El escritor griego Petros Márkaris gana el VII Premio Pepe Carvalho
El autor recibirá el galardón en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona en el marco de BCNegra, en febrero de 2012
El escritor griego Petros Márkaris ha sido proclamado ganador del VII Premio Pepe Carvalho, que el autor recibirá en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona en el marco de BCNegra, la semana de novela negra que tendrá lugar entre el 6 y el 11 de febrero de 2012.
El jurado, formado por Sergio Vila-Sanjuán, Daniel Vázquez Sallés, Rosa Mora, Jordi Canal, Paco Camarasa y Juan José Arranz, ha acordado, por unanimidad, otorgar el premio a Petros Márkaris "por ser uno de los representantes más claros de lo que se ha llamado novela negra mediterránea".
Este subgénero, continúa el jurado, representa "una forma más cercana" de acercarse a los grandes temas de la novela negrocriminal: la corrupción, la manipulación del poder, las diferencias entre justicia y ley o la mezquindad de los poderosos.
Tanto Márkaris como Manuel Vázquez Montalbán hacen que sus personajes, Kostas Jaritos y Pepe Carvalho, sean testigos críticos de la evolución y la transformación de Atenas y Barcelona, dos ciudades que se convierten en coprotagonistas de sus respectivas novelas.
Las calles de Atenas, sus rincones, las personas que la habitan -aunque no pasen a los libros de Historia-, las calores y los colores, o los olores y los sabores que la hacen reconocible están también presentes en Márkaris.
La sociedad griega, con las cicatriz que deja haber sufrido una dictadura, es "diseccionada e iluminada" al lector, en sus zonas oscuras, a través de la capacidad narrativa del autor, implicado, como lo estuvo en su momento Vázquez Montalbán en España, en la aspiración de justicia y de desarrollo social de Grecia.
El autor visitará Barcelona el próximo 24 de octubre para presentar Con el agua al cuello (Amb l'aigua fins al coll, en su versión catalana), su nueva novela ambientada en la actual crisis griega, ha informado su editorial en España, Tusquets.
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Uderzo se retira, Astérix sigue. Apenas cinco palabras, una sencilla oración, pero fiel reflejo del fin de una era del cómic y, también, el punto de inicio que confirma que la historieta como género ha cambiado y se enfrenta a nuevos e ilusionantes retos.
Se va Uderzo: muere una era del cómic
Su adiós a Astérix simboliza las metamorfosis de la historieta como género y mercado
Hace unos meses, Albert Uderzo decidía que, tras más de medio siglo dibujando las aventuras del irreductible galo que creara junto a René Goscinny en 1959, se retiraba para dejar paso a nuevos autores que siguieran sus peripecias. Una decisión sorprendente, que rompía la firme determinación que hasta el momento había expresado de seguir los pasos de Hergé con Tintín, no permitiendo que la serie continuara tras su desaparición.
Sin embargo, el inesperado anuncio no dejaba de tener sentido: tras años de dolorosas disputas contra su hija y su yerno por los derechos del personaje, el mundo que rodeaba al dibujante había cambiado tanto, el sufrimiento personal había sido tan grande, que todo podía ser puesto en duda y repensado.
Y es que la historieta había cambiado radicalmente desde que Astérix viera la luz en las páginas de la revista Pilote hace ya más de cinco décadas: aquella forma de cultura popular masiva pensada para el entretenimiento juvenil es hoy un arte con todas las consecuencias, que no se arredra en sus ambiciones y que mira tanto al lector adulto como al infantil, sin distinciones. Los personajes que inundaban las páginas de los tebeos juveniles han devenido en iconos culturales que lideran engrasadas industrias de mercadotecnia, en las que las publicaciones en papel son tan sólo la punta del iceberg de planificadas campañas totalmente globalizadas, donde se cuida desde la adaptación cinematográfica a los videojuegos en todas las plataformas concebibles, pasando por todo tipo de figuras y complementos de moda. En resumen: negocios de pingües beneficios que en el caso de Astérix arrojan cifran mareantes: más de 350 millones de ejemplares vendidos de los 34 álbumes editados, traducidos a más de un centenar de lenguas, un parque temático, series de animación, exitosas películas (con una más, Astérix y Obélix al servicio de Su Majestad, preparándose para 2012), videojuegos... Cifras de facturación que se miden en millones de euros y que demuestran que el cómic sigue siendo un eficaz motor económico. Es una razón más que sobrada para que los Astérix, Obélix y demás habitantes de la orgullosa aldea gala sigan arreando sopapos a los romanos, continuando en las librerías igual que hicieron en su día otros grandes personajes como Lucky Luke o Spirou tras la desaparición de sus creadores.
