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El próximo jueves 29 de noviembre, a las 19:00 horas, en la Biblioteca de Asturias, Ramón Pérez de Ayala, Ricardo Menéndez Salmón hablará con los lectores de su último libro MEDUSA.

Presenta el acto Fernando Menéndez.

Organiza Asociación de Amigos de la Biblioteca de Asturias.

Entrada libre hasta completar aforo.

MEDUSA DE RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN


 




 

 “La desnudez del mundo invita a que alguien la capture”, escribió Prohaska en Al dictado de un dios cruel. “Pero la insatisfacción permanente del hombre, su ansia implacable de razones, es la que exige que alguien la interprete. Ahí", concluye el contemplador del Reich, “en la funesta manía de explicar, se esconde el origen de nuestro concepto de culpa.”
No es sencillo satisfacer la duda que nos corroe al leer estas líneas: ¿habla un cínico o un sabio? ¿Un pesimista razonable o un asesino odioso? ¿Una víctima o un verdugo?
MEDUSA de Ricardo Menéndez Salmón, editorial Seix Barral

PIERRE MICHON; EL ORIGEN DEL MUNDO


Lo que dormía bajo el polvo, en un mueble con vitrina pegado a la pared del fondo, venía de mucho antes. Venía del siglo anterior, de la época de las barbitas puntiagudas, de la República de los Jules, de aquellos tiempos en que unos curas atléticos del Périgord se arrastraban por las cuevas, remangándose la sotana, rumbo a los huesos de Adán, y en que unos maestros, también de Périgord, se arrastraban lo mismo y se manchaban de barro con unos cuantos chiquillos rumbo al hueso que demostrase que el hombre no nació de Adán; de ahí venía lo de la vitrina, como lo atestiguaban las etiquetas pegadas en todos los objetos, en que habían caligrafiado denominaciones científicas con la letra de mano primorosa característica de aquellos tiempos, la primorosa letra vanidosa y vana, redonda, recargada, ferviente, que compartían entonces los ingenuos y los modestos de ambos mandos, los que creían en las Escrituras y los que creían en el porvenir de los hombres.

 

Pierre Michon nació en 1945 en Cards, en la Creuse francesa. Publicó su primer libro a los treinta y siete años “Vidas minúsculas” que lo consagró de inmediato como uno de los grandes escritores del siglo.


El origen del mundo, Pierre Michon, editorial Anagrama

AMOS OZ: VERSOS DE VIDA Y MUERTE





 

Tal vez sea así: escribes sobre ellos como un fotógrafo de reuniones familiares. Vas y vienes entre los personajes, charlas con todos, confraternizas, gastas bromas, les apremias a que se coloquen de una vez en sus sitios, sitúas a los altos de pie formando un semicírculo , delante haces sentar a los bajos a las mujeres a los niños, reduces los espacios que los separan, juntas una cabeza con otra, pasas dos o tres veces entre las filas y con habilidad vas estirando un cuello, el pico de una camisa, los pliegues de algunas mangas, las cintas de unas trenzas, te retiras hacia detrás de tu cámara, que está dispuesta sobre un trípode, metes la cabeza en la manga negra, cierras los ojos, cuentas en voz alta hasta tres , aprietas por fin el botón y así conviertes a todos en espectros (el único que no ha obedecido es el gato gris de Miriam Nehoarait, se ha negado a quedarse  petrificado en su sitio, quizás ha olido la presencia de Joselito, por eso ha quedado atrapado para siempre en una esquina de la foto con tres o cuatro rabos.

VERSOS DE VIDA Y MUERTE Amos Oz, editorial Siruela

JULIEN GRACQ POR MIGUEL CASADO

"Transbaikalia y otros poemas", de Julien Gracq  traducidos por Miguel Casado en la página La nube habitada, que coordina e ilustra Anxo Pastor dentro de la revista digital FronteraD .


