Paul Auster, La Vanguardia 2002, Entrevista con Lluis Amiguet.
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¿Un reglamento? No dijo qué inscribieron en él. Pero me gustó la palabra reglamento, que parece de otra época, y me quedé imaginando qué pasaría si en el medio literario se redactaran una serie de normas que protegieran de falsos escritores y demás malas hierbas a los sufridos lectores. Después, traté de evocar el momento en que se jodió el invento, el momento del pasado en el que aparecieron los primeros bárbaros, los oportunistas que rompieron un estado de plenitud y nos fueron llevando a este lado arruinado del paraíso, donde hoy los demasiados libros han creado una atmósfera de trivialidad irrespirable, paralela al desnortado ambiente de la sociedad, porque a veces en la vida sucede lo mismo que en la literatura: en todas partes se encuentra a jefecillos extraviados y a sus secuaces incorregibles ensuciándolo todo como las moscas en verano. Sea como fuere, el desastre viene de lejos. Ya Schopenhauer hacia 1850 hablaba de "la mala hierba que quita la savia al trigo ahogándolo. Absorben el tiempo, el dinero y la atención del público, que pertenece por derecho propio a los libros buenos y sus nobles fines, mientras que los otros están escritos con la única intención de sacar de los bolsillos del público algunos talegos; para esto se han conjurado autores, editores y críticos".
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- “Trilogía de Auschwitz.” Primo Levi. El Aleph. Traducción de Pilar Gómez Bedate. Prólogo de Antonio Muñoz Molina. Prosa.
- “Winesburg, Ohio.” Sherwood Anderson. Traducción de Miguel Temprano García. El Acantalidao. Relatos.
- “El hombre que amaba a los perros.” Leonardo Padura. Tusquets. Novela
- “El que apaga la luz.” Juan Bonilla. Pre-Textos. Relatos
- “El hombre en suspenso.” Saul Bellow. Debolsillo. Traducción de Jordi Fibla. Novela
- “Una lectora nada común.” Alan Bennet. Anagrama. Traducción de Jaime Zulaika. Novela
- “Siete cuentos góticos.” Isak Dinesen. Moguer. Traducción de Helio Pardo Marcos.
- “De mujeres con hombres” Richard Ford. Anagrama. Traducción de Jesús Zulaika. Relatos.
- “Cuando fuimos huérfanos.” Kazuo Ishiguro. Anagrama. Traducción de Jesús Zulaika. Novela.
- “Cuentos contados dos veces.”Nathaniel Hawthorne. El Acantilado. Traducción de Marcelo Cohen.
- “A la caza del amor.” Nancy Mitford. Libros del Asteroide. Prólogo de José Carlos Llop. Traducción de de Ana Alcaina. Novela.
- “El país del agua.” Graham Swift. Anagrama. Traducción de Enrique Hgeaiz. Novela.
- “Opiniones de un payaso.” Henrich Böll. Seix Barral. Traducción de Lucas Casas. Novela.
- Poemas & híbridos.” Bernardo Atxaga. Visor
- “El pueblo de la noche” Manuel Rivas. Alfaguara. Traducción de Dolores Vilavedra. Poesía
- “Hoy Jupiter.” Luis Landero. Tusquets. Novela.
- “Concierto” Antología poética (1935-2003) Gonzalo Rojas. Selección y prólogo de Nicanor Vélez. Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores.
- “Ochenta y seis cuentos” Quim Monzó. Anagrama
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Los itinerarios, disponibles en internet, rastrean las huellas dejadas en la capital francesa por personajes de la cultura española y latinoamericana, como Buñuel u Octavio Paz.
El Instituto Cervantes de París ha puesto en marcha las denominadas rutas Cervantes, esto es, itinerarios culturales que, a través de internet (paris.rutascervantes.es), rastrean, persiguen y señalan las huellas dejadas en la capital de Francia por personajes destacados de la cultura española y latinoamericana. Ya están en marcha tres: la de Luis Buñuel, la de Octavio Paz y la de la Nueve, esto es, la compañía aliada de soldados, compuesta en su gran mayoría por españoles, que luchó durante la II Guerra Mundial y participó destacadamente en la Liberación de París en 1944. Así, el que siga la lista puede visitar lo que queda de la cervecería donde Dalí y Buñuel (cuando eran amigos) solían reunirse, frente al Sena (ahora transformada en una hamburguesería sin encanto); el estudio de Luis Buñuel, la casa de Octavio Paz o la ruta liberadora que trazaron las tanquetas de la compañía blindada que, aún con los alemanes en París, cruzó el Sena.
