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ENRIQUE ANDERSON IMBERT

 EL SUICIDA


Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.
Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.
¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revólver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.
Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.
Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su laxitud como el agua después que le pescan el pez.
Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.
Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.
 
 
Enrique Anderson Imbert (Argentina, 1910-2000)
 

DAVID LAGMANOVICH

EL FRÍO (microrrelato)
 
 
Los estúpidos se mueren de frío. Literalmente. La nieve está sembrada de cadáveres. Mis oficiales no son mucho mejores. Noto en ellos el mismo miedo, la seguridad de la derrota. Si los enemigos fueran superhombres, lo entendería. Pero los míos no temen a los hombres: le temen al frío. He comenzado a pensar en una retirada. Me equivoqué con ellos, y sólo ahora veo la razón: son incapaces de soportar variadas penurias, como en cambio lo aprendí yo en mi desolada niñez en Córcega.
 
 
David Lagmanovich, Menos de cien (Editorial Martín, 2007)

BIBI-LA-BIBISTE; RAYMONDE LINOSIER


 
PEQUEÑA NOTICIA:

 

(Novela “minimalista”, acaso emparentada con las nouvelles a trois lignes, de Fénéon, dedicada por Linossier a su amigo de infancia Francis Poulenc. Tras una corta edición de 50 ejemplares hecha realidad gracias al entusiasmo de la esposa de Paul Birault (que también se animó a editar los caligramas de Apollinaire), Ezra Pound la publicó en la Little Review. Se sabe poco de Linossier, aparte de que era miembro de los potassons —así bautizados por Léon-Paul Fargue—, quienes solían reunirse en la librería de Adrienne Monier La maison des amis des livres, en París. La propia Monnier definiría Bibi-la-Bibiste como alternativa, avant  la lettre, al dadaísmo.)

 
 
 
BIBI-LA-BIBISTE

 

Raymonde Linossier

 

 

Capítulo Primero
La infancia


Su nacimiento fue igual que el de los demás niños.
Es por eso que la llamaron Bibi-la-Bibiste.

(Así transcurrió la infancia de Bibi-la-Bibiste)


Capítulo segundo
La adolescencia


La sangre fluía roja por sus arterias y negra por sus venas. (1)

(Así transcurrió la adolescencia de Bibi-la-Bibiste)


Capítulo Tercero
El amor


Cuando tenía dieciséis años ya trabajaba en un taller.
—¡Ay!... Me pica la nariz! —exclamó.
—Te ama un viejo —respondieron sus compañeras, a la vez que interrumpieron su canción.
Entonces, una violenta emoción se apoderó de ella y su corazón dio un vuelco en su pecho.

(Así fueron los amores de Bibi-la-Bibiste)


Capítulo Cuarto
La decepción


Salió.
Por la calle, llena de gente, los ancianos pasaban en gran número. Bibi-la-Bibiste los examinaba con ansiedad. Pero nadie respondió a su llamada. Tan solo uno le dirigió una mirada ardiente, y éste era joven.
No queriendo contradecir los misteriosos designios de la Fatalidad (2), Bibi-la-Bibiste continuó su camino.

(Así fue la decepción de Bibi-la-Bibiste)


Capítulo Quinto
La cortina


En la cama de un hospital murió Bibi-la-Bibiste. Al igual que María su patrona y que Juana de Arco, era virgen. Sin embargo en su ficha habían anotado: "Sifilítica".
¡Oh, la magia de una mirada amorosa!

(Este es el último y más trágico capítulo de la novela Bibi-la-Bibiste)

_______________________________________________
(1) Cf. Caustier, Anatomie et physiologie animale et végétale.
(2) Pondríamos "Providencia" si la novela estuviera destinada a La Croix.

 
Traducción de Fernando Fonseca

 

TREINTA AÑOS SIN COTÁZAR

APLASTAMIENTO DE LA GOTAS

Yo no sé, mira es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, y va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada , una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.




                                                                                                                           Julio Cortázar

MICRORRELATO; LUCIANO G. EGIDO



AMOR MÓVIL

La verdad es que el coche se lo merecía. Era tentador como un arcángel y con todas las prestaciones inimaginables, incluida la belleza. El motor no tenía ni una sola duda, ni la carrocería un solo defecto, espléndida, soberbia, ofensiva y con el color de los sueños y la dócil sensualidad de los postres dominicales. Cuando ella lo vio, acababa de salir de un episodio amoroso, que la había dejado tocada, porque tenía esa edad de los cuarenta años en que el amor mata, aunque se sea tan hermosa como ella. El encuentro casual fue un presagio de la felicidad y sucumbió al placer de la posesión, con la seguridad de que nunca la traicionaría. Tardaba unos segundos en pasar de cero a doscientos kilómetros a la hora. El suave contacto con su velocidad la enloqueció y fue crucificando con el acelerador todas sus frustraciones y desahogando su rabia contra la vida. El paisaje se le afantasmaba a su paso y huía a sus espaldas como la cabellera de un cíclope enloquecido, sin más huellas en el aire que su propia nostalgia. Podía recorrer el mundo en un par de semanas y todas las autopistas se le quedaban pequeñas a la primera de cambio. Cuando se concedía una pausa permitía que alguien pudiera verla al volante. Los asombrados espectadores no sabían qué admirar más si el coche o la chica, que llevaba el pelo revuelto de la mandrágora y la mirada encendida de los verdugos primerizos. Dios mismo estaba preocupado por aquella criatura bifronte, mitad mujer- mitad máquina, que se salía de los presupuestos de su creación. Era un coche con rostro de mujer con el acabado de un coche de lujo, que desde luego él no había diseñado ni se le hubiera ocurrido siquiera. Pero estaba acostumbrado a las decepciones que le producían los seres humanos, que no cesaban de maravillarle. Y los dejó ir, camino de su destino inexorable, con un poco de envidia, porque representaban la perfección suprema que él hubiera querido para sí. Tenían algo en común en su excepcionalidad de seres únicos, porque ella incluso había mejorado con el coche, aunque el coche no podía mejorar. Si alguna vez se ha podido hablar de tal para cual fue en relación con ellos y todos los testigos lo reconocieron en el estado en que quedaron, cuando se estrellaron en una carretera comarcal que no estaba preparada para aquellos excesos de originalidad y belleza.

LUCIANO G. EGIDO

Antología del microrrelato español (1906-2011) Irene Andres-Suárez. Catedra

ENTREVISTA A ELOY TIZÓN

Entrevista de Carles Francino y Benjamín Prado a Eloy Tizón sobre su libro Técnicas de iluminación, emitida en la cadena Ser.

MICRORRELATO DE MANUEL HIDALGO

La misa del perro

Sucedió el día de Año Nuevo, muy temprano. La mujer tomó agua bendita de la pila, se persignó y también hizo la señal de la cruz en la frente del perrillo, que iba protegido del frío por un abrigo escocés. Se sentaron en el último banco, a mi lado. Llegado el momento de darnos la paz, la mujer me extendió una mano y el perro me dio una patita. ¿Qué iba a hacer yo? “La paz sea contigo”, le dije al perro, que me miró con agradecimiento. Cuando llegó la hora de comulgar, la mujer me pidió que cuidara del chucho hasta su regreso, y allí nos quedamos, el perro y yo, lejos ambos del estado de gracia exigido. Que recuerde, yo nunca he mordido a nadie, pero el perro quizá tuviera ese pecadillo sin confesar. En fin, eso no era asunto mío, del mismo modo que mis asuntos no parecían ser de la incumbencia de aquel perro, el cual, al término del oficio, se mostró huidizo

Manuel Hidalgo. Microrrelato publicado en El Cultural de El Mundo 14/12/2006

UN CUENTO DE AUGUSTO MONTERROSO

La Cucaracha soñadora


Era una vez un Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.


Augusto Monterroso (1921-2003) “La oveja negra y demás fábulas”

UN CUENTO DE MIGUEL DELIBES

EL CAMPEONATO

Fue su oportunidad y la perdieron, y los ingleses quedaron, de buenas a primeras, fuera de combate. El hecho era insólito y humillante. Ellos eran los maestros, y, de repente, llega un discípulo y ¡zas!, echa a rodar su historia y su experiencia, y maestría, y su técnica, y todas sus viejas glorias. Y lo que Juan decía. Mientras daba vueltas al botón para amplificar la voz de la radio:
— Los ingleses estarán que muerden.
Y la radio dijo:
— Zarra es sujetado por el portero uruguayo. El árbitro no lo ve. El balón sale fuera…
Juan aspiró una fumada y soltó una gruesa palabrota, aureolada de humo. Luego dijo:
— Los uruguayos son unos brutos. Siempre lo han sido. No sé por qué hemos de extrañarnos ahora.
Eran las siete y cuarto de la tarde y hacía calor. La atmósfera de la estancia estaba espesa y viciada. Olía a cuerpos sucios y confundidos. En un rincón había un catre y, recostada en el catre, una muchacha rubia, escuálida, pintarrajeada y aburrida. Al alcance de la mano, sobre un pequeño velador, tenía un vaso, mediado, de un líquido consistente y oscuro. A sus pies dormitaba una tripuda y perezosa gata negra.

EL RELATO CORTO SE HACE GRANDE

Recopilaciones, nuevos galardones y la consagración de editoriales especializadas certifican la buena salud del cuento - El género halla su público también en la Red .

"Los libros de cuentos han dejado de ser una engorrosa cláusula en el contrato de un escritor. Tampoco son ya el trampolín hacia la novela para los narradores debutantes o el descanso entre novelas para los consagrados". Lo dice Juan Casamayor, que hace 10 años fundó Páginas de Espuma, una editorial que se enfrentó a uno de los grandes clichés de la edición española: "El cuento no vende".

Sáez de Ibarra: "En Internet 'cuelgas' un relato y recibes el eco de los lectores".
Berta Marsé: "No es el hermano menor ni el primo ni el cuñado de la novela".

"Pasé los primeros años escuchando esa frase por duplicado, sí: no vende, no vende...", recuerda Casamayor, que una década después tiene un catálogo de 170 títulos en papel -con autores como José María Merino, Medardo Fraile o Ana María Shua-, 40 en formato eléctrónico y casas en Argentina y México. Su best seller, dice, es Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki, con 54.000 ejemplares vendidos. En 2002, además, se atrevió con Pequeñas resistencias, un imprescindible panorama del cuento en lengua española en cuatro tomos coordinados por Andrés Neuman, que en octubre publicará una nueva entrega consagrada a España.

PUNTO Y SEGUIDO


No diremos que hemos puesto punto y final a los talleres de escritura y de lectura. Más bien será un punto y seguido en espera de retomar nuestras actividades en septiembre. Durante estos meses de verano el blog permanecerá activo. Podéis enviarnos vuestros relatos y sugerencias al correo acostumbrado. Los relatos que enviéis los colgaremos en un nuevo apartado que llamaremos Microficciones de verano.

Como puente entre el final de curso y el verano un relato de Mara.


Edificios y palabras

Recuerdo los comienzos de curso del taller de El Fontán: frío, baldosas húmedas y edificios de piedra a cuya historia siempre fui impermeable. Recuerdo la emoción del reencuentro semanal con mis compañeros y el sentimiento de orgullo cuando llevaba los deberes hechos. La creciente inquietud a medida que pasaban los minutos de la hora y media que duraba la clase. ¿Me tocaría hoy leer? Si no era así, el deseo crecía a lo largo de la semana hasta desembocar en otro martes de lluvia y frío. Pero, de vez en cuando, mi momento llegaba. Y las letras se nublaban y la voz me temblaba al vibrar con la emoción de lo escrito. Y oía el silencio y sentía el pensamiento de los compañeros. Esperaba sus palabras. ¡Por favor, dadme caña, que así aprendo!, les decía mintiendo a medias, porque también quería escuchar que les gustaba.
Sus palabras... Este año no ha habido principio de curso para mí. ¡Echo tanto de menos sus palabras! Porque, así como nunca sabré la historia de los edificios que enmarcan El Fontán, ni creo que tampoco sus nombres, sí sé cómo se llaman mis compañeros y recuerdo sus historias: las que me han contado de sus vidas y, sobre todo, las inventadas: las que han leído sobre papeles empañados de emoción esperando, anhelantes, nuestras palabras.

Mara








Microficciones IV

Uno de los aspectos claves de la narración es ¿quién cuenta? La decisión del escritor de narrar en primera, segunda o tercera persona no es fortuita.
La fuerza del yo radica en su verosimilitud.
En la segunda persona se sobresalta al lector que se siente aludido.
La tercera persona cuenta desde fuera la acción, conoce cada pensamiento y cada acción de los personajes.


Reescribir en primera persona el siguiente texto del libro “Nada que hacer, Monsieur Baruch” de Julio Ramón Ribeyro.

“El cartero seguía echando por debajo de la puerta una publicidad a la que Monsieur Baruch permanecía completamente insensible. En los últimos tres días había deslizado un folleto de la Sociedad de Galvanoterapia en cuya primera página se veía la fotografía de un hombre con cara de cretino bajo el rótulo “Gracias al método del doctor Klein ahora soy un hombre feliz”; había también un prospecto del detergente Ajax proponiendo un descuento de cinco centavos por el paquete familiar que se comprara en los próximos diez días; se veía por último programas ilustrados que ofrecían las memorias de Wiston Churcill pagaderas en catorce mensualidades, un equipo completo de carpintería doméstica cuya pieza maestra era un berbiquí eléctrico y finalmente un volante de colores particularmente vivos sobre “El arte de escribir y redactar”, que el cartero lanzó con tal pericia que estuvo a punto de caer en la propia mano de Monsieur Baruch. Pero éste, a pesar de encontrarse muy cerca de la puerta y con los ojos puestos en ella, no podía interesarse por esos asuntos, pues desde hacía tres días estaba muerto.”








Microficciones III

Esta semana abordaremos el cuento desde el conflicto. Al plantear el conflicto tenemos dos fuerzas que se oponen. Una situación crítica que obliga al protagonista a elegir, a cumplir o no su propósito, a decidir si resuelve o no un problema.
El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro decía: “El cuento debe partir de un punto en el que los personajes surgen de un conflicto y esto les obliga a tomar decisiones” .
La propuesta de trabajo es la siguiente: construir un relato en el que el conflicto esté compuesto por los siguientes elementos:

  • una biblioteca
  • un profesor de matemáticas recién jubilado
  • una postal de Alejandría
  • un pañuelo de seda

Microficciones II

Martes, 22 de abril Escribir un relato de 25 líneas sobre la siguiente idea de Cortázar: En una librería de Escocia existen libros con una página en blanco. Cuando un lector se encuentra con dicha página a las tres de la tarde muere.

MicroficcionesI

Martes, 14 de abril Escribir un texto de 25 líneas con el siguiente comienzo: "La vida es como se presenta. Deseaba tener una habitación limpia e individual, una cama muy blanca, un lavabo resplandeciente, una mesa con una lámpara de luz suave. Pero debía matar a alguien". Manuel Vicent

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