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ALGO QUE CONTAR

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Este es el lugar de encuentro y la creatividad. El lugar de escribir por el placer de escribir.

Todos tenemos algo que contar.

Este texto se guarda en el Museo Pedagógico de París. Es de un niño español de ocho años a quien su maestro pidió que describiera un mamífero o un ave. Es una delicia leerlo.

Vida Nueva, Madrid 10 de octubre de 1987

"El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que el topo. No se gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir: la vaca. La vaca es un mamífero, tiene seis lados, el de la izquierda, el de la derecha, el de arriba y el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo del que cuelga una brocha. Con esa brocha se espanta las moscas para que no caigan en la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos. Y además porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para luchar con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se le pueda ordeñar. Cuando se le ordeña la leche viene y ya no se va nunca. ¿Cómo se las arreglará la vaca? Nunca he podido comprenderlo. Pero cada vez sale con mayor abundancia. El marido de la vaca es el buey, el buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come lo come dos veces, así que ya tiene bastante, cuando tiene hambre muge, y cuando no dice nada es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan al suelo. La vaca tiene el olfato muy desarrollado, por lo que se puede oler desde lejos, por eso es por lo que el aire del campo es tan puro".

Publicado el 15 de mayo de 1990 en periódico El Nacional.

Recordemos la frase de Oscar Wilde:
"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo"

1 comentarios:

AMAPOLAS.

Campos de Castilla anegados en sangre,
llamarada fulgurante a la vera del sendero;
mar rojo, marejada con la brisa,
ondas infinitas abrasadas en fuego.
Altaneras, pero a la par humildes,
flanquean los caminos, sendas y veredas;
van y vienen y aquietan con la calma,
y sueñan con ser adormideras.
Para ofrecer su opio a quien padece,
y paliar el dolor y el sufrimiento;
hasta mudarían su llamativo traje
por otro blanco, triste, macilento.

Pepa 14-5-09

31 de mayo de 2009, 14:29  

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