La iniciativa, que ha sido presentada en el Ayuntamiento de París esta mañana por la directora del Instituto Cervantes, Carmen Cafarell; por la primera teniente de alcalde, Anne Hidalgo; y por el director del instituto Cervantes de París, Enrique Camacho, no se quedará en este trío de personalidades. A razón de un ruta por mes, los visitantes pronto contarán con la ruta parisina de Pablo Picasso, de Julio Cortazar, de César Vallejo, de Antonio Machado, de Alfredo Bryce Echenique o de Juan Goytisolo, entre otros; y podrán enterarse de que en 1793, el hombre que tocó la campana en la Catedral de Notre Dame para llamar a la insurrección era un español (ruta de los españoles durante la Revolución Francesa); que el costurero Cristóbal Balenciaga vivía en la lujosa Avenida Marceau y que casi dos veces al día acudía a rezar a la iglesia de enfrente, aquejado de constantes arrepentimientos (Ruta Balenciaga); o que el delicado y elegante Pont des Artes es el puente con el que se abre la novela Rayuela, de Julio Cortázar (Ruta Rayuela).
Hay cerca de 50 rutas previstas. Todas contarán con planos para consultar o imprimir o con descargas previstas para el GPS. Todas han sido o serán encargadas a especialistas en la materia, exceptuando las rutas de artistas vivos, para las que se reclama, claro, la opinión y la aprobación del interesado. La iniciativa, según el instituto Cervantes de París, podrá extenderse a otras ciudades, como Roma o Nueva York.
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - El País - 21/06/2010
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En mis viajes en metro he aprendido que describir algo, sea lo que sea, en cierto modo es amarlo. (Eloy Tizón)
- “Poesía completa”. Yorgos Seferis. Alianza Editorial. Traducción de Pedro Bádenas de la Peña
- “La inmortalidad” Milan Kundera, Tusquets. Traducción de Fernando Valenzuela. Novela
- “El viento ligero de Parma” Enrique Vila- Matas. Sexto Piso. Prosa
- “La alegría” Giuseppe Ungaretti, Igitur. Prólogo de Andrés Sánchez Robayna. Traducción de Carlos Vitale. Poesía
- “Libro de las Alucinaciones” José Hierro, Cátedra, Poesía
- “Lila y Flag” John Berger Alfaguara Traducción de Pilar Vázquez. Novela
- “El malestar al alcance de todos” Mercedes Cebrián. Caballo de Troya. Relatos y poemas.
- “Cien poemas” Willian Carlos Williams. Visor. Traducción de Matilde Horne y Carlos Manzano.
- “Memorias de un librero” Héctor Yánover. Anaya&Mario Muchnik. Prosa
- “El viajero más lento” Enrique Vila-Matas. Anagrama. Prosa
- “El amor” Marguerite Duras. Tusquets. Traducción de Enrique Sordo. Novela
- “Paseos por Roma” Stendhal. Alianza Editorial. Prólogo, selección y notas de David García López. Traducción de Consuelo Berges. Prosa
- “El dolor” Giuseppe Ungaretti. Igitur. Prólogo de Antonio Colinas. Traducción de Carlos Vitale. Poesía
- “Chevengur” Andréi Plátonov. Cátedra. Edición de Vicente Lazcara y Helena Kriúkova. Traducción(los mismos). Novela
- “Fragmentos de un libro futuro” José Ángel Valente. Galaxia Gutemberg. Círculo de lectores. Poesía
- "Querido Miguel” Natalia Ginzburg. El Acantilado. Traducción de Carmen Martín Gaite
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Gracias a todos y a todas por vuestra presencia, vuestro apoyo y colaboración.
Por hacer que la Primera Noche de los Libros fuera una Noche Buena.
Mari Luz Fernández, ganadora del I Concurso de Relatos, nos escribe:
Enhorabuena por el día que nos regalásteis.Imagino el cansancio, la preocupación y la responsabilidad planeando sobre vosotros.A no tardar estaréis en el candelero tirando del carro cultural de Oviedo.Y si no, al tiempo.En lo que más me concierne , deciros que comparto el premio recibido con todos vosotros.Soy millonaria.Tengo dos familias: aquella con la que convivo a diario y la literaria.La literaria va creciendo, ya no se queda en el taller literario de la biblioteca de Ciudad Naranco.Ahora llega al taller literario del Fontán, a la Asociación de amigos de la biblioteca del Fontán, al grupo Amigos-escritores y a los Contadores de historias de Silvia Rúa.Tenemos un maestro común, Fernando Menéndez.Y de este líquido amniótico han de salir partos interesantes.Seguro.
