— Afuera, la noche invernal había envuelto la ciudad en agua, en niebla y en viento. Con la cabeza tapada bajo el embozo, yo escuchaba el ruido sordo y monótono de las gotas de lluvia sobre el gran tejado de nuestra casa.
Imaginaba cómo las gotas innumerables rodaban en aquel instante sobre las aguas inclinadas del tejado, apresurándose a caer cuanto antes a tierra para evaporarse después y volver a encaramarse allá arriba, en el cielo blanco. No sabían que en los aleros del tejado les esperaba una trampa oculta, el canalón de hojalata. Justo cuando se disponían a brincar del tejado al suelo, se encontraban de pronto en el interior del estrecho canalón junto con miles y miles de sus compañeras que se preguntaban amedrentadas: «¿A dónde vamos?, ¿a dónde nos llevan?». Entonces, antes de que hubieran podido recuperarse de su alocada carrera por el tubo, caían bruscamente en una prisión honda y oscura bajo la tierra, en el enorme aljibe de nuestra casa. De este modo llegaba a su fin la vida libre y gozosa de las gotas de lluvia.
(KADARÉ, ISMAIL, Crónica de la ciudad de piedra)
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-Muchos críticos literarios que no tienen mucho que decir de una obra o buscan destacar frente a la obra que critican, hacen hincapié en los gazapos o errores tipográficos del texto, como si así hubieran descubierto un fallo que desmerece a toda la obra. Bien saben los escritores y hasta los correctores estilísticos que obtener un texto limpio de errores es una tarea titánica. Ej ejemplo paradigmático lo podéis encontrar en obras universales, que están repletos de errores. En El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Cervantes, por ejemplo encontramos que Sancho Panza vende un asno y poco tiempo después, sigue viajando a lomos del asno. O que el casco de Don Quijote se hace trizas en un capítulo y al capítulo siguiente sigue intacto. O que ambos personajes cenan dos veces en una noche y Sancho saca dinero de un monedero que había perdido con anterioridad.
En Robison Crusoe, de Daniel Dafoe, el protagonista, tras el naufragio, se desnuda completamente y nada hasta los restos del buque, encallado junto a la playa. Una vez allí, recoge diversos objetos del barco y… ¡se los guarda en los bolsillos!
En vano, un impresor llamado Robert Foulis (1707-1776) trató de llevar a cabo en cierta ocasión una edición de clásicos que no tuviera ni un solo error de imprenta. Para conseguirlo, hizo revisar su libro por más de cinco correctores diferentes y exhibió ejemplares de muestra en varias universidades y bibiliotecas, retando a los lectores a que descubrieran alguna errata en ellos. Cuando por fin llegó al fin de la impresión, se descubrió que, pese a todos los esfuerzos, el libro contenía muchas erratas, algunas de ellas incluso en la primera página.
-Existen escritores cuya producción, en extremo prolífica, nos hacen pensar que detrás de ellos existe no ya un negro literario, sino decenas de ellos trabajando a destajo. Y es que una vez obtenido el reconocimiento de un escritor, ¿no sería lógico pensar que una empresa creara toda una infraestructura de novelistas detrás para exprimir la gallina de los huevos de oro? A todos nos viene a la mente Stephen King, pero ya Alejandro Dumas, tenía algo parecido a un taller de novelas de fórmula, donde un descatacamento de negros literarios trabajaban para él por un sueldo mísero y comida.
En la novela El libro negro, de Giovanni Papini (1881-1956), se cuenta sobre la existencia de una empresa ficticia, denominada Novel´s Company Ltd. (cuyo principal accionista es un excéntrico millonario llamado Gog), que posee diversas secciones en las que varios especialistas se dedican por separado a crear personajes interesantes, a describir paisajes, a elaborar diálogos, a contar peripecias y demás, todo ello bajo la supervisión de un redactor experimentado que, después, une y armoniza las diversas partes para conseguir un resultado final.
El libro negro es un desfile de personajes verídicos (Molotov, Picasso, Wright, Dalí, Hitler, Valery, Huxley, Marconi, Lorca, Voronov) y de otros totalmente imaginarios: su trama es la exposición de problemas políticos, morales, sociales, psicológicos y teológicos.