TRANSBAIKALIA
Las citas fallidas de enamorado en lo hondo de una cantera de pórfido; la Gehena y la giga demente de los barcos en llamas, una noche de niebla, por el mar del Norte; las gigantescas matas de espinos y las altas coronas de cementerio de una fábrica bombardeada, solo podrían dar una pálida idea de este vacío espejeante de quemaduras, de este ir sin rumbo y esta deriva de restos de naufragio como las aguas del Amazonas en la crecida, en que mi espíritu no había dejado de flotar después de partir entre enigmáticos monosílabos. Ya no sabría nombrarlo sino con nombres de glaciares inaccesibles o de alguno de esos espléndidos ríos mongoles de carrizos que cantan, de tigres blancos y olorosos, con su ternura de oasis inútiles entre la grava quemada de las estepas, esos ríos que desfilan lentamente ante el canto de un pájaro perdido encima de una caña, como posado después de la retirada del diluvio en un paisaje del que se han barrido los últimos toques del hombre: Nen, Kerulén, Selenga. Nen es el nombre que les doy en sus dulces consuelos, sus grandes escapadas de ternura como bajo velos conventuales; es la suavidad de piedra de sus manos secas, su leve sudor de niño, ligero como rocío, tras el abrazo matinal; es la hermanita de las noches inocentes como lirios, la chiquilla de los juegos pudorosos, de las almohadas blancas como una mañana fresca de septiembre. Kerulén son las tormentas rojas de sus músculos vencidos por la fiebre, la boca torcida con la deslumbrante torsión escultórica de las viguetas de hierro tras el incendio, las grandes olas verdes donde flotan sus piernas agitadas entre los músculos frescos del mar, cuando yo me hundo en él como una tabla a través de estratos traslúcidos, y ese gran ruido de doblar de campanas que nos acompaña en el lecho de las profundidades. Selenga es cuando flota su vestido como un vuelo soleado de gaviotas por el medio de las calles vacías de la mañana, por entre grandes velos batientes, ocelados con sus ojos como una cola de ave que se arrastra; son los ojos líquidos que nadan en torno suyo como una danza de estrellas. Es cuando desciende a mis sueños por las chimeneas tranquilas de diciembre, se sienta cerca de mi cama y toma tímidamente mi mano entre sus deditos para el difícil paso a través de los solemnes paisajes de la noche, sus ojos transparentes a todos los cometas que se abren sobre mis ojos hasta la mañana.
Para leer más pinchar en el siguiente enlace:

 

LUIS GOYTISOLO II: COSAS QUE PASAN


En la creación literaria el impuso sexual puede tener una presencia explícita, sea por los actos que en ella se describan, sea por el papel que desempeña en la trama argumental, por su influjo en el comportamiento de los personajes. Pero su impronta puede ser más amplia, hallarse en el centro de la concepción misma de la obra, así es, por ejemplo, en Proust, en Joyce, en Hemingway; no lo es, por el contrario, en Faulkner, en Kafka. Y es que, al igual que a los sueños, el impulso sexual se halla estrechamente vinculado a la creación literaria. Así, por ejemplo, el sueño de la casa en ruinas contigua a la mía, un caserón de piedra de silleria del que resulto ser dueño y que, pese a su deterioro, el sentimiento que produce es de alborozo según se recorren una tras otra sus estancias, según se descubren sus perspectivas insospechadas, las sugerencias que ofrece todo ese espacio olvidado. Ayer, en la noche del 13 al 14 de septiembre, tras reiterarse una vez más un sueño que se repite desde hace más de veinte años, se me impuso de golpe su significado: la inminente solución de un problema, esto es, estar a punto de en el terreno amoroso, o conceptual, o de la creación literaria. Un aviso, un anuncio, una llamada de alerta que prepara una revelación.


COSAS QUE PASAN Luis Goytisolo, editorial Siruela

LUIS GOYTISOLO I

Hace unas semanas estuvo en Oviedo Luis Goytisolo. El escritor impartió una conferencia bajo el título de Novela y novelista. El acto estuvo organizado por Tribuna Ciudadana y presentado por Fernando Menéndez. A continuación aparece el texto completo de la presentación.



Luis Goytisolo: novela y novelista 

Así que aquí estoy (…) / tratando de aprender a usar palabras, y cada intento / es un arranque completamente nuevo, y un diferente tipo de fracaso / porque uno ha aprendido sólo a prevalecer sobre las palabras / para aquello que uno ya no tiene que decir, o el modo como uno ya no está dispuesto a decirlo. Y así cada intento / es un nuevo comienzo, una incursión en lo inarticulado con un desastroso equipo siempre deteriorándose / en la confusión general de la imprecisión del sentimiento, indisciplinadas escuadras de emoción. (…) sólo hay lucha por recobrar lo que se ha perdido /  y encontrado y vuelto y vuelto a perder; (…) Pero quizás no hay ganancia no pérdida. / Para nosotros sólo está el intentar. Lo demás no es asunto nuestro. (“Cuartetos”, T.S.Eliot)
 