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HAIKUS DE LA MAÑANA
Las relaciones entre cine y literatura sólo se resuelven satisfactoriamente cuando ambas partes tienen algo que aportar. Y lo más difícil es producir carne y hueso, que al fin y al cabo son la única verdad. El ejemplo de los cuentos de Maupassant es bastante esclarecedor. Hay pocos escritores más adaptados al cine
Las relaciones entre cine y literatura dan para tantos seminarios y conferencias, que ya han nacido niños concebidos en congresos sobre el tema. Cuando sean mayores y les pregunten, podrán decir: yo nací gracias a un curso de verano sobre la adaptación cinematográfica. El supuesto enigma se resolvería con bastante facilidad si alguien aceptara, aunque fuera a regañadientes, que el cine es sencillamente una forma de literatura, otra, como lo es el teatro o la poesía con respecto a la novela. O también se zanjarían muchas trifulcas si se recordara lo que André Bazin escribió en 1951: "Es absurdo indignarse ante las degradaciones sufridas por las obras maestras literarias en su paso a la pantalla, al menos en nombre de la literatura, porque todo estudio demuestra que la adaptación, por mala que sea, siempre aumenta las ventas de la obra original; así que la pureza literaria no tiene nada que perder en la aventura". Claro que no siempre la pureza literaria es una virtud al alcance de todos aquellos que la reclaman para sí. Y a veces asistimos a querellas por estas causas más propias de programas del corazón que de la inteligencia.
Quizá el equívoco original resida en negarse a ver que toda película es una adaptación. Cualquier material sometido a los rigores de una filmación ha de ser necesariamente adaptado. Ya puede tratarse de una noticia del periódico, de un suceso personal, de un recuerdo de infancia, de una visión surrealista o de una nota de suicidio, cualquier material sufre un proceso de adaptación para ser llevado ante el espectador. También ante el lector y ante el observador de un cuadro, y sin embargo nadie habla de la literatura adaptada o de la pintura basada en adaptaciones. Pero nada más lejos de mi intención que quitarle las ganas a alguien de organizar un curso de verano sobre el tema e impedir que una catedrática encuentre el amor verdadero entre los brazos de algún alumno aplicado o viceversa.
El ejemplo de los cuentos de Maupassant es bastante esclarecedor. Hay pocos escritores más adaptados al cine. Él tuvo además la buena educación de morirse un año antes de que se patentara el cinematógrafo, con lo cual se evitó la mala sangre. Sería enorme la lista de películas que tienen su origen en la letra de este cuentista inabarcable. Incluso aquellas sobre las que nunca hay acuerdo acerca de si nacen con certificado de Maupassant o son hijos ilegítimos como La diligencia, de John Ford, que para algunos, incluido él, toma el aliento de Bola de sebo, quizá el más conocido cuento del francés. O hasta La gran guerra, obra maestra de Monicelli, que guarda detalles esenciales del relato Dos amigos. Por no hablar de La mujer del puerto, de Arturo Ripstein, donde el guión de Paz Alicia Garciadiego tira del hilo del breve cuento El puerto.
Pero quizá las dos películas más fieles a la letra del universo de Maupassant y más enormes cinematográficamente sean Partie de campagne, de Jean Renoir, y Le plaisir, de Max Ophuls. La primera toma desde el título el impulso de un cuento magistral sobre una madre y una hija que pasan una tarde en el campo acompañadas por el marido y el pretendiente de la joven, torpes aficionados a la pesca. Allí son seducidas por dos hombres, o, mejor dicho, se dejan felizmente pescar por el anzuelo de dos hombres tras un paseo en barquita.
La película de Ophuls lleva a imágenes tres cuentos del autor, enlazados por un tema común: los placeres de la carne. Pero la verdad es que arrastrando ese tema uno podría llevarse toda la obra literaria de Maupassant y hasta seguramente su entera peripecia vital, tempranamente boicoteada por la enfermedad. En el primero de los cuentos, La casa Tellier, Maupassant nos cuenta la tragedia de un pueblito portuario que encuentra una noche de domingo cerrado el prostíbulo local y sólo tras las pesquisas descubre que la regente y sus muchachas se han ido a la comunión de una sobrina. Nada más hermoso que el sagrado momento de la primera comunión vivido a través de los ojos de las putas emocionadas.
Ahí están las películas y los cuentos para cualquiera que quiera dejarse de ideas adquiridas y prefiera poner un poco de placer a las relaciones entre cine y literatura. Relación erótica que sólo se resuelve satisfactoriamente, como cualquier encuentro sexual, cuando ambas partes tienen algo que aportar. Ophuls y Renoir podían hablarle a Maupassant mirándole a los ojos, su dominio del lenguaje cinematográfico y su conocimiento del alma humana iban parejos a los del creador literario. No es lo habitual, y seguramente en esa desigualdad reside la frustración recurrente de muchos lectores espectadores.
