiempo
el río
ha ahondado su mancha
ha sido su propia purificación

entre tus pechos
entre tus muslos.

Ted Hughes


Ed. bilingüe de Xoán Abeleira. Bartleby


Se llama Ted Hughes, pero quienes lo han leído lo conocen como el Hombre Cuervo. La vida hizo de él un icono; la poesía, un monstruo. Y, entre ambas, forjaron el mito.
Si busca usted en un diccionario de sinónimos, encontrará “Ted Hughes” junto a “destrucción” e “insidia”. Viudo negro de Sylvia Plath, Hughes (Yorkshire, 1930-1998) borró de la obra póstuma de la poeta cualquier rastro de acusación que pudiera culparlo del suicidio de su mujer. Desgraciadamente, también la amante de Hughes, Assia Wevill, decidió meter la cabeza en el horno y encender el gas, no sin antes haber matado a la hija de ambos. Demasiada coincidencia. O al menos eso clama el feminismo teórico-crítico, que ha erigido a Hughes en paradigma del Ángel Negro contra la Diosa Blanca...

AMNESTRY

LA LIBRERÍA

Novela finalista del Booker Prize, La librería es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomología librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por «lo que no tiene». Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.




Milo vino a la hora del almuerzo.
— ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?
— Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy algo desconcertada por lo que han dicho sobre ella los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Greene que decía que era una obra maestra.



Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, nació en 1916. Era la hija del editor de Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox. Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la segunda guerra mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes de la nueva narrativa inglesa, comparable a Iris Murdoch o A. S. Byatt. Con La librería (1978) fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva (1979, Mondadori, 2000). Siguieron Human Voices (1980) y At Freddie’s (1982). En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Innocence (1986), desarrollada en la Italia de los años 50 y que narraba la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El comienzo de la primavera (próximamente en Impedimenta), que tiene lugar en el Moscú de 1913, protagonizada por un pequeño impresor inglés perdido en los albores de la Revolución rusa. Siguieron The Gate of Angels (1990) y La flor azul (1995, Mondadori, 1998), centrada en la vida del poeta alemán Novalis. Penelope Fitzgerald murió en Londres en abril del año 2000.

"La librería" Penélope Fitzgerald. Editorial Impedimenta. Traducción de Ana Bustelo

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