Tal vez, con la presencia hoy entre nosotros de un escritor de la talla de Luis Goytisolo: y más aún si pensamos en el título de la que será su intervención: “Novela y novelista”, podemos albergar alguna esperanza sobre la resolución de ese debate que a menudo se asoma en los foros públicos sobre la posible pérdida de trascendencia de la novela en los tiempos que corren. Una marea creciente que no duda en afirmar que la relevancia narrativa empieza a recaer en la ficción de una nómina de series televisivas que, al calor de crítica y espectadores, se erigen como las nuevas moduladoras de la realidad circundante. Tras este ensalzamiento de la “novela filmada” se oculta (o se descara más bien) la crítica a una novela escrita que, al parecer, ha perdido el interés por plantear a la sociedad en la que sobrevive preguntas indiscretas y perdido también el interés en revisarse a sí misma como género. Pero un diagnóstico que emplazara a la novela al mero ámbito del espectáculo y el entretenimiento, obviaría de manera grave la tarea de autores como el que hoy tengo el honor y placer de presentarles. Recordaba hace apenas una semana el crítico de ABC Cultural, Pozuelo Yvancos, al hilo de su reseña de “El lago en las pupilas”, última novela publicada hasta ahora por Luis Goytisolo en Siruela, lo reconfortante que resultaba para un lector la inquietud que aún le empuja a estas alturas de su trayectoria por realizar una búsqueda en cada título escrito. Y es que la biografía literaria de Luis Goytisolo puede verse como la biografía de un escritor que busca la incomodidad, es decir, que plantea al género que practica las suficientes preguntas inesperadas, siempre desde la confianza en que es el estilo, como así emana de Proust, lo que convierte a la novela en un mundo que no ilustra la realidad sino que se conforma en realidad autónoma, emparentándose así con la naturaleza también independiente de la poesía y no con el fácil trampantojo de tildar como poética aquella novela excesivamente retórica o dulcemente lírica.

Volviendo al crítico Pozuelo Yvancos, en su opinión, la inquietud por la búsqueda hace de la trayectoria de Luis Goytisolo una trayectoria sólida, felizmente errática por ser imprevisible. Pero toda errancia tiene sus sentidos orientados; sus encrucijadas en las que el riesgo solidifica. Un primer sentido orientado supone, según mi opinión, la primera novela de un jovencísimo Luis Goytisolo, “Las afueras”, merecedora del I Primer Premio Biblioteca Breve. La novela, si bien no fue mal recibida por la crítica, se le reprochó tal vez una gratuidad en su experimentación al mismo tiempo que, paradójicamente, se elogiaban sus novedades estructurales. Modulada en capítulos de los que algunos, previamente, tuvieron afortunada vida como relatos, “Las afueras” confronta dos realidades cercanas pero alejadas de una gran urbe como Barcelona. La de sus extrarradios con sus habitantes que física y socialmente viven afuera y la de los burgueses y terratenientes que viven dentro, por expresarlo así.

En palabras del profesor Fernando Valls, los capítulos / relatos de “Las afueras” al verse reunidos conforman una novela de enriquecida complejidad. La errancia, pues, asume su perfil desde el inicio, si por errancia entendemos un camino reacio a la conformidad y a las soluciones fáciles.

Desde 1958 (año de la concesión del Biblioteca Breve) transcurren cinco años hasta 1962, año en el que comienza la escritura de su obra magna: la tetralogía “Antagonía”. Proyecto que llevó a nuestro autor diecisiete años de escritura. He aquí la segunda encrucijada o sentido orientado. “Antagonía” vive este año en el que estamos una puesta al día en su vigencia por la decisión de celebrar la editorial Anagrama sus quinientos números de la colección Narrativas Hispánicas publicando la novela en un solo volumen prologada por Ignacio Echevarría. Este acontecimiento, lo que hace, es subrayar la capitalidad de un título clave para entender la obra de Luis Goytisolo y la historia de la narrativa contemporánea en nuestro país. Escuchemos sino por un momento a un ilustre lector como Claudio Guillén: Antagonía, en efecto, aspira a ser una summa novelesca y lo consigue. Sus dimensiones, que en resumidas cuentas se superponen, son varias y siempre amplias, es más, panorámicas, abiertas a todo cuanto puede abarcar el narrador ficcional. Ese narrador cultiva la exactitud y asimismo la abundancia, sin temor a la profusión de detalles y hasta la prolijidad. La creación literaria puede dar cabida lo mismo al afán de síntesis, que en este caso no se pierde nunca de vista, que a la atención más paciente a la infinidad de cosas y objetos y sucesos y personas y personillas que producen la prolijidad de lo real. Estamos en Cataluña y en Barcelona durante los años del último franquismo y la inminencia del régimen político siguiente. Una dimensión principal es la consciencia de la Historia, propia de la mejor tradición de la novela europea, y especialmente adecuada a las actividades clandestinas de los militantes antifranquistas que aparecen en la novela.