Maupassant es un escritor trasladable al cine no porque proponga tramas sorprendentes o sucesos muy cinematográficos, sino porque habla de la materia viva. El cine no puede eludir su dependencia de lo palpable. Por eso son mejores sus proyectos que sus películas rodadas. El cine muestra una cara y una calle, una pared y un colchón, y todo su poder de sugerencia no parte de la abstracción, sino de todo lo contrario: lo corpóreo. Puede que fabrique sueños, pero lo hace con los ojos abiertos. Es como un edificio construido frente a los planos del arquitecto. Ladrillo frente a imaginación. Carne frente a deseo. También los narradores más perdurables han fabricado sus cuentos con materia viva, donde las huellas se asientan sobre tierra firme, donde los personajes respiran, transpiran, gozan y sufren. Porque lo más difícil de los reinos de la imaginación es producir carne y hueso, que al fin y al cabo son la única verdad. En Maupassant, las mujeres y los hombres se desean, se besan, se acosan, se traicionan, se dejan llevar, vencer, tumbar. Las mujeres recatadas esconden una puta dentro, y las putas, todas ellas, una dama honorable. Los hombres son tercos, frágiles, maleables, y las reputaciones, un engaño público. Los cuentos de Maupassant respiran por entre las grietas de la narración, los personajes no se dejan ceñir a las seis o siete páginas. Uno sigue leyendo tantos años después Ese cerdo de Morin no con una media sonrisa satisfecha, sino con la sonrisa entera. La mitad, por lo que se cuenta allí; la otra mitad, por lo que se vive al lado de acá de la página.
DAVID TRUEBA 23/01/2010 (Babelia)
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Un año más Contadores de Historias vuelve a la Quintana, el programa que emite la cadena Ser en Radio Asturias.
Como viene siendo habitual los viernes por la tarde, en el programa conducido por Silvia Rúa, Fernando Menéndez impartirá un pequeño taller literario.
En años anteriores se invitaba a los oyentes a participar mandando un microrrelato de diez líneas, más o menos. Para ello se daba una frase cada semana.
En la edición actual a la fórmula ya mencionada se sumará otra modalidad. Se dará un tema musical a los oyentes y éstos podrán construir su microrrelato con lo que la música les sugiera.
El tema del próximo viernes 2 de octubre es: NO HAY DOS SIN TRES
El tema musical: LOVE ME DO, de The Beatles
Los microrrelatos se enviarán a: contadoresdehistorias@radioasturias.com
La fecha límite de recepción es los jueves a las doce de la mañana.
Entre todos los participantes se sorteará semanalmente un libro.
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El dia 22 de septiembre comenzó el Taller de escritura en la Biblioteca de Asturias. Este curso y por la afluencia de gente deseosa de escribir o aprender a escribir, se han formado dos grupos. La imagen anterior muestra los dias en los que cada grupo tendrá su taller.
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CONCURSO COCA-COLA JÓVENES TALENTOS DE RELATO CORTO
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Un texto sentido y musical ha sido el ganador de la 49º edición del Concurso Coca-Cola de Jóvenes Talentos - Premio de Relato Corto. Su autora, María Elena López González, del colegio Nuestra Señora de la Asunción de Sarria (Lugo), se ha impuesto, a sus 14 años, a otros 16 jóvenes finalistas de 2º de ESO (uno por cada comunidad) con el relato Concierto para nadie. La segunda y la tercera clasificadas del premio han sido, respectivamente, María Moreno Fernández, del colegio Sagrado Corazón Jesuitas de León con el cuento Mi lucha contra la lucha, y Sara García Hevia, del colegio Cumbres, de Santander con Anillo de fuego.
Tras viajar a Praga una semana junto a todos los finalistas, los seis mejores del premio, pudieron asistir a un curso de escritura creativa en la Escuela de Letras de Madrid en el que tuvieron la oportunidad de conocer a autores consagrados como Javier Reverte o Rafael Ábalos. Las primeras tres clasificadas de esta edición del concurso serán premiadas con un segundo curso on-line de escritura creativa de dos cuatrimestres de duración, que organiza la Escuela de Letras. Asimismo, los 6 relatos finalistas del Premio serán publicados en la revista literaria EñE en el número del mes de diciembre de 2009.
Los participantes tuvieron que escribir un relato corto de no más de cuatro caras de extensión en menos de dos horas, a partir de las seis palabras que les fueron entregadas y que debían incluir obligatoriamente en su historia: "restaurante", "gabardina", "máquina", "alegría", "gato" y "secreto". El próximo mes de octubre el Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos afronta un nuevo reto al alcanzar la que será su 50 edición.
CONCIERTO PARA NADIE
Las notas comienzan a fluir con total soltura del piano. Mis manos, máquinas perfectas, caen con garra sobre las teclas marfil, intentando encontrar una temperatura acorde a ellas, y creando, a la vez, una melodía melancólica, triste quizás, impropia de una noche de sábado.
Sin duda alguna, me gusta mi trabajo. Puede que me haya sumado a la monotonía de tocar para amenizar reuniones de trabajo, citas románticas u otros eventos de poca importancia, cada noche. Puede que me esté rindiendo ante la rutina, pero tocar el piano es mi forma de evadirme de la realidad. De escapar del amor nunca vivido, y, a la vez, tan temido. Cuando toco, me convierto en un gato negro, solitario, que deambula por los tejados nocturnos sin seguir una dirección definida. Como perdido.