(Fuente: http://humoradas.blogspot.com/)
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LOS FINALISTAS:
¿Cuán verdes eran los Nazis?, editado por Franz Josef Bruggeimer, Mark Cioc y Thomas Zeller
El delicioso helado de D. Di Mascio: D. Di Mascio de Coventry: Una compañía de helados de buena reputación, con una flota interesante y variada de furgonetas de venta de helado, por Roger De Boer, Harvey Francis Pitcher y Alan Wilkinson
Los carros de compra perdidos del este de América del Norte: una guía de identificación, por Julian Montague
Mujeres tatuadas de la montaña y cajas de vajilla de Daguestán, por Robert Chenciner, Gabib Ismailov, Magomedkhan Magomedkhanov y Alex Binnie
Actas del decimoctavo simposio internacional sobre algas marinas, por Robert J. Anderson, Juliet A. Brodie, Edvar Onsoyen y Alan J Critchley
Mejor nunca que haber sido: el daño de comenzar a existir, por David Benatar
La revista británica The Bookseller ha publicado su lista de finalistas para el premio de "Título más extraño", que homenajea a las publicaciones marginales.
Actas del decimoctavo simposio internacional sobre algas marinas también compite por el premio, que será elegido por el público.
El autor recibirá una botella de champagne por su esfuerzo.
Joel Rickett, director adjunto de The Bookseller, dijo: "Mientras que otros premios literarios como los Costas y el Orange Broadband se han vendido, el premio Bookseller/Diagram ha rechazado todas las ofertas de patrocinio corporativo durante 29 años".
"Seguimos celebrando lo raro, lo extraño, lo simplemente curioso. La lista de finalistas de este año demuestra que, pese a que las editoriales han reducido su producción, la diversidad literaria sigue floreciendo", agregó.
Los finalistas fueron elegidos de una lista a la que contribuyeron editoriales, vendedores de libros y bibliotecarios de todo el mundo.
(Fuente: BBCMundo)
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El escritor J. D. Salinger, de 90 años, se ha anotado una victoria en los tribunales de EE UU al conseguir que un juzgado federal de Nueva York impida indefinidamente la publicación en ese país del libro 60 years later: coming trough the rye (60 años después: recuperándose del centeno), presunta continuación del clásico escrito por él en 1951 El guardián entre el centeno, según informa The New York Times en su edición digital.
En concreto, la juez Deborah Batts impide la publicación, distribución y promoción en Estados Unidos de la secuela no autorizada escrita por el sueco Fredrik Colting que usa el pseudónimo de J. D. California.
Batts ya había ordenado el pasado 17 de junio el bloqueo temporal de la publicación, después de que Salinger presentara quince días antes una demanda contra el autor, la editorial y la distribuidora de esa novela al considerar que el libro infringe sus derechos de autor sobre la obra y también sobre su protagonista.
La orden judicial da la razón, por el momento, a Salinger, y afirma que hay suficientes similitudes entre los personajes principales de ambas obras como para detener la publicación del libro de Colting, quien esgrimía que su secuela era "una parodia crítica que tenía el efecto de transformar la obra original".
Colting presentaba a un tal Mr. C -que todo el mundo relacionó con Holden Caufield, el protagonista de El guardián entre el centeno- recorrendo las calles de Nueva York tras escaparse de una residencia de ancianos en una trama ambientada unos sesenta años después de la época retratada en la obra original.
Salinger, que no publica ningún trabajo desde hace cuatro décadas y jamás ha escrito una secuela de la obra en cuestión, situaba a Caufield en su obra como un adolescente rebelde y narraba sus experiencias quijotescas por la Gran Manzana.
60 Years Later: Coming Through the Rye ya ha sido publicado en el Reino Unido por la editorial sueca Nicotext y tenía previsto hacerlo en septiembre en Estados Unidos.
Los tribunales han sido viejos aliados de Salinger. En 1982 logró que impidieran la publicación de una entrevista falsa en una revista. Peor suerte tuvo cinco años después, cuando nada pudo hacer para evitar la publicación de una biografía que no había autorizado.
("The catcher in the rye". Little, Brown & Company, Boston, 1952. 1st Edition, Early Printing. Esta primera edición firmada y conservada en un estuche de coleccionista, vale en internet cerca de 25.000 euros).
(Fuente: El País)
Etiquetas: CURIOSIDADES
¿Dónde encontrar el tiempo para leer?
