Blogger Template by Blogcrowds

ABC


ABC

Ya nunca sabré
que pensaba de mí A.
Si B. llegó a perdonarme de verdad.
Por qué C. aparentaba que no pasaba nada.
Qué papel jugó D. en el silencio de E.
Qué esperaba F., si es que esperaba.
Qué aparentaba G., a pesar de estar segura.
Qué quería ocultar H.
Qué quería añadir I.
Si el hecho de que yo estuviera a su lado
tuvo alguna importancia
para J, para K.
y para el resto del alfabeto.

Wislawa Szymborska (Dos puntos)

Escritora y premio Nobel polaca, considerada una de las voces más originales de la poesía contemporánea de su país. Nació en un pueblo de la provincia de Pozman, pero se trasladó, junto con su familia, en 1931, a Cracovia, lugar al que siempre ha estado ligada. Su primer libro publicado fue Busco la palabra (1945), pero no empezó a conseguir reconocimiento literario hasta la aparición, en 1952, de su poemario Por eso vivimos, que fue seguido de Preguntas planteadas a una misma (1954), ambos en la línea historicista propia del realismo socialista imperante en ese momento, fruto de su admiración por el poeta ruso Vladimir Maiakovski y del rechazo a los horrores de la ocupación nazi en Polonia. A partir de 1956, se desarrolla en Polonia, como en otros países del área soviética, un sentimiento nacionalista en el que participan activamente muchos intelectuales que buscan una vía para condenar y superar todo lo que fue el periodo stalinista. Szymborska opta por una reflexión personal e intimista que le devuelva un equilibrio espiritual. En esta línea escribe Llamada a Yeti (1957) que es un ajuste de cuentas con su propio dogmatismo anterior. La crítica vio en el Yeti a Iósiv Stalin. Le siguen Sal (1962), en la que se plantea la vida humana como parte de todo un proceso universal, escrita con un fino humor y sobriedad; y después, Cien consuelos (1967), Gran número (1976), Gente en el puente (1986) y Fin y principio (1993), en los que ya aparece perfilado su estilo intimista, irónico, paisajístico y existencialista. La obra de Wislawa Szymborska está considerada como una lírica impregnada de duda metódica con claras intenciones éticas, al estilo del poeta español Antonio Machado; da la casualidad que también como él, se sirve de versos cortos, estrofas clásicas y léxico común, y con estos elementos consigue unos poemas de gran hondura y fuerza. Por el conjunto de su obra, que no es muy numerosa, recibió en 1996, el Premio Nobel de Literatura.


(Fuente: El poder de la palabra)

EN CRISIS


EN CRISIS

Doña María es la inquilina del segundo izquierda de esa casa vieja y destartalada que nadie se molesta en reparar porque la renta que pagan los cuatro vecinos es más antigua que las murallas de la ciudad. Vive sola desde hace algo más de dos años. Su Paco se fue de repente una fría noche de febrero, sin darle tiempo a reaccionar. Y no ha vuelto a ser la misma. Es verdad que sigue levantándose al clarear el día y sale casi a diario al mercado para hacer la compra, pero ahora va por las tardes y pide a sus viejos conocidos los desperdicios para el gato, las carcasas de pollo, un trocito de hueso carnoso para el cocido. Apenas visita al pescadero y en la frutería compra únicamente las ofertas.

Se pasa los días en casa, cosiendo en la Singer a pedal que heredó de su madre. Ya ha dado la vuelta al abrigo de paño azul marino de la boda de su sobrina. Está satisfecha con el resultado. Ahora va a hacer lo mismo con el traje negro de cuando Paco se jubiló. Aunque ella no estaba muy decidida, él insistió en regalárselo y fue todo un acierto, pues le queda como un guante. Sólo se necesita hacer desaparecer las rozaduras que se aprecian en los bordes, las mangas y los bajos. En una semana espera tenerlo listo. Y parecerá nuevo. Pero, ¿qué blusa va a poder poner con él? A todas les ha dado la vuelta al cuello y a algunas, incluso, se lo ha quitado y les ha cortado las mangas.
¡Qué bien le vendría una nueva!
Piensa en las arras guardadas celosamente en un precioso estuche de cuero verde. Un regalo de boda de sus padres, que se mantuvo intacto mientras Paco vivió. Ya hay dos huecos, uno más no se notará demasiado. Claro que no parece buena idea cambiar una moneda antigua para comprarse una blusa; hay que dejarlas para esos dichosos recibos que todos los meses llegan y a veces se acumulan. Entonces viene el aviso de corte del suministro y hay que ir corriendo a pagar.
Dos veces ha ido con una moneda, bien envuelta en un pañuelo, al joyero que se las vendió hace más de cuarenta años. Él dice que son muy viejas, pasadas de moda y que solamente le puede dar el valor de su peso en oro. Una miseria, mientras alberga la esperanza de recuperarlas y revenderlas muy bien a un conocido coleccionista. Al despedirla, le regala un bombón y le recuerda que puede volver cuando quiera, que para eso están los viejos clientes, que son como amigos. Y con eso ella se conforma.
Dos veces se ha salvado del peligro gracias a ellas; hay que dejarlas por si acaso. Después de todo, un pañuelo anudado con gracia en torno al cuello bien puede suplir la ausencia de una blusa nueva.