Las notas van corriendo, pero sólo yo sé que hago algo más que acatar las órdenes de una partitura compuesta por un extraño. Todos ignoran que, cada noche, voy entretejiendo mis sentimientos entre las notas impresas en este pentagrama pautado de líneas que resbalan lánguidas sobre un papel desgastado por el tiempo. Son primero las fusas las que, al emanar de mi piano, van anegando con su alegría el cosmos que es aquel restaurante. Por momentos, mis ojos, buscan una cabeza afable, unos ojos centelleantes, o, aunque solo sea un leve cruce de miradas. Buscan un asomo de interés entre un público glacial.
A medida que avanza la noche, me relajo. Voy introduciendo cada vez más silencios, blancas… mi rastreo entre el público se desvanece. No hay un final para esta pieza. Obra que yo dirijo. Yo decido si quiero correr o descansar. Si mi deseo es hablar o callar. En mi música, va disuelta una parte de mí. Nadie lo sabe. Ninguno de los comensales dispuestos en mesas colocadas en perfecta cuadratura, conoce el verdadero significado de este arte.
No son sonidos, son hechos.
No son silencios, son secretos.
No es música, soy yo.
Mientras esta reflexión cruza mi cabeza, jóvenes y no tan jóvenes, se disponen a engullir sus platos. Yo, sigo pensando… Nunca encontrarán belleza en el chirriar de una puerta. No alcanzarán la felicidad cuando las yemas de sus dedos rocen suavemente los troncos labrados de las vides. Sus pulsaciones no aumentarán cuando pequeñas gotitas de agua rocen sus manos. Y así, según van discurriendo los minutos y las notas, muy poco a poco, uno a uno, van cogiendo sus gabardinas oscuras y gastadas por el uso, atravesando el marco de la puerta para abrir sus coches y dirigirse a sus hogares, sumiéndose, realmente, en la verdadera monotonía.
María Elena López González
(ELCULTURAL.es)
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De septiembre a junio, en la sede de la Biblioteca de Asturias, comenzará de nuevo el taller de lectura que se ha venido desarrollando en los últimos años. A pesar de que el número de libros es limitado, las sesiones de comentario y cine están abiertas para todo aquel que esté interesado.
A continuación pasamos a detallar las obras a leer y sus fechas. 
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Cuando regresé a la plaza, después de tanto tiempo, creí presenciar un milagro. Solo los ángeles podrían haber obrado tal prodigio. No podía imaginar a nadie tan sublime y eficaz en su trabajo. Ni en mi niñez había visto las piedras tan: limpias, claras y nítidas. Si no fuese porque la catedral era inequívocamente la misma, hubiese pensado que la habían erigido de nuevo. Su torre, sus arcos, los portones, los relieves, el rosetón, todo era nuevo y ancestral. Lo que más me maravilló, fue observar que los demás edificios del entorno parecían también renovados. A la vez que seguían siendo los mismos de siempre.
Mientras caía el primer orbayo vi que la calzada brillaba como un espejo. Recordé lo mucho que se embarraba cada vez que llovía en mis tiempos mozos. También, me vino a la mente todo lo que había sufrido y amado en aquel lugar. Al momento, una algarabía de gentes me sorprendió con sus bailes y sus músicas apareciendo por todas las bocacalles. Sus atuendos parecían muy semejantes a los que yo recordaba en los danzantes. Los bailes tradicionales tampoco habían cambiado mucho. Pero, los parroquianos parecían haber venido de otro mundo. ¡Qué ropajes tan escasos, qué provocativas las mujeres! Tardé varios años en acostumbrarme a ellos.
A medida que el tiempo va pasando voy comprendiendo que es lo que ha sucedido. Me llegan conversaciones que me hacen comprender lo equivocada que yo estaba. Lo que ha llegado a evolucionar el ser humano, para bien o para mal. Veo: que no es oro todo lo que reluce. He sido testigo de cómo los obreros han remozado alguno de los edificios que faltaban por blanquear. Ha sido un duro golpe para mi fe. Pero, ha sobrevivido. Pienso que los caminos de Dios son inescrutables.
A lo que nunca podré acostumbrarme es a los barullos y los conciertos que me toca padecer por las fiestas de San Mateo. Quizás mi pasado no sea del todo honroso. Pero, no creo que me merezca esto. ¡Qué estruendos tan insoportables! Cuanta suciedad mancilla las calles, durante la noche, hasta que aparecen los empleados de la limpieza. ¡Qué bacanales me veo obligada a presenciar! Y cuantos fogonazos me lanzan a la vez que me abrazan con una confianza que no comparto. Incluso las palomas se posan desvergonzadas sobre mí. ¿Hasta cuando he de soportar este castigo?
Mar Cueto Aller
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El sol reverbera en los cuerpos desnudos,
brillantes torsos en total abandono.
Arena y agua, canícula y espuma,
intensa y cegadora, ardiente luz.
