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ESA POLILLA...



Elviernes 11 de septiembre, a las 19:30, Olvido García Valdés leyó poemas de su poesía reunida, Esa polilla que delante de mí revolotea (Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2008), en la librería Cervantes de Oviedo. El acto fue presentado por Marcos Canteli.


La siguiente reseña es de Fernando Menéndez, aparecida en Literaturas.com:

Ya en los primeros poemas de Olvido García Valdés que aparecen bajo el título de La caída de Icaro (1982- 1989)es evidente la ausencia de ese redondeo estilístico tan querido por la poesía que, en aquel entonces, va imponiendo su preeminencia. Al utilizar la expresión redondeo apelo a una inclinación casi cursi por lo lírico y lo bien acabado; una lectura, en definitiva, superficial y mal asumida de diversas tradiciones; entre otras, la procedente de la Generación de los 50.

Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida. Hago el esfuerzo de aislar lo común por repetido: el adjetivo reunida. Cuánto vale y que poca importancia le damos. Reunir refleja el peso y a la vez el alivio de la supervivencia. Reunir, al menos así lo veo, reunir es revivir. Por eso Olvido García Valdés matiza y recoloca para la reunión lo que el tiempo y las circunstancias habían ordenado a su gusto.

La poesía de Olvido García Valdés puede valorarse por su fidelidad a lo expresado por ella misma en Después de “Y todos estábamos vivos”:

“La poesía trabaja con los materiales de la vida; un poema es un lugar raro en que se guarda la vida. Raro, porque de pronto está ahí, afuera, resultado de una experiencia interior al fundirse con los materiales que la expresan; pero a la vez un poema no llega nunca a objetivarse, permanece, permeable y abierto, esperando que quien lo lee lo active de nuevo. En él se imprimen una sensibilidad y carácter, el impulso de una voz, es decir, cierta organización sintáctica, una temperatura, la distancia desde lo que se habla; la relación, en fin, de quien habla con la muerte.”


Volviendo a los poemas de La caída de Icaro, ya toma fuerza en ellos la presencia del entorno y la naturaleza como interlocutores, acicates y termómetros del pensamiento poético: Es como un olor o una manera / de contemplar la luz, / quizá el otoño, / llevas el pelo recogido, / caminas hacia casa / y eres otoño, luz / y el aire un poco frío / rozando las mejillas /(has estado jugando). / Eres tú entonces / y miras como ahora.

Luz, otoño, aire… Elementos atmosféricos, piezas del natural. Habla la autora en sus notas (Escribir, 2) del consuelo del campo y señala además una característica que sus poemas subrayan verso a verso: Interior y exterior son categorías, metáforas espaciales no estancas. El poema, a mi modo de ver, es conducto que a su vez es lugar: el prodigio de la paradoja pervive en él; tránsito y estancia (exterior e interior) se alimentan necesariamente.

Como el joven camarero que en Tres rosas amarillas de Raymond Carver se obsesiona con el corcho caído en la habitación del balneario donde acaba de morir el maestro Chéjov. Como ese camarero joven, cojo el corcho y veo en él la trascendencia del suceso: Olvido acaba de publicar su poesía reunida en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Y hace más o menos un año que recibió el Premio Nacional de Poesía por Y todos estábamos vivos. El corcho bien puede ser un poema de este libro que acabo de citar. El paisaje agostado y la conducción a velocidad por un autopista que provoca una inquietante felicidad: amarillo sobrenatural / en agosto, lo sobre / natural es del rastrojo, rastro / bajo los cerros blancos, huesos / de tallos truncos, lo / sobrenatural es la cebada / que no hay y que deja / en el campo el color; un pino / y un ciprés ponen el negro / para que dore luz y suba leve / aire al sol que ya no está; yo / estoy y lo veo por Mota / del Marqués y conduzco / deprisa y no me mato.

Creo que la belleza – y en esto seguimos siendo clásicos – creo que la belleza es geometría, exactitud. Tomado al azar cualquier poema de Olvido García Valdés y leído al cabo, no hay lugar para aledaños: el poema es un espacio angosto y limpio; un ático provisional con una pequeña claraboya hacia el cielo.

Necesario aprender sin dilaciones que en la escritura poética el orden de los factores ( digamos las palabras) sí altera el producto. Cortes abruptos, perversión de la lógica versal, eliminación de nexos… Yuxtaposición. La naturaleza del poema acaba por decidirse en el montaje. Puede la yuxtaposición sonar a mero proceso sintáctico. Nada más lejos de lo que en estas notas trata de acotarse: yuxtaponer tiene un efecto vertical; excava, aunque sea para levantar modestas casas de adobe donde la intimidad se verá apelada por la intemperie.

Malevich, Botticeli, Velázquez, Uccello, Gorky… Pintores y sus cuadros que añaden grumos a la textura de los poemas. Escuchemos a propósito al poeta Pedro Provencio:

“Olvido García Valdés ha escrito muchas de sus páginas a partir de la contemplación de cuadros. Pero sus poemas no suelen describir ni interpretar: pasan a través de la pintura y, al otro lado, sus palabras se oyen en un ámbito que tiene de la plástica esa objetivación propia del cuadro, con la particularidad de que esa independencia verbal arrastra consigo el taller y la mirada originadora. Quien ha pronunciado estas palabras está más en la autonomía de lo dicho que dentro de su propia piel.”


Pasar a través y expresar la indefensión que supone estar al otro lado. Asunto del poema.

No es una división entre poesía abstracta y poesía figurativa. Simple y demagogo, ya se ha abusado lo suyo de tal reparto de papeles. A menudo, la mano puntillosa de un Durero es impulsada por la erupción incesante de un Rothko.

Aprieto el corcho en mi mano: soy de nuevo el joven camarero. Balneario-mujer triste-hombre importante-muerte. Soy de nuevo el joven camarero. ¿Acaso alguna vez he dejado de serlo? Dos hermanas, niñas, se peinan. Es nochevieja:

qué largo el tiempo / para la niña que peina a su hermana / mientras la madre hace / la cena de fin de año; luego / ella misma se lava los cabellos / y su hermana la peina; casi /como si fuera su nochevieja primera / todo va muy despacio y pide / con uvas los deseos.

El maestro Chéjov hubiese dado su aprobación con una leve inclinación de cabeza. El gesto de peinarse: lo que él llamaría un detalle significativo.

Parafraseando a la propia Olvido, diré que escribir unas notas sobre su poesía sólo sirve para señalar en qué dirección miro cuando hablo de su poesía. El conjunto de sus poemas reunidos fraguan para mí una proximidad como lector que se inició en Exposición (1990. Esquío. Ferrol) y que se prolonga hasta hoy. La suma de sensaciones que provoca en uno la lectura de libros que, impaciente, espera, conforma una nueva intimidad intacta; difícil a su vez de comunicar. A lo sumo con aproximaciones, sobreentendidos. Así pues, comunicar el significado de leer a Olvido es por mi parte un mero tanteo; una inevitable pero en este caso feliz insensatez.

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