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DE MEMORIA



¿Qué poema sabes de memoria?





Aunque el futuro tiene más prestigio que el pasado, a veces una buena reforma no es más que una restauración. Viene esto a cuento de que el Gobierno británico está decidido a que los estudiantes de primaria aprendan poemas de memoria. La idea tomó un nuevo impulso hace semanas, pero no es nueva. Hace meses que la lanzó el secretario de Educación, Michael Gove, y desde entonces no ha parado de dar vueltas. The Guardian llegó incluso a plantear un curioso –y muy británico- test en su web en el que el lector debía elegir el final de un poema de entre tres versos dados. Solo uno era el original, o sea, como en el práctico del carnet de conducir pero con Kipling, Byron o Christina Rossetti en lugar del límite de velocidad en carreteras de doble dirección con arcén de menos de un metro.

Más allá de pensar en los beneficios de recordar versos, en lo primero que uno piensa cuando lee juntas las palabras poesía y memoria es, por supuesto, en hacer memoria. Con permiso, eso sí, de Joe Brainard, Perec y el recio profesor que nos enseñó métrica en séptimo de EGB (traducción a euros: primero de la ESO).

SUPERCÓMIC

portada de 'Supercómic'

Título: Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea | Varios Autores |  Santiago García (Coor.) |Editorialerrata naturae | Colección:Fuera de colección Género: Novela gráfica | ISBN: 9788490064412 |Páginas: 360 | Formato:  14 x 21,5 cm. PVP: 21,90 € | Publicación: 1 de abril de 2013


'Supercómic'
Varios autores
Precaución: este libro no es una historia del cómic. Tampoco es una guía de lectura ni una lista de la compra para principiantes. Dios nos libre. Este libro es un conjunto de ensayos lúcidos, heterogéneos y desacomplejados sobre el cómic actual: sobre sus mutaciones fundamentales en todo el mundo a lo largo de los últimos años. Porque el cómic ha cambiado mucho últimamente, y con él sus lectores. Hasta hace unos años, el lector adulto de cómics era casi siempre alguien que vivía en el recuerdo melancólico de sus lecturas infantiles y adolescentes. Ahora, sin embargo, los nuevos lectores adultos compran cómics porque su lectura les resulta tan estimulante y enriquecedora como una novela de Roberto Bolaño, un capítulo de The Wireo la última película de los hermanos Coen. A ellos se dirige este libro.
¿Y de qué tratan entonces estos ensayos? De la importancia que han tenido en el cómic y en su reciente transformación temas como la autobiografía, la memoria, el periodismo en viñetas, la reinvención de los superhéroes, el manga más heterodoxo, el nuevo género negro, el tebeo como ensayo, la representación extrema de la sexualidad o la nouvelle bande dessinée francesa.
Y por si acaso sintieran que tras leer estos textos, escritos por algunos de los grandes especialistas nacionales e internacionales, les faltara algo, incluimos también un maravilloso cómic inédito de Max y Mireia Pérez: un historietista consagrado y una de nuestras mejores promesas de la viñeta a la búsqueda conjunta y delirante de la historia perfecta.

DESTINY



DESTINY: Obra audiovisual realizada en una academia de formación para estos grandes artistas de la animación. En este caso se trata de la escuela Bellecour situada en Lyon. Fabien Weibel es su creador, que mientras cursaba Computer Graphic ideó este cortometraje que realizaría junto Sandrine WursterVictor Debatisse y Manuel Alligné.
Destiny narra la lucha de un hombre por evitar que suceda algo que no desea que pase. El tiempo es la clave, y como pasase en la película “Atrapado en el Tiempo” el despertador le brindará la oportunidad de cambiar lo sucedido en ese día. La diferencia con la película de Bill Murray es que cada vez que se despierta, dispone de menos tiempo.

FOTOGRAFÍAS
 
Las fotografías tienen la virtud de captar el instante, de helar para siempre unos segundos que fueron vida y, según Roland Barthes, pueden preservar, de una manera plástica, la sombra de los signos que, un día perdido de la tierra, alguien pronunció. Con Barthes, ya se sabe, ni te cases ni te embarques. Sin embargo en las fotografías hay algo de la realidad pasada que queda como prendido por alfileres, algo que nos conmueve -más allá de cualquier narcisismo- y que nos devuelve por lo menos parte de lo que pasó. Es extraña la denominación popular que le damos los asturianos a la fotografía. A la fotografía en mi país se le llama "semeya". La realidad que se ve no es exactamente como fue: tan solo se asemeja. Este escepticismo cuadra bastante bien con cierta forma de ser: de la misma manera que hemos aprendido a no desesperar con el tiempo que haga ( si por la mañana luce el sol es muy probable que por la tarde llovizne, truene o sople el cierzo), aprendimos también que las fotos son como un espejo mágico, pero falible, que solo reflejan días pasados. Las cosas no fueron como ahora las vemos reveladas ni seguramente fueron como entonces las vimos. La objetividad, en Asturias, es siempre un principio de incertidumbre: todas las cosas son, por lo menos, dos cosas distintas.
Digo todo esto porque repaso, en un álbum de fotos, todos los que he sido y todos los que han sido conmigo. No me quiero recrear en el indefectible paso del tiempo. Apartando la nostalgia para un lado intento extraer alguna conclusión moral que justifique, al menos, este afán de conservarnos para la posteridad en imágenes en las que posamos o en las que nos pillaron despistados. Hagamos lo que hagamos, del pasado solo obtenemos un simulacro, y el pasado comienza ya con la última sílaba qe apunto en este cuaderno.

Xuan Bello, La nieve y otros complementos circunstanciales, Xordica.

POETA EN NUEVA YORK; FEDERICO GARCÍA LORCA

TU INFANCIA EN MENTON
                        
                                 
                            Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes.
                                                                      
                                                                             Jorge Guillén
Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Tu soledad esquiva en los hoteles
y tu máscara pura de otro signo.
Es la niñez del mar y tu silencio
donde los sabios vidrios se quebraban.
Es tu yerta ignorancia donde estuvo
mi torso limitado por el fuego.
Norma de amor te di, hombre de Apolo,
llanto con ruiseñor enajenado,
pero, pasto de ruina, te afilabas
para los breves sueños indecisos.
Pensamiento de enfrente, luz de ayer,
índices y señales del acaso.
Tu cintura de arena sin sosiego
atiende sólo rastros que no escalan.
Pero yo he de buscar por los rincones
tu alma tibia sin ti que no te entiende,
con el dolor de Apolo detenido
con que he roto la máscara que llevas.
Allí, león, furia del cielo,
te dejaré pacer en mis mejillas;
allí, caballo azul de mi locura,
pulso de nebulosa y minutero.
He de buscar las piedras de alacranes
y los vestidos de tu madre niña,
llanto de media noche y paño roto
que quitó luna de la sien del muerto.
Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes.
Alma extraña de mi hueco de venas,
te he de buscar pequeña sin raíces.
¡Amor de siempre, amor, amor de nunca!
¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme.
No me tapen la boca los que buscan
espigas de Saturno por la nieve
o castran animales por un cielo,
clínica y selva de la anatomía.
Amor, amor, amor. Niñez del mar.
Tu alma tibia sin ti que no te entiende.
Amor, amor, un vuelo de la corza
por el pecho sin fin de la blancura.
Y tu niñez, amor, y tu niñez.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas.
Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes.
 
Federico García Lorca (“Poeta en Nueva York”)
                           
 

 
 

 

 
 

 
 

 

 

 





RUBÉN BLADES; PEDRO NAVAJA



Rubén Blades (1948), nacido en Panamá en el seno de una familia humilde.
Cantante, compositor, músico, actor y abogado que desarrolló gran parte de su carrera en la ciudad de Nueva York. Sus discos más exitosos los realizó junto con Willie Colón para el sello discográfico Fania .
Su estilo ha sido calificado como "salsa intelectual" y en muchos países se le conoce como el «Poeta de la salsa». Sus canciones han alcanzado gran popularidad y es considerado uno de los cantautores más exitosos y prolíficos.

A los seis años ganó un concurso de cuentos para niños de primaria. Desde entonces no ha dejado de escribir.

El próximo jueves 14 de marzo  a las 19:00 h, en el salón de actos de la  Biblioteca de Asturias el escritor Fulgencio Argüelles hablará de su libro EL PALACIO AZUL DE LOS INGENIEROS BELGAS.

Presenta el acto el poeta Fernando Menéndez.

Entrada libre hasta completar aforo.


Lucía le habló a Eneka de la locura de sus ilusiones, del teatro, de la aversión que le causaban el conformismo y la resignación, de la magia de la poesía y de la satisfacción que suponía para ella poder hablar con un hombre culto y educado. Eneka le dijo a mi hermana que las ilusiones no son nunca síntomas de locura sino de salud física y mental, y le habló de jardinería y de historia, y le explicó que había estado casado con Clío, una de las nueve musas, y mi hermana sentía muchas ganas de reír, pero no podía hacerlo porque estaba en el día del entierro de nuestra madre, y se contenía, y Eneka le dijo que ella podría ser también una de las nueve musas, quizá Calíope, protectora y animadora de la poesía erótica, o bien Euterpe, salvaguarda de la poesía lírica, y mi hermana se emocionó mucho con las palabras de mi amigo Eneka, el jardinero del palacio azul de los ingenieros belgas, y le dijo, me quedo con Calíope, porque me gustan las aventuras, y en aquel corredor, frente a la lluvia de mayo, la tarde del entierro de mi madre, era como si el mundo entero fuera flores y miradas y palabras amorosas.

El palacio azul de los ingenieros belgas, FULGENCIO ARGÜELLES, Editorial Acantilado

EDWARD GOREY







Edward Gorey, ilustrador y escritor, consiguió ser elevado a autor de culto por su entendmiento de la realidad y su manera de plasmarla en unas imágenes excéntricas, con un equilibro perfecto entre el humor ácido y la ternura. A través de un juego de apariencias que manejaba con manos expertas, el artista pensaba siempre en blanco y negro, convirtiendo sus historias en deudoras de las novelas victorianas. Consideraba, además, que una obra solo merecía la pena si hacía creer que se refería a una cosa, pero en realidad hablaba de un aspecto diferente.

ME ACUERDO


 La Biblioteca: Me acuerdo, Joe Brainard


Me acuerdo de muchos primeros días de colegio. Y de ese sentimiento de vacío. 
Me acuerdo de una placa colgada en la pared encima del televisor que decía «Dios bendiga nuestra casa hipotecada». 
Me acuerdo de algunas experiencias sexuales precoces y de las rodillas desolladas. Estoy convencido de que el sexo ahora es mucho mejor que antes, pero echo de menos las rodillas desolladas. 
Me acuerdo de que me preguntaba por qué, ya que era gay, no era una niña. 
Me acuerdo de cuando (fumado) el pensamiento más profundo del mundo se te evapora antes de encontrar un lápiz. 
Me acuerdo de una vez en que mi madre hizo desfilar a un puñado de mujeres por el baño mientras yo estaba cagando. ¡Nunca he sentido más vergüenza en toda mi vida! 
Me acuerdo de encender el cigarro por el filtro cuando estás intentando parecer «enrollado». 
Me acuerdo, luego, de algunos besos. Y de, finalmente, reunir el valor para meter mi lengua en su boca, pero (¿qué viene ahora?) (¡socorro!), y entonces fue todo meter y sacar, meter y sacar, hasta que empezó a parecer un poco raro y comprendí entonces que era un pardillo. 
Me acuerdo de intentar imaginarme de qué va todo esto. (La vida.) Me acuerdo de esas veces en que no sabes si estás muy feliz o muy triste. (Los ojos llorosos y el corazón alegre.)

«Me acuerdo es una obra maestra. Los libros supuestamente más importantes de nuestro tiempo serán olvidados uno tras otro, pero la pequeña y modesta joya de Joe Brainard perdurará. Con frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos el mundo. Me acuerdo es a la vez increíblemente divertido y profundamente conmovedor. Además, es uno de los pocos libros completamente originales que he leído.»

PAUL AUSTER

«No recuerdo la génesis de I Remember, pero desde el momento en que Joe Brainard enseñó la primera versión a los amigos, cuando la leyó en público, todo el mundo se dio cuenta al instante de que había dado con algo maravilloso, y muchos de nosotros nos preguntamos cómo no se nos había ocurrido una idea tan evidente. La originalidad de Joe radicaba en la frescura con la que miraba las cosas.»

RON PADGETT

INSTRUCCIONES (2)


INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA
Julio Cortázar


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.
Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en ‚este descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

EN UN LIBRO ABANDONADO...


 

Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Cintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Cintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Cintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz. 

(Escrito en un libro abandonado en un viaje. Fernando Pessoa)

EL VENDEDOR DE HUMO



El Vendedor de humo es un cortometraje de Animación realizado integramente por los alumnos de PrimerFrame.com, promoción de Octubre de 2010.

CONCURSO DE RELATOS CIUDAD DE OVIEDO; BASES

     



La Asociación Amigos de la Biblioteca de Asturias: Un puñado de letras, coincidiendo con la celebración del día del libro, convoca el IV Concurso de Microrrelatos Ciudad de Oviedo.
                                               BASES
1.- Podrán participar en él todas las personas mayores de 16 años que así lo deseen, residentes en España, presentando una obra original e inédita en lengua castellana y que no haya sido premiada en otro concurso o certamen literario.
2.-El tema será libre.
3.- Los relatos tendrán una extensión no superior a 150 palabras, sin contar el título; la obra se presentará en un cuerpo  12 “Times New Roman” a interlineado sencillo. Sólo se admitirá una obra por autor.
4.- Las obras se enviarán por correo electrónico a la siguiente dirección: deletras2009@gmail.com. Los relatos irán sin firmar y en un archivo adjunto se enviarán los datos del autor: nombre y apellidos, DNI, dirección y teléfono acompañados del título del relato enviado.
5.-El plazo de admisión comprenderá del 1 de marzo al  31 del mismo mes  a las doce  de la noche.
6.- Las obras que no reúnan las condiciones expresadas anteriormente serán  declaradas fuera de concurso.
7.- La designación del jurado se llevará a cabo por las personas convocantes.
8.- El fallo del jurado tendrá carácter inapelable y será dado a conocer  el día 23 de abril en un acto enmarcado dentro de la Noche de los libros, comunicándose a los ganadores previamente  la fecha y hora de  entrega. Los ganadores deben estar presentes para recibir el premio.
9.- En el acto organizado para la entrega de premios se procederá a la lectura de los trabajos galardonados, siendo condición indispensable para tener derecho a premio estar presente en dicho acto o representado por persona debidamente autorizada
10.- Los premios serán declarados desiertos cuando, a juicio del jurado, ninguna de  las obras presentadas  alcancen la calidad mínima exigible.
11.- Se concederá:
.Un primer premio de 200 euros al relato ganador
.Un segundo premio  de 100 euros para el relato finalista
12.- Todos los relatos quedarán en poder de la Asociación. Los relatos ganadores podrán ser objeto de publicación con fines no lucrativos.
 
13.-Los gastos de envío que puedan generar la partici­pación en este concurso serán siempre por cuenta de los participantes, así como los derivados de su presencia en el acto de entrega de premios.
14.- La presentación de trabajos a este concurso implica la aceptación de estas bases
 
 
 
 

Ignacio del Valle ha publicado su primer libro de relatos. "Caminando sobre las aguas", un conjunto de historias con las que este escritor demuestra que no teme descender a los infiernos.
 A continuación  uno de los relatos que recoge el libro y que  ha aparecido en el diario El Comercio, titulado Dromeda.
 
 
DROMEDA
 
La niña ha sido la única que lo ha visto. La única que cuando aparezca el furgón de atestados podría contarle al agente que, mientras ella se encontraba intentando sacar un grillo con una ramita de una de esas guaridas tan incómodas donde se esconden, en uno de los márgenes de la carretera que cruza el bosque de Dromeda, justo en mitad de la recta donde los coches suelen coger más velocidad, la ranchera efectuó un giro brusco, inexplicable, que la hizo volcar, dar varias vueltas de campana -no recuerda cuántas- y empotrarse de lado, boca abajo, contra uno de los árboles que orillaban el asfalto. Asimismo, la niña podría probar que, a pesar de hallarse entretenida con su particular caza menor, no perdió detalle del accidente debido a que segundos antes había oído el motor aumentando de revoluciones y, aunque los coches no le llamaban demasiado la atención, el color gris metalizado de la ranchera destellando contra el sol vertical del mediodía la había hechizado momentáneamente. El choque provocó el aleteo y la fuga de aves entre la frondosidad, y que el grillo tras el que tanto había porfiado diese un salto fuera de su guarida y desapareciera. Cuando la hojarasca, la madera, el metal y el eco sonoro cedieron poco a poco a la gravedad, un silencio hondo volvió a tomar posesión del bosque. Únicamente un hilillo de música -Bach, identificó más tarde uno de los agentes- continuó discurriendo entre el silencio.
La niña no ha llorado ni gritado; ni siquiera tiembla. Espera un rato más, entra en la carretera y camina hacia la ranchera. La música tira de ella como encantada por un flautista. Cuando llega a la altura de la puerta trasera, se pone en cuclillas y observa, a través del cristal roto, la cabecita ensangrentada de otra cría, aproximadamente de su misma edad, que a su vez la observa a ella con unos ojos marrones y fijos. La niña no se extraña de la imposible postura en que esta se encuentra, exactamente igual a su muñeca cuando se le cae al suelo y su cabeza adopta un absurdo ángulo respecto al cuerpo y un brazo se tuerce hacia delante y una pierna hacia atrás. Permanece un tiempo indefinido contemplando el cuerpo desmañado y, cuando cree que ya ha visto todo lo que tenía que ver, siempre en cuclillas, se mueve hacia el asiento delantero. Junto al volante, descubre un perrito de plástico afirmando con su cabeza flotante que aún quedaban restos de violencia centrífuga y, a su lado, un hombre con la cuenca de un ojo vaciada y una rígida expresión de sorpresa en la cara. La niña todavía se mantiene algunos minutos más en tertulia silenciosa con los cadáveres, mientras Bach, con su magia blanca y negra, continúa dotando a la escena de tintes oníricos. Luego, confirmando una vez más a su alrededor que no hay nadie a quien pedir ayuda, la niña vuelve a la ventanilla trasera, junta sus manos de una forma incómoda a fin de poder introducirse en el interior de la ranchera, y se encaja allí como puede, junto a la otra niña, pegada a ella, para que no esté tan sola hasta que llegue alguien.
El bosque de Dromeda cruza la provincia de norte a sur, y una autovía cruza el bosque de Dromeda de este a oeste. Antes de que la autovía, de reciente construcción, abriese el bosque en canal, se tardaba una eternidad en rodearlo por la antigua carretera que lo circunvalaba uniendo las dos ciudades más importantes de la provincia, situadas cada una en los extremos contrarios de Dromeda. Por esta autovía, y tan nueva como ella, avanza a buena velocidad una ranchera gris metalizada que acaba de ser estrenada por su propietario. Este es un hombre de mediana edad, perfectamente identificado con su vehículo; con el constante, predecible runrún de su motor, con la elegante ergonomía del tablero de mandos, con la decidida respuesta del volante, con la agradable habitabilidad del interior, porque el hombre conduce su ranchera como conduce su vida, agarrado a un timón firme que transmite con seguridad el rumbo que elige; en este caso, un entorno familiar con mujer y una niña donde alcanzar el grado máximo de la felicidad: la monotonía. Al llegar a una recta, el hombre aprieta el volante con un poco más de fuerza y acelera entre las olas verdes de los árboles. Le gusta agarrarlo con ambas manos, sentir que tiene una sensación de control sobre las cosas. De hecho, ese día, desde que arrancaran, únicamente ha dejado de agarrarlo así una vez. Aunque, en realidad, para ser exactos, fueron dos. La primera, cuando se puso a revolver en la guantera en busca de un compacto de Bach y lo introdujo en el reproductor. Nada más ponerlo en marcha, la música provocó que en el asiento trasero, su hija, a la que llevaba ese día a visitar a su abuela, saliera del mutismo contemplativo en el que la había sumido el bosque y comenzase a quejarse. La segunda, cuando al cabo de un rato, harto de soportar la tabarra de la cría, intentó quitar el compacto. Un intervalo en el cual, entre la ofuscación del momento y la distracción de la maniobra, la ranchera se escoró hacia el arcén de tal forma que, para cuando el hombre se dio cuenta del peligro que corrían, el margen de reacción se había estrechado tanto que el volantazo que dio sólo sirvió para que, en una averiada relación de espacio, velocidad, gravedad, azar y tiempo, el vehículo hiciera un extraño que lo lanzó por los aires. Un grito animal, aterrorizado. Una rotura de cristales. Luego, silencio. En los ojos del hombre, todo duró un instante o duró para siempre.
La niña ha muerto en la primera vuelta de campana. El golpe inicial contra el techo fue suficiente para romperle su delicado cuello. En su rostro ha quedado congelado el horror posterior a la mueca de disgusto que le provocó el compositor preferido de su padre. Una mueca muy parecida a la que compuso horas antes cuando fue obligada a prepararse para ir a ver a su abuela, una mujer por la que no sentía adoración. No sólo porque es una mujer severa y poco cariñosa -además de que no le permite tocar nada de su casa y va detrás de ella advirtiéndole esto o lo otro o lo de más allá-, sino porque odia profundamente esos besos rasposos que le da con su piel árida y llena de pelos negros. Lo único que la consuela de su obligación es el extraño placer que le produce el bosque de Dromeda -una emoción casi sexual que prefigura su entrada en la adolescencia-. Desde que han entrado en él, no puede dejar de mirar por la ventanilla. Ya antes de que la recién inaugurada autovía atravesara el bosque, cuando en alguna ocasión tenía que ir a visitar a su abuela, residente en la ciudad gemela del extremo opuesto, se sentía atraída por su inmenso e impenetrable borde vegetal. La noticia de que la autovía se hallaba en los últimos estadios de su obra le había producido una sensación extraña, parecida a la que experimentaría la madera clara, astillada, del árbol contra el cual se ha estrellado la ranchera; una madera que se ha encontrado con un mundo que no estaba destinada a ver. De hecho, y para acelerar su obsesión, había comenzado a soñar con Dromeda cada noche. Sueña que camina sobre sus mullidas alfombras de hierbas y hojas, con el viento susurrando entre las ramas, mientras se interna en su frondosidad a través de túneles vegetales cruzados por rayos de sol que se multiplican en las gotas de rocío posadas sobre las hojas, y cuyos finales están siempre en penumbra. Sueña que se echa bajo las verdes bóvedas, entre los helechos, el follaje húmedo, musgosos fragmentos de corteza, piñas descompuestas... y que se queda quieta, muy quieta, en un vivero de rumores y con todo el cielo verde concentrado en sus ojos, y hace como que es Dromeda, tiene raíces, respira lentamente, se hunde en las profundidades de la tierra, oscura, y observa a los gusanos, animalillos extraños, hilillos de agua, huesos, temblores, y luego mira hacia la luz, asciende como la savia hacia ella, hacia el sol, queda ciega por el sol, arriba, en las copas de los árboles, donde la luz nace, y luego vuelve abajo, donde se extingue, arriba y abajo, arriba y abajo, respirando, respirando, respirando. La música de Bach comienza de repente e interrumpe sus pensamientos, devolviéndola al interior de la ranchera desde la que ha estado contemplando el continuo verde de Dromeda. Frunce el ceño y endurece los músculos con tal intensidad que el esfuerzo produce una contracción espasmódica de sus labios. La música la molesta, la distrae de su comunión silenciosa con Dromeda, de su atención, y la niña comienza a quejarse, a patalear, con los ojos cerrados; y no los abre hasta que la música cesa y lo último que ve es a su padre forcejear con el volante. Luego, comienza a gritar.
La mujer, medio dormida, sobresaltada, cruza la casa a toda velocidad hasta llegar a la habitación de su hija y prende la luz. En la cama, profiriendo aún unos alaridos ensordecedores, la niña permanece aferrada a la almohada. Su madre se precipita hacia ella y la abraza contra su pecho, pero la cría continúa lanzando aullidos discontinuos, con los ojos horrorizados, clavados en el techo. Con un sentimiento de culpa y embarazo, desplaza todo su amor a sus brazos, la estrecha contra su pecho y comienza a ceñir su voz a una letanía ancestral que va desactivando poco a poco su miedo. Una pesadilla más, piensa la madre. Su hija llevaba una semana inquieta, despertándose sobresaltada, pero nunca con tanta exageración. Preocupada, continúa moviendo sus manos sobre ella como una pianista sobre un teclado conocido, y el llanto va perdiendo la partida hasta que, agotada, la niña va poco a poco volviendo al sueño del que fue expulsada. La madre permanece con ella y, cuando se halla segura de que sus arrullos han dado resultado, arropa a la cría y vuelve a su habitación. Se acuesta y se acopla al cuerpo de su marido para recuperar el calor. Este murmura entre la atonía del sueño si ha sido lo de siempre. Su mujer se aprieta fuerte contra él y le susurra que sí, pero que tampoco en esta ocasión se ha acordado del sueño. Sólo recuerda un grillo, acierta a silabear antes de dormirse, un grillo que se le escapa. Habrá que comprarle uno, resuelve su marido un instante antes de seguirla.
 
"Caminando sobre las aguas" Ignacio del Valle, editorial Páginas de Espuma

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