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EL PRIMER TRAGO DE CERVEZA




Está claro que ni es un cuchillo de cocina, ni un quitapenas del golfo. Pero tampoco una navajita. Pongamos que un Opinel del 6, o un Laguilole. Una navaja que perfectamente hubiera podido ser la de un hipotético y cabal abuelo, que éste se hubiera metido en el pantalón de pana de canalillo ancho color chocolate. Una navaja que el abuelo se hubiera sacado del bolsillo a la hora de la comida, hincando la punta en las rodoajas de salchichón, pelando lentamente una manzana, con el puño replegado sobre la hoja. Una navaja que hubiera cerrado con amplio y ceremonioso ademán, tras tomarse el café en un vaso -y eso hubiera significado para los allí presentes que había que volver al trabajo.



(PHILIPPE DELERM, El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida)

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