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AMAPOLAS EN JULIO


AMAPOLAS EN JULIO

Pequeñas amapolas, pequeñas llamas infernales,
¿Sois inofensivas?

Vuestro fuego vacila. No me atrevo a tocaros.
Pero luego meto las manos en las llamas, y no     
                                                                queman.

Ah, me canso de veros
Parpadear así, arrugadas y rojas, como la piel de
                                                              una boca.

                                                                                     Una boca manchada de sangre.
                                                                                     ¡Pequeñas faldas ensangrentadas!

                                                                                     Hay ciertos humos que yo no puedo tocar.
                                                                                     ¿Dónde están vuestros opiáceos, vuestras       
                                                                                                                    cápsulas nauseabundas?

                                                                                      ¡Ojalá pudiera yo sangrar o dormir!
                                                                                      ¡Ojalá mi boca pudiera deposar una herida
                                                                                                                                           semejante.

                                                                                      O se infiltrara vuestro licor en mí, en esta
                                                                                                                                cápsula de cristal,
                                                                                      Para embotarme, para aliviarme, para calmarme.

                                                                                      Pero sin color, eso sí. Sin ningún color.


                                                                                         20 de julio de 1962

Sylvia Plath, Bartleby Editores

ESTAS MANOS

EVOCACIÓN

 


Este domingo 10 de julio se cumplen 140 años del nacimiento de Marcel Proust.
De su obra más afamada –la serie de siete novelas que componen En busca del tiempo perdido–, transcribimos el fragmento más citado –seguramente porque relata, más que un episodio dentro de la historia, el gesto fundamental de toda la novela: la evocación–, que se encuentra en el principio de Por el camino de Swann, la primera entrega:


Me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba…
[…] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]

LOS LIBROS Y LA NOCHE DE TRISTAN BAUER

Los libros y la noche de Tristan Bauer es una película sobre la vida y la obra de Borges

THE OLD MAN AND THE SEA

Adaptación de la obra de Hemingway "El viejo y el mar", por Aleksandr Petrov

BIBLIOTECA CIRCULANTE

Biblioteca circulante/5


El arte es lo contrario de las ideas generales, sólo describe lo individual, no desea más que lo único. No clasifica; desclasifica (Marcel Schwob, “Vidas imaginarias”)
Perros en la playa, Jordi Doce. La Oficina de Arte ediciones. Notas
El umbral, María Victoria Atencia. Pre-textos. Poesía.
Novelas en tres líneas. Félix Féneon. Traducción de Lluis María Todó. Introducción de Antonio Jiménez Morató. Impedimenta.
Tiempo de vida. Marcos Giralt. Anagrama. Prosa.
Los Pichiciegos. Fogwill.  Periférica. Novela
Gramos. José María Castrillón. Trea. Poesía
La palabra en archipiélago. René Char. Hiperion. Traducción de Jorge Riechman. Poesía.
Pájaros de América. Lorrie Moore. Salamandra. Relatos
Jacob Von Gunten. Robert Walser. SIRUELA. Traducción de Juan José del Solar. Prosa
Los irlandeses. Rodolfo Walsh. El Aleph. Prólogo de Ricardo Piglia. Relatos.
Mi vida social. Justo Navarro. Pre- Teextos. Poesía
Vidas imaginarias. Marcel Schwob. KRK. Prólogo de Eloy Tizón. Traducción de Olga Novo Presa. Poesía.
Reses. Esther Ramón. Trea Poesía
La decisión de Sophie. Willian Styron. La otra orilla. Traducción de Antoni Pigrau. Epílogo de Javier García Sánchez. Novela
Paracaidistas. Chus Fernández. Trea. Novela
El hacedor. Jorge Luis Borges. Alianza editorial. Destino. Relatos, poemas
El valle de las gigantas. Gustavo Martín Garzo. Destino. Novela
Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible. John Berger. Árdora ediciones
Las hermanas Grimes. Richard Yates. Alfaguara. Traducción de Rolando Costas Picazo. Novela

Títulos selecionados  por Fernando Menéndez

MI MADRE, RICHARD FORD

El acto y el ejercicio de abordar la vida de mi madres es, por supuesto, un acto de amor. No debe pensarse que a mi incompleto recuerdo de esa vida o mi conocimiento insuficiente de los hechos son demostraciones de amor incompleto. Amé a mi madre como lo hace un niño feliz, sin pensarlo, sin dudas. Cuando me hice adulto, nos tuvimos un gran respeto; podíamos decir "te quiero" cuando parecía necesariopara aclarar las situaciones, pero din detenernos en ello. Ahora eso me parece perfecto, igual que me lo parecía entonces.

Richard Ford con sus padres en 1950    

Richard Ford hace en "Mi madre" un libro homenaje a su madre muerta en 1981. A través de aquellos hechos espontáneos que saltan de la memoria, el escritor construye un relato de de un tiempo, de un lugar, de una época a la que pertenecer.

Mi madre, Richard Ford. Traducción Marco Aurelio Galmarini. Editorial Anagrama                        

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