Problema serio.
Que no es uno.
Porque si se plantea el problema del tiempo para leer es que no existe el deseo. Pues si se mira de cerca, nadie tiene nunca tiempo para leer. Ni los niños, ni los adolescentes, ni los mayores. La vida es un estorbo perpetuo para la lectura.
—¿Leer? Me gustaría mucho, pero el trabajo, los hijos, la casa, ya no tengo tiempo...
—¡Cómo envidio que usted tenga tiempo para leer!
¿Y por qué esta mujer, que trabaja, hace compras, cría a sus hijos, conduce su auto, ama a tres hombres, va al dentista, se muda la semana próxima, encuentra tiempo para leer, y este casto rentista soltero no?
El tiempo para leer es siempre tiempo robado. (De la misma manera que lo es el tiempo de escribir o e tiempo de amar).
¿Robado a qué?
Digamos que al deber de vivir.
El tiempo de leer, como el tiempo de amar, expanden el tiempo de vivir.
Si tuviésemos que enfrentar el amor desde el punto de vista de nuestra agenda, ¿quién se arriesgaría a ello? ¿Quién tiene tiempo para estar enamorado? Y sin embargo, ¿alguien ha visto alguna vez a un enamorado que no se tome el tiempo de amar?
Yo nunca he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme terminar una novela que amara.
La lectura no tiene que ver con la organización social del tiempo; es una manera de ser, como el amor.
(Daniel Pennac. Como una novela. Norma, Bogotá, 1996, pp.120-121)
Etiquetas: TEJUELO
Bartleby el escribiente de Herman Melville:
Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más originales y conmovedoras de la historia de la literatura. Melville escribió este relato a mediados del siglo XIX, pero por él no parece haber pasado el tiempo. Nos cuenta la historia de un peculiar copista que trabaja en una oficina de Wall Street. Un día, de repente, deja de escribir amparándose en su famosa fórmula: «Preferiría no hacerlo».
Nadie sabe de dónde viene este escribiente, prefiere no decirlo, y su futuro es incierto pues prefiere no hacer nada que altere su situación. El abogado, que es el narrador, no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud. Su compasión hacia el escribiente, un empleado que no cumple ninguna de sus órdenes, hace de este personaje un ser tan extraño como el propio Bartleby.
Año publicación: 2009 (1856)
(Vía: Nordica libros)
Etiquetas: DE LIBROS Y ESCRITORES

Nieves Escalada
Nacio en Gijón, Asturias, el 2 de Junio de 1920. Hija de Juan Escalada, Secretario del Juzgado Municipal de Sama de Langreo, y de Nati de la Peña Acebal. Su nacimiento acaeció en Gijón durante una corta estancia de Nati en casa de su madre, Leonor Acebal. Nieves residió hasta la edad de 21 años en Sama de Langreo donde efectuó estudios de educación primaria y bachillerato. En 1941, su padre, Juan Escalada, fue ascendido al cargo de Secretario del Juzgado Municipal de Oviedo, y la familia se trasladó a la capital asturiana. En 1942 se casó con su primo José Manuel Castañón de la Peña.
Dotada de una clara inteligencia y gran sensibilidad, autodidácta, adquirió una profunda educación humanística.
En 1961, en Venezuela, en el exilio que su marido voluntariamente había emprendido, y que ella aceptó con estoicidad y valentía, escribió breves biografías de mujeres famosas que eran emitidas semanalmente por una Radio Emisora de Caracas. Gran lectora de literatura y poesía, vuelca toda su ternura y sus íntimos anhelos en poesías que escribe y que no fueron conocidas hasta después de su muerte. Falleció en Madrid en 1983. Intimo
Intimo
¡Pobre poema mio sin mañana!
vertiendo sus dolores en el sendero muerto,
contando sus ensueños al infinito abierto,
que no tiene esperanza.
¡Pobre poema mio!
Lo hice entre dos tardes, en la hora, indefinida, muerta,
que el dolor y el amor se dan la mano.
La hora incierta, que convirtio su hueco
en el nido caliente de mis penas.
¡Pobre poema mio sin destino!
en donde apenas late mi hoy sin viento
¡y la voz de mi yo sin infinito!
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(Enviado por Guillermina)
Etiquetas: MICROFICCIONES DE VERANO
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