Simultáneamente se va profundizando en una conciencia de la sociedad, es decir, en el ejercicio del análisis sociológico, encarado con la evolución de las clases, profesiones y grandes familias catalanas por aquellos años. Barcelona es París, es Dublín, es Berlín, es el escenario de la novela de la gran ciudad; pero cuidado, ni Cataluña ni el mundo se reducen a ella, y junto a las escenas de la vida barcelonesa tenemos unas escenas de la vida catalana y a ratos también española.

Si se me permite afirmarlo, la contradicción de asentarse en la incomodidad, es la que marca el discurso literario de Luis Goytisolo sin obviar ninguno de los desafíos planteados a un novelista que percibe el género como un imponente interrogante o como un ámbito insular, con sus propias reglas y que no necesita de ninguna instrumentalización externa. El lector que se a alguna de las obras de nuestro autor debe ser consciente de esto último. Digamos que es a éste al que le toca levantar la pared de un edificio en marcha (o, quién sabe, tal vez derribarla). Uno no puede menos que pensar en alguno de los principios de la estética de la recepción que aguardan la participación activa del lector y no una mera contemplación.

Sin ir más lejos, la última novela publicada por Luis Goytisolo, la ya citada “El lago en las pupilas” es un clarísimo ejemplo de lo que acabo de decir. Narrada a través de una fragmentación de voces y con una alta capacidad de sugestión; al lector que culmina su lectura (al menos al que suscribe) le queda la sensación de que, una vez leída, queda pendiente otra novela (la misma y distinta): la que ha de (re)construirse en mi cabeza.

En honor a la verdad, lo que yo he denominado de manera reiterativa “errancia” o incomodidad ante las convenciones de un género, habrá que definirlo como la transición del verbo “representar” al verbo “interpretar”. La renuncia a la vieja (aún reincidente) intención realista de representar, de imitar la realidad, para optar por la interpretación de dicha realidad, cuya plasmación en términos literarios es la creación, no de un mundo independiente y paralelo al mundo que conocemos, sino de un mundo independiente y en muchas ocasiones perpendicular pues, no pocas veces, el mundo de ficción interpela al mundo real y en esa interpelación y en el lenguaje utilizado se ubica la única realidad válida para el novelista.

El barcelonés Luis Goytisolo es miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1994. Además de Biblioteca Breve, ha recibido el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. De sus obras publicadas me van a permitir que cite y ponga el acento en aquellas que al lector que ahora les habla mayor huella le han dejado: son los casos de “La paradoja del ave migratoria” (1987), “Estatua con palomas” (1992), “Diario de 360º” (2000) o “Placer licuante” (1997). Pero más allá de mis gustos particulares es de justicia destacar obras como “Liberación” (2003), “Oído atento a los pájaros” (2006) o “Cosas que pasan” (2009).

No me quiero olvidar de su labor como documentalista que dio lugar a celebradas series documentales como “Indico.”

Querría finalizar mi intervención recurriendo de nuevo al magisterio del profesor Claudio Guillén: (…) para Luis Goytisolo la novela no puede reducirse a la convivencia del lector con unos pocos personajes representativos o unos sucesos simbólicos. Ninguno de ellos es un signo suficiente ni plenamente significativo por sí solo. Lo principal es su inserción en una visión total, o su vinculación con un vasto conjunto, mediante una índole de comprensión que se vive dinámicamente como ciclo sin comienzo ni fin precisos, como aprendizaje de un futuro quizás más descifrable.

 

                                                          Fernando Menéndez

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: ESPACIO Y TIEMPO

Espacio y tiempo Juan Ramón Jimenéz. Editorial Linteo
 
Cada día de los que pasó en el exilio, Juan Ramón Jiménez pudo al menos tocar piedrecitas de Moguer. A todas horas, donde quiera que fuera, le acompañaban en un bolsillo.  El poeta dejó de hacer poesía. Solo cuando el paisaje cambió y le hizo sentirse en casa volvió al verso. Ocurrió en La Florida (Estados Unidos), donde se instaló junto a Zenobia Camprubí en “una casita andaluza” y donde todo le recordaba a su tierra. “En La Florida empecé a escribir otra vez en verso. Una madrugada me encontré escribiendo unos romances y unas canciones que era un retorno a mi primera juventud, una inocencia última, un final lójico (sic) de mi última escritura sucesiva en España”, escribió en una carta en 1943.