Mª Evelia San Juan Aguado

LA LUNA LLENA


LA LUNA LLENA

Amanece la noche.
Despiertan los luceros.
Titilan las estrellas.
La luna llena echa un pulso al sol.
Coqueta, se mira en el espejo.
El mar en calma, multiplica su rostro
visible en medio mundo.
Navega con incierto destino,
desafiando los guiños de los faros.
Riela en un viaje tranquilo,
pero hay que llegar a puerto
antes de que salga el sol.

PEPA.

CONVIVENCIA DIFÍCIL

Dimensión 2.5 - Revolt of the Mouses - Shortfilm from Dimensión 2.5.



Toda revolución comienza con una revuelta


La lucha eterna entre lo tradicional y lo nuevo que se abre paso, a veces dolorosamente. Un dilema tan antiguo como el hombre.

FRAGMENTOS



(Visto en Pasa la vida.
Vídeo oficial del tema Ljósið del, creo, solista islandés Ólafur Arnalds perteneciente al elepé Found Songs editado en 2009)

Tienes el rostro, las manos, de otoño.
Miras con ojos
de olas viejas como maldiciones;
de arcilla y agua y viento.
Me detengo
y los pies, nerviosos, se agitan en la arena.
Cuántas veces
un aliento dibuja sueños mudos y despiertos
que caen como copos sobre los campos dormidos.
Cuántas veces
estalla una roja nube
sobre la carne, y el viento la lleva lejos
como los restos de un antiguo naufragio.
La media luna, cicatriz torcida,
cabalga sobre el lenguaje de la noche
y pone su sello de fuego y tiempo:
leve como una plegaria
o una canción de cuna.

Y entre la marea, cuántas veces tú, rostro impensado, que acecha.

EL TRÁMITE



EL TRÁMITE

De tu expediente de otoño
voló, inocente, una hoja.
Tu falda perfumó el aire
en remolino cercano.

Te agachaste, me agaché…
Me ofreciste tu sonrisa
y a cambio de ese papel,
dos segundos con tus manos.

En ese instante
todo se transformó
en un grupo informe,
una masa nubosa,
partículas de empresa,
que se disolvieron
en una realidad ajena a mí...

Mi teléfono sonó. Despertamos.
Del guiño de tus ojos verdes
nació un deseo gallardo.

Pusieron sobre mi mesa
una certificación urgente,
y análisis de mercado...
Siete cabezas me cercan:
todo iba retrasado.

El pasillo te alejaba.
Oficial encarcelado,
loco por salir corriendo
y susurrarte, ¡te amo!

Ecos extraños me hablaban
de marketing y competencia
de los fondos y los pagos.

Preso mi cuerpo y mi mente…
por el espacio vagando.
Cautivo esclavo que bebe
un café frío y amargo
mientras la calle te altera
con sus factores de cambio.

No sé ni cómo llamarte,
en mis sueños solitarios,
que se inician con la imagen
del sello de nuestros labios,
que siempre han estado juntos…
sin haberse aproximado.

Carmen Salgado Romera (Mara)
Septiembre 2009

(Fotografía: Stanislav Ginzburg, Tales from Vienna woods)

EQUILIBRIOS


Equilibrios

Por fin me había hecho un hueco en aquel mundo.

Los comienzos no fueron nada fáciles. Una y otra tentativa frustrada habían dado conmigo en aquel exacto punto.

Amaba profundamente a los animales; el lenguaje con ellos era siempre más sencillo que con las personas. Una simple mirada bastaba para entendernos y saber comprender lo que esperaba de ellos. El cariño que recibía por el agradecimiento a su esfuerzo era la mayor recompensa.

Mi turno finalizaba. Siete caniches a dos patas se despedían seguidos de múltiples aplausos.

Rosell tomaba la cuerda entre sus manos trepando en un instante a lo más alto. Su cuerpo se balanceaba peligrosamente sujeto por las rodillas; luego los pies lo sustentaban oscilando como un péndulo en el aire. Era el momento de la pértiga. Redobles de tambor acompañados de un mudo silencio seguían a aquel tanteo en el alambre, en cada paso, como acariciándolo, suplicando su protección.

Tras la lona y por una pequeña rendija, observaba el más difícil todavía. Equilibrios con la bicicleta.

Me retiré hacia atrás. El peso del tejido impidió toda visión.

Un ¡Uy! Me hizo estremecer y pensar que como ayer, como siempre, todo estaba en el aire.

Tere Fuertes Fernández

Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio