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SOBRE EL MICRORRELATO




Algunas consideraciones sobre el microrrelato. Otra filosofía de la composición.

Primero.- Podría ser este el género de los mil nombres Desde “minificción” a “minicuento” o “microcuento” pasando por “relato hiperbreve” “cuentos mínimos” o” historias mínimas”, por sólo recordar las designaciones más sensatas y menos chirriantes, nos parece que sólo pueden entenderse todos estos marbetes como sinónimos. Los textos, tenga sólo ocho palabras o tres páginas, forman parte de un mismo y único género.

Segundo.- El microrrelato es un género literario independiente, ni tan joven ya, ni tan flamante, por lo que no debería confundirse con el aforismo o el articuento, ni siquiera con el poema en prosa o el cuento, y mucho menos aún con la fabula, la estampa.

Tercero.- Durante el paso de los siglos XIX al XX, en los tiempos que imperaba la estética del modernismo, y en los años de la vanguardia, de aquello que vino a llamarse “arte nuevo” empezaron a escribirse textos narrativos breves. Aquello fueron tentativas, aunque hubiera entre sus autores cierta sospecha de estar transitando una dimensión nueva.

Cuarto.- Estos textos aparecieron primero publicados en periódicos y revistas, e incluso en libros. Sólo recientemente, en las tres últimas décadas, así como han ido surgiendo concursos dedicados al género, antologías o trabajos históricos y teóricos que analizan sus singularidad y características, también han comenzado a publicarse con mayor frecuencia libros compuestos únicamente por microrrelatos.

Quinto.- El microrrelato es un género narrativo breve que cuenta una historia (principio este irrenunciable) en la que impera la concisión, la elipsis, el dinamismo y la sugerencia, así como la extrema precisión del lenguaje, que suele estar al servicio de una trama paradójica y sorprendente. Tampoco debería faltarle la ambigüedad, el ingenio ni el humor. Al aislar y centrarse en el desarrollo de una sola acción, en torno a unos pocos personajes, se intensifica su significado, cargándose de densidad, algo que no ocurre en aquellas narraciones en donde una determinada acción suele presentarse junto con otras distintas, compartiendo su protagonismo. Su estrategia compositiva , como si de un relámpago de sentido se tratara, consiste en arrancar de inmediato para acabar al instante, mientras que en el cuerpo del texto, que es realmente donde se la juega el escritor, no puede haber errores ni vacilaciones, puesto que gran parte del tejido narrativo debe permanecer elíptico o sobreentendido.

Sexto.- De forma semejante al poema o al cuento, el microrelato se concibe y gesta como un texto literario, soberano, autónomo, independiente.

Séptimo.- Dada su brevedad extrema, el título adquiere un protagonismo superior que en la mayoría de los géneros literarios.

Octavo.- Para comenzar un microrrelato suele utilizarse el clásico recurso de in media res, aunque no sea infrecuente que la historia comience a relatarse desde el mismo título de la pieza. El desenlace, en cambio, puede ser abierto o cerrado, de confirmación o sorpresivo, pero lo realmente importante es que sea congruente con lo narrado.

Noveno.- El microrrelato es un género en busca de propia tradición, por lo que todavía se halla en fase de descubrimiento y construcción de su historia.

Décimo.- El microrrelato, por su propia naturaleza (nos referimos ahora a la tensión que se genera entre la voluntad de expresarse y una imprescindible concesión e intensidad extremas), necesita trascender lo anecdótico, traspasar sus propias hechuras, profundizando en el sentido que aparece levemente aludido y que sólo puede desentrañarse con la participación activa del lector.

(“Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español” de Fernando Valls, editorial Páginas de Espuma)

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