Esos versos que pertenecen a la obra del exilio apuntaban en muchas direcciones. Una de ellas fueron los Romances de Coral Gables. Otra, un poema que arranca con un desafío —“Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”— que comenzó en verso libre mayor titulado Espacio. Muchos especialistas lo consideran el testamento poético del Nobel andaluz. No así Joaquín Llansó, que reserva esa simbólica corona para Dios deseado y deseante. “A través de los manuscritos se puede demostrar que Espacio está escrito antes de 1945. A partir de los cincuenta comenzó a prosificar su obra entera. Cambió y corrigió cosas, pero todo estaba escrito antes de ese año”, sostiene.

La editorial Linteo ha publicado una edición especial de Espacio y Tiempo, donde Joaquín Llansó y Rocío Bejarano desmenuzan el contexto en el que surgieron ambas obras, la historia de su escritura y la controversia suscitada por las dos copias de Espacio. “Había divergencias sobre la fijación del texto, nosotros hemos establecido cuál es el texto definitivo”, comenta Llansó, que también destaca el carácter abierto de la edición. “Mostramos todos sus manuscritos para que los especialistas puedan tener sus propias conclusiones”. El volumen, de cuidadísima edición, incluye acuarelas y reproducciones facsimilares, que permiten seguir las correcciones manuales del autor de Diario de un poeta recién casado.

 

El lector de Monet
 
Ignacio Echeverría, artículo aparecido en EL CULTURAL de El Mundo el 26/10/2012
 

Puede que lo que me propongo decir suene insufriblemente elitista. Aun así, me arriesgo a volver sobre el tema (pues lo traté ya en otra ocasión), desde la confianza de que vale la pena al menos planteárselo. Para comenzar, me remito otra vez a la memorable entrevista a Kurt Vonnegut publicada por The Paris Review en 1976. Preguntado por la situación supuestamente deplorable a la que, a juicio del entrevistador, parecía estar abocándose la literatura estadounidense en aquellos años, Vonnegut responde tajantemente: “No escasean los buenos escritores. Lo que nos falta es una masa de lectores fiables”.

Me interesa, en boca de un escritor tan poco sospechoso de elitismo como Vonnegut, esta idea de que escasean los lectores “fiables”. Pues mucho se ha venido hablando en los últimos años, con acentos más o menos agoreros, de la muerte del lector; cuando, lejos de extinguirse, lo cierto es que los lectores no dejan de aumentar, y parece incuestionable que cada día se lee más. Cosa distinta es que se lea peor. Pero habría que hablar, en este caso, ya no de la muerte del lector, sino, más propiamente, de su decadencia. Habría que hablar -como sugiere Vonnegut- de la proliferación de lectores de baja calidad, responsables -tanto o más que los editores, y hasta que los propios escritores- de que se escriban tantos libros mediocres, y bastantes menos obras admirables de las que cabría esperar en un caudal tan abrumador de literatura como el que no cesa de generarse.Lo dice Paul Valéry en una anotación de sus cuadernos del año 1916: “No es nunca el autor el que hace un ‘obra maestra'. La obra maestra se debe a los lectores, a la calidad del lector. Lector riguroso, con sutileza, con lentitud, con tiempo e ingenuidad armada. Sólo él puede hacer obra maestra, exigir la particularidad, el cuidado, los efectos inagotables, el rigor, la elegancia, la duración, el impulso. Pero ese lector, cuya formación y cuyas fluctuaciones constituyen el verdadero objeto de la historia de la literatura, se está muriendo”.

Ya se hablaba entonces, vemos, de la muerte del lector. Pero no se trata aquí de la muerte de los lectores en general, sino de una determinada franja de los mismos: los lectores de calidad, capaces de enfrentar la obra con la actitud que Valéry describe tan bien (“con sutileza, con lentitud, con tiempo e ingenuidad armada”, qué bueno).

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

En la ventana
las gotas de lluvia fingen llanto
del prematuro rostro frío de este otoño.

Hay días
en la estación que baja
con las niebla primeras
hacia la fronda aún verde
del jardín tan íntimo,
velados días como tenues telas,
días tejidos en el hueco oscuro,
suspendidos del borde
                                                                                    de los días iguales,
                                                                                    como ayer, como siempre. 
                                                      
                                                                                                                       (Otoño,1994)


                                         José Ángel Valente " Fragmentos de un libro futuro" Galaxia Gutenberg"

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