El calor aplasta cual pesada losa,
las cigarras cantan con su voz carrasposa,
el monte se quema, la ambición sestea.
Se para la vida, se quiebra una flor.
Pepa
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Estos 30 preceptos fueron publicados en The Library Journal de Nueva York por Harold Klett en 1909 en un artículo denominado Don’t.
(Ojo: las cursivas no son del autor)
- No leer en la cama. (Lee en la cama. Lee en el sofá. Lee mientras paseas... Lee donde y cuando te dé la gana y te dejen)
- No poner notas marginales, a menos que sea un Coleridge. (Escribe notas y comentarios en los márgenes. Subraya. Colorea párrafos que te llamen la atención)
- No doblar las puntas de las hojas. (Vale, eso no: los marcapáginas están para algo y son gratuitos)
- No cortar con negligencia los libros nuevos. Se refiere a los libros intonsos, que se han encuadernado sin cortar las barbar a los pliegos que lo componen. Algunos autores recomiendan cortarlos con un naipe.
- No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en las páginas del título. Ni en ninguna otra parte del libro, advierten los comentaristas. (Pon tu nombre donde quieras. Escríbelo con lápiz, con bolígrafo, pon un ex-libris personalizado... Estampa la fecha si quieres o el nombre de quien te lo regaló o la ciudad donde lo compraste)
- No poner en un volumen de un peso, una encuadernación de cien pesos. Para unos la encuadernación no debe superar un tercio del valor de compra del libro, otros simplemente advierte que no debe superar el valor del libro.
- No mojar la punta de los dedos para dar más fácilmente vuelta a las hojas. (De acuerdo: y en estos tiempos extraños de gripes extrañas, resulta conveniente no hacerlo)
- No leer comiendo. Ni comer ni beber leyendo. (A mí me encanta leer mientras como. Y nunca he manchado un libro)
- No fiar los libros preciosos a malos encuadernadores.
- No dejar caer sobre el libro las cenizas del cigarro, y aún mejor no fumar leyendo. Esto perjudica a la vista.
- No arrancar de los libros los grabados antiguos.
- No colocar vuestros libros sobre el borde exterior o canal, como se hace frecuentemente cuando se lee y se interrumpe momentaneamente la lectura, en vez de tomarse el trabajo de cerrar el libro después de haber puesto una señal.
- No hacer secar hojas de plantas dentro de los libros. (¿Y el placer de estar leyendo y encontrar de pronto una hoja, un pétalo y recordar el sitio exacto donde lo encontramos y el por qué lo guardamos entre las páginas de ese libro?)
- No tener los estantes de las bibliotecas encima de los picos de gas. La recomendación a quedado obsoleta pero especialmente la luz solar y el calor de los radiadores siguen siendo terribles enemigos sobre todo de las encuadernaciones.
- No sostener los libros sujetándolos por las tapas.
- No estornudar sobre las páginas. (También de acuerdo: la OMS no lo aprobaría. M
- Ni el sentido común)
- No arrancar las hojas de guarda de las tapas.
- No comprar libros sin valor. (Los libros vienen sin garantía. Todos hemos cometido el error de comprar un libro y constatar que hemos hecho una mala inversión. Y si hablamos del valor material, los hay que disfrutan con libros hermosos, de buenas encuadernaciones y bellos grabados... Y los hay que sólo compran libros de bolsillo)
- No limpiar los libros con trapos sucios.
- No tener los libros encerrados en arquillas, escritorios, cómodas, ni armarios: tienen necesidad de aire.
- No encuadernar juntos dos libros diferentes.
- En ningún caso sacar las láminas y los mapas de los libros.
- No cortar los libros con horquillas para el cabello.
- No hacer encuadernar los libros en cuero de Rusia. Los distintos comentaristas de estos treinta preceptos no aciertan a comprender este punto.
- No emplear los libros para asegurar las sillas o mesas cojas. (He visto muebles hechos con libros. No sé sé si es una aberración o una forma de dar una utilidad diferente a un libro leído. Quedan muy bien, por cierto)
- No arrojar los libros a los gatos, ni contra los niños. Otro amplian la prohibición: “a ningún niño llorón debe permitírsele que admire las miniaturas de las letras capitales, no sea que con las manos húmedas manche el pergamino, pues en seguida toca lo que ve”. (No tengo gato, y sí me han entrado ganas alguna vez de lanzar algo a algún niño pesado. Afortunadamente, siempre he tenido algo a mano para lanzar, aparte de un libro)
- No romper los libros abriéndolos enteramente y por la fuerza.
- No leer los libros encuadernados muy cerca del fuego o de la chimenea, ni en la hamaca, ni embarcado. (Qué recuerdos: una hamaca con su suave balanceo. El calor o incluso el sonido relajante de la lluvia. Y un libro interesante. Qué buena combinación)
- No dejar que los libros tomen humedad.
- No olvidar estos consejos. (O sí. Tú mismo)
(Leído en El Documentalista enredado)
Pintura: Iman Maleki
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VIVIR POR VIVIR
Sentado, veo transcurrir la vida con la placidez de una tarde de estío.
Observo a la gente que pasa, con prisa, junto a mí. Sus ademanes ausentes, los gestos diarios que conforman nuestras vidas, gestos decididos, vigorosos, inconscientes o casuales.
Gestos inadvertidos.
Vivimos sin ser conscientes de que vivimos, de que caminamos o respiramos. Nos levantamos por la mañana, repetimos una y otra vez las mismas rutinas, ajenos al hecho de que estamos realizando un pequeño milagro cada vez que vemos, tocamos, oímos… Uno no agradece a los dedos el acto de abrocharse un botón, de trenzarse el cabello, de acercarse al rostro de otra persona y acariciarla.
Lo que hacemos, lo que decimos. La vida en su mayor simpleza. Las pequeñas cosas que hacen nuestra vida un poco más llevadera.
La vida vivida sin heroísmos, sin grandilocuencia. Un día y otro día. Y vuelta a empezar.
Sensaciones, deseos, pensamientos que cruzan presurosos nuestra mente, a veces de forma ruidosa, otras a hurtadillas. Pensamientos y emociones que son un consuelo para el dolor de la existencia.
Me levanto y vivo.
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Creo que ésta es la primera vez que una revista académica española se ocupa del microrrelato. Quimera, por su parte, ya le dedicó dos números monográficos en el 2002. Y ese mismo año, la profesora Francisca Noguerol, especialista en las formas narrativas breves, organizó en la Universidad de Salamanca el segundo congreso internacional dedicado al género. El caso es que desde que en 1990 apareciera la precursora antología de Antonio Fernández Ferrer, La mano de la hormiga, en casi veinte años el panorama sobre este nuevo género ha cambiado por completo.
Un microrrelato no es un cuento, ni un aforismo, ni un poema en prosa, ni mucho menos un chiste o una frase ingeniosa, sino un texto narrativo brevísimo que cuenta una historia, en la que debe imperar la concisión, la sugerencia y la precisión extrema del lenguaje, a menudo al servicio de una trama paradójica y sorprendente. Y aunque queda todavía mucho trabajo pendiente por hacer, tanto en el campo de la teoría de los géneros, como en el de la historia literaria (por ejemplo, echamos de menos un estudio detenido sobre las formas narrativas brevísimas en el Modernismo español), el panorama empieza a clarificarse, debido a los numerosos trabajos de investigación y análisis que se han venido publicando, sobre todo, en la última década. Así, los próximos congresos, en Neuquén (Argentina) y Málaga, ambos programados en noviembre del 2008, son las nuevas citas importantes para los cultivadores y estudiosos del género.
Por otra parte, se han sucedido las antologías, sobre todo temáticas, por lo que espero poder publicar en breve, junto a Gemma Pellicer (sin cuya valiosa ayuda, por cierto, no hubiera podido coordinar este monográfico), una antología histórica del microrrelato español, en la que hemos venido trabajando durante estos últimos años. Pero ahora mismo, el lector que lo desee, tiene a su disposición los principales libros que jalonan la trayectoria del género, obra de autores tan importantes como Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, Ana María Matute, Max Aub, Antonio Fernández Molina, Rafael Pérez Estrada, Javier Tomeo, José Jiménez Lozano, José de la Colina, Luis Mateo Díez, Juan José Millás, José María Merino, Pedro Ugarte, Julia Otxoa, o los más jóvenes, Hipólito G. Navarro y Andrés Neuman.El microrrelato es un género fuera del comercio, por lo que el autor lo encara con libertad plena, prestándose a menudo a la experimentación, al valerse de la reescritura o la intertextualidad, sin que deba faltarle ni lo ambiguo ni el humor. Dada su concisión extrema, la aparente facilidad que supone componerlo, no escasea lo trivial o la frase meramente ingeniosa, aunque -no lo olvidemos- esto ocurre con frecuencia en otras formas tan prestigiosas en sociedad como la novela, donde bajo el ropaje de lo ameno sólo se encubre lo banal, y no por ello descalificamos al género, en su conjunto. Y a diferencia del relato, con el que comparte diversas similitudes, sólo puede centrarse en un mínimo detalle, arrancando de inmediato para acabar al instante, permaneciendo gran parte del tejido narrativo sumergido, esto es, sobrentendido. En fin, sólo quienes no conocen su historia, que habría que completar con la riquísima tradición hispanoamericana (Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Marco Denevi, Virgilio Piñera, David Lagmanovich, Luisa Valenzuela, Guillermo Samperio, Raúl Brasca o Ana María Shua), siguen cuestionando un género que se fundamenta en la disciplina extrema, pues sus piezas se componen desechando todo lo que no sea estrictamente imprescindible, como sólo ocurre en la mejor poesía.