Según se comenta en las páginas webs especializadas, todo apunta a que Jean-Yves Ferri (guionista de la exitosa De Gaulle à la plage y de la serie Retorno a la tierra, junto a Larcenet) será el encargado de los nuevos guiones de la serie, que serán dibujados por los hermanos Frédéric y Thierry Mébarki, que trabajan desde hace años como asistentes de Uderzo. Con este cambio, todos los grandes iconos del cómic se transforman definitivamente en gigantescas franquicias alejadas de su creador, en un movimiento que certificará completamente el esperado éxito de la versión de Spielberg y Jackson de las aventuras de Tintín, rompiendo definitivamente los límites comerciales que la obra de Hergé tenía en el mercado anglófono y, quién sabe, poniendo sobre la mesa la conveniencia comercial de proseguir las aventuras del personaje, pese a la oposición de su creador.
El cómic europeo se une así a los movimientos que vive el género de superhéroes estadounidense, que ve cómo clásicos personajes forman parte ahora de estudiadas estrategias globales en las que el cómic es sólo una parte más. Paradójicamente, ese crisol de ideas que ha sido para la gran pantalla el noveno arte puede quedar relegado a una forma más de mercadotecnia dentro de esta nueva concepción total de la industria del entretenimiento.
Estamos ante una situación que contrasta con la pujanza de la nueva percepción que por fin va calando entre los lectores y medios de comunicación hacia la historieta, que dejan atrás prejuicios y consideraciones peyorativas para encontrar un arte que, definitivamente, también es adulto. Un lenguaje en el que el cómic de autor reclama un puesto preponderante a través de la novela gráfica y la reescritura de los géneros clásicos.
Es lo que está ocurriendo en Francia, donde las nuevas generaciones comandadas por autores como Joan Sfar, Christophe Blain, Lewis Trondheim o Frederick Peeters dan una visión novedosa que, además, está dando nueva vida a los personajes clásicos (como por ejemplo la excelente revisión del origen de Spirou que firma Émile Bravo en El diario de un ingenuo). Se cierra así un círculo que liga perfectamente la dicotomía de un medio que simboliza los siglos XX y XXI, conjugando arte e industria del entretenimiento.
(Fuente: El País. com)
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A lo largo de las 25 obras, ordenadas por las etapas en las que Castillo divide el conjunto de las aventuras de Tintín, podemos ver la visión personal que cada autor muestra del inmortal periodista, cada uno con su propio lenguaje y claves artísticas. Esto da lugar a un conjunto de obras que, si bien tienen en común el hilo conductor del tema de las aventuras de Tintín, presentan una gran diversidad.Algunos artistas emplean modos de expresión emparentados con las vanguardias de principìos del siglo XX, (purismo, constructivismo), que nos recuerdan en algún caso a las primeras ilustraciones y trabajos publicitarios de Hergé; otros emplean el propio lenguaje tintinesco añadiendo nuevos elementos, y otros, por fin, fusionan el mundo tintinesco con una poética más personal. Esta variedad de modos de expresión, a mi juicio, hace de la vista a la exposición una experiencia interesante y enriquecedora. Algunos de los pintores, a quienes ya conocía o tuve el gusto de conocer ayer, aparecen a continuación retratados junto a sus respectivas obras.
Etiquetas: CÓMIC
Este es un relato corto que el escritor estadounidense escribió en los años cincuenta del siglo XX. Es una clase magistral de química y bioquímica en clave de humor (bioquímica un poco alocada, naturalmente) y habría que aclarar que aunque en los países latinos decimos la expresión “Matar a la gallina de los huevos de oro” cuando nos queremos referir a desaprovechar una ocasión ventajosa, en el ámbito anglosajón se refieren a “Matar a una oca de los huevos de oro” para la misma situación; que es como lo escribió Esopo originalmente en sus fabulas. Si no sabéis de qué estoy hablando leed el relato y disfrutad un rato con el genio de Asimov.
No les podría decir mi verdadero nombre aunque quisiera, y dadas las circunstancias, no lo deseo.
No soy buen escritor, así que he hecho que Isaac Asimov escriba esto en mi lugar. Le he elegido a el por varias razones. Primero, porque es un bioquímico y puede comprender lo que digo; en parte al menos. Segundo, porque sabe escribir; al menos ha publicado bastantes relatos, lo cual puede que no signifique lo mismo, naturalmente.
No fui yo la primera persona en tener el honor de conocer a la Oca. Ese honor le corresponde a un cosechero de algodón de Texas, llamado Jan Angus MacGregor, que era su dueño antes de que pasara a ser propiedad del Gobierno.
Hacia el verano de 1955 había mandado una docena de cartas al Ministerio de Agricultura pidiendo una información sobre la incubación de huevos de oca. El Ministerio le envió todos los folletos disponibles que trataban esa cuestión, pero sus cartas se fueron haciendo cada vez más exigentes y aumentaban las referencias a su «amigo» el representante local en el Congreso.
Mi relación con este asunto radica en que estoy empleado en el Ministerio de Agricultura. Puesto que iba a asistir a un congreso en San Antonio en Julio de 1955, mi jefe me pidió que me detuviera en la finca de MacGregor y viera en que podía ayudarle. Estamos al servicio del público y además habíamos recibido, por fin, una carta del congresista amigo de MacGregor.
El 17 de julio de 1955 vi por primera vez a la Oca. Primero conocí a MacGregor. Tenía unos cincuenta y tantos años, era un hombre alto, de rostro arrugado y lleno de desconfianza. Repase toda la información que se le había proporcionado; luego le pregunte cortésmente si podía ver sus gansos.
- No son gansos, señor – replico -; es una oca.
- ¿Puedo ver esa oca? – pregunte.
- Lo siento, pero no.
- Bueno, pues no le puedo ayudar más. Si no se trata mas que de una oca, entonces quiere decirse que las cosas van mal. ¿A que preocuparse por una oca? Cómasela.
Me levante y cogí el sombrero.
- ¡Espere! – dijo, y me quede donde estaba mientras el apretaba los labios y arrugaba loa ojos luchando en silencio consiga mismo -. Venga conmigo.
Salí con el a un corral cercano a la casa, rodeado de alambre de espino, con una verja con cerradura, en donde guardaba su oca: la Oca.
- Esta es la Oca – dijo.
Por la forma en que lo dijo pude entender hasta las letras mayúsculas.
La mire. Parecía una oca corriente, gorda, satisfecha de si misma e irascible.
- Y aquí tiene uno de sus huevos – dijo MacGregor -. Lo he tenido en la incubadora. Esta igual que estaba – se lo sacó de un amplio bolsillo de su mono de trabajo. Hacía un esfuerzo extraño, como si le costara sostenerlo.
Fruncí el ceño. Había algo raro en este huevo. Era más pequeño y más esférico de lo normal.
- Cójalo – dijo MacGregor.
Alargue la mano y lo cogí. O intente cogerlo. Le calcule un peso que tendría un huevo normal como este, y se quedo donde estaba. Tuve que hacer más fuerza, y entonces lo levante.
Ahora comprendía la extraña manera de sostenerlo de MacGregor. Pesaba casi un kilo...
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'Claraboya', novela inédita de Saramago, verá la luz
El autor terminó la obra con 30 años y, al no ser publicada, decidió no entregar ningún otro escrito durante 20 años
La Fundación José Saramago anunció el sábado pasado la publicación a mediados de octubre, en Portugal y Brasil, de Claraboya una novela que el fallecido nobel portugués acabó con 30 años recién cumplidos (a principios de la década de los años 50) y tras la cual mantuvo un silencio creativo de dos décadas. Ese silencio "de alguna manera, tiene su origen en la falta de respeto con que el autor se sintió tratado", señala la institución en un comunicado. La obra está disponible en formato digital desde el sábado.
El escritor entregó esta segunda novela a un amigo con relaciones en el mundillo editorial, relatan desde la Fundación. Durante años no sólo no recibió respuesta de la editorial, sino que tampoco pudo recuperar el original enviado.
40 años después de aquello recibió noticias de que "en una mudanza" la editorial (ahora ya sí muy interesada en publicar Claraboya) había hallado el manuscrito. El autor consideró que habían pasado demasiados años como para publicar ese texto, pero dejó manos libres a sus herederos por si querían que viera la luz tras su fallecimiento.
La obra, previsiblemente, será publicada en castellano, catalán e italiano en primavera. Mientras tanto, en su blog (El cuaderno de Saramago) se irán publicando fragmentos diarios del libro "como si de un puzle se tratase y sin llegar a contar la historia de que Claraboya narra", indican las fuentes.
Etiquetas: DE LIBROS Y ESCRITORES
29 DE SEPTIEMBRE: : “Memoria de la lluvia” de Miguel Rodríguez Muñoz
13 DE OCTUBRE: “Ensayo sobre la ceguera” José Saramago
27 DE OCTUBRE: “El asombroso viaje de Pomponio Flato” Eduardo Mendoza, Editorial Seix Barral
10 DE NOVIEMBRE: “Historia universal de Paniceiros” Xuan Bello, Editorial Debate
24 DE NOVIEMBRE: “La edad del hierro” J.M. Coetzee
22 DE DICIEMBRE: “El astillero” de Juan Carlos Onetti
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—Bah —exclamó el poeta—, con ésos no hay que contar. Van a roncar al Liceo porque hay que lucir las joyas y adquieren cuadros valiosos para darse tono, pero no distinguen una ópera de Wagner de una revista del Paralelo.
—Bueno no hay que exagerar—dijo Pere Parells recordando para sus adentros algunos títulos de revistas que le habían complacido especialmente—. Cada cosa tiene su momento.
—Y así —prosiguió la señora Van Peltz, que no estaba dispuesta a tolerar digresiones frívolas—, los artistas se han vuelto contra la aristocracia y han creado ese naturalismo que padecemos y que no es más que afán de echarse en brazos del pueblo halagando sus instintos.
Pere Parells, poco adicto a semejantes conversaciones, se despegó del grupo y buscó refugio junto a unos industriales a los que conocía superficialmente. Los industriales habían acorralado a un obeso y risueño banquero y descargaban sus iras en él.
— ¡No me diga usted que los bancos no se han puesto de culo! —exclamaba uno de los industriales señalando al banquero con la punta de su cigarro.
— ¡Puñetas! — bramaba el otro industrial, cuyo rostro se tornaba rojo y blanco con pasmosa prontitud—. Cuando las cosas van bien, ustedes se hinchan a ganar…
— ¡Y a estrujar! —terció su compañero.
—…y cuando van torcidas, se vuelven de espaldas…
— ¡De culo, de culo!
—… y se hacen los sordos. Arruinarán al país y aún pretenden haberse comportado como buenos negociantes
—Yo, señores, tengo mi sueldo, que no varía de mes en mes—respondió el banquero—. Si actuamos como lo hacemos no es por lucro personal. Administramos el dinero que nos han confiado.
— ¡Puñetas! Especulan con la crisis.
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