Los trabajos que aquí se recogen, sobre teoría, historia y análisis literario, no son más que la última prueba de aquello que los escritores, junto con algunos historiadores de la literatura y críticos, venimos defendiendo con radical empeño y ahínco. Pero, decía, queda mucho trabajo por hacer, aunque puede afirmarse también que se ha avanzado no poco en el conocimiento de esta singular forma narrativa brevísima.
(FERNANDO VALLS, Ínsula)
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«Anuncio.
Oriundo de Hamelín, soy flautista y alquilo mis servicios: puedo sacar las ratas de una ciudad o, si se prefiere, a los niños de un país sobrepoblado»
Del escritor mexicano René Avilés Fabila
Al microrrelato se le ha llamado de incontables maneras: minicuento, microcuento, hiperbreve, minificción… Es un género narrativo, como la novela, y su característica primordial es la brevedad. En apenas unas líneas el autor debe contarnos una historia, ser intenso en ideas y a la vez conciso.
Hay quien apunta que su origen más remoto lo encontramos en el versículo bíblico, en la parábola, en la fábula, el aforismo o el apólogo, y no falta quien ha vuelto sus ojos al haiku japonés. Tomó cuerpo en la literatura didáctica medieval (alegorías, adivinanzas, colecciones de exempla como los de El Conde Lucanor…). Ya en época moderna, el microrrelato parece pariente de la greguería de Ramón Gómez de la Serna.
«Hoy me siento bien, un Balzac: estoy terminando esta línea»
Augusto Monterroso
Sea como fuere, proliferan los autores que lo han cosechado con más o menos éxito desde comienzos del siglo XX, aunque no empezó a considerarse un género en sí mismo hasta mediados de siglo. En los ejemplos más tempranos encontramos los cuentos breves de Franz Kafka, Poe o Anton Chéjov y, por supuesto, ejemplos de la literatura hispanoamericana, de amplia tradición, como Rubén Darío, Julio Torri, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Augusto Monterroso, Horacio Quiroga, Juan José Arreola, Marco Denevi, Gabriel García Márquez, entre otros. En España también hemos tenido cultivadores del microrrelato como Max Aub, Juan Ramón Jiménez, Luis Landero, Luis Mateo Díez o Antonio Pereira, así como una última generación con Julián Sánchez Caramazana y José Marzo.
Características del microrrelato:
* Brevedad. Sin ella el microcuento no sería tal. De todos modos, la extensión es algo subjetivo de cada autor.
* Lenguaje. Este tipo de prosa es sencilla, pero muy cuidada y precisa, habitualmente ingeniosa, cuando no poética.
* La temática dentro del género es múltiple y variada.
* La elección de un buen título en ocasiones es fundamental a la hora de entender el sentido último del texto.
* El microrrelato tiene carácter transtextual.
* Suele enfocar una situación o un incidente individual.
* La secuencia narrativa suele ser incompleta.
* No son pocos los ejemplos de microrrelatos en los que el humor es un referente. El autor juega con el escepticismo y la ironía, contempla el mundo que lo rodea y lo juzga a través del lenguaje.
* Los finales suelen ser impredecibles, abiertos a distintas interpretaciones, y dejan al lector sumido en la meditación.
La verdad sobre Sancho Panza, de Franz Kafka
«Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.»
(Fuente: EspacioLibros)
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¿Dónde encontrar el tiempo para leer?
Problema serio.
Que no es uno.
Porque si se plantea el problema del tiempo para leer es que no existe el deseo. Pues si se mira de cerca, nadie tiene nunca tiempo para leer. Ni los niños, ni los adolescentes, ni los mayores. La vida es un estorbo perpetuo para la lectura.
—¿Leer? Me gustaría mucho, pero el trabajo, los hijos, la casa, ya no tengo tiempo...
—¡Cómo envidio que usted tenga tiempo para leer!
¿Y por qué esta mujer, que trabaja, hace compras, cría a sus hijos, conduce su auto, ama a tres hombres, va al dentista, se muda la semana próxima, encuentra tiempo para leer, y este casto rentista soltero no?
El tiempo para leer es siempre tiempo robado. (De la misma manera que lo es el tiempo de escribir o e tiempo de amar).
¿Robado a qué?
Digamos que al deber de vivir.
El tiempo de leer, como el tiempo de amar, expanden el tiempo de vivir.
Si tuviésemos que enfrentar el amor desde el punto de vista de nuestra agenda, ¿quién se arriesgaría a ello? ¿Quién tiene tiempo para estar enamorado? Y sin embargo, ¿alguien ha visto alguna vez a un enamorado que no se tome el tiempo de amar?
Yo nunca he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme terminar una novela que amara.
La lectura no tiene que ver con la organización social del tiempo; es una manera de ser, como el amor.
(Daniel Pennac. Como una novela. Norma, Bogotá, 1996, pp